viernes, 30 de diciembre de 2011

PESOS Y CONTRAPESOS

              Maravilla el observar cómo la inmensidad del cosmos se explica en clave de frágiles equilibrios, a base de fuerzas silenciosas que tiran de los cuerpos y los mantienen atados a sus órbitas por los siglos de los siglos. Aún más admira cómo todo ello, y en síntesis milagrosa, es explicable a base de unas pocas ecuaciones, una mínimas proporciones númericas que en su misteriosa humildad se bastan a sí mismas para dar sólida aclaración a tanto infinito por descubrir. Aún así, esas reglas cósmicas y universales, inmutables, no escapan a súbitos cambios o accidentes inesperados. Un asteroide que impacta sobre un planteta, la explosión de una nube cósmica, una supernova, un viento solar, la irrupción de un agujero negro que enguye una galaxia, son contigencias que hacen tambalear hasta destruir la uniformidad de la regla universal de equilibrio y movimiento. 
               Hace mucho tiempo ya que logré comprender que, como en la inmensidad del espacio, nuestra leve vida se halla tejida de sutiles equilibrios, a cuyas frágiles tensiones nos vemos sometidos de forma constante. Balances y contrabalances que, desprovistos de control por nuestra parte, son muchas veces removidos por extrañas reglas y otras circunstancias que se nos escapan y nos sumen en estados de inquietud y estrés. Unas veces son gente tóxica que se nos entromete en nuestro camino con sus reproches, exigencias y mal carácter, otras amistades frustradas, o pasiones y amores esquivos, otras el mal fario, o simplemente el destino que implacable nos castiga con reveses de espanto. Si lo piensas bien, nos pasamos la vida buscando lograr reconstruir adecuadamente esos equilibrios externos que nos proporcionarán la ansiada paz interna. Y en esas estamos y en esas seguiremos estando mientras transitemos por aquí.

             Haciendo honor al nombre de este blog he de confesar que este 2011 no ha sido ni mucho menos el mejor año en lo personal. Es más, cuento los minutos para verlo salir por donde ha venido. He visto marchar, lleno de impotencia, a seres queridos y amigos que ya no volverán, lo que durante no poco tiempo me ha sumido en cierto estado de despite y nostalgia del que voy saliendo airoso como buenamente puedo. No cabe venirse abajo; fiel a mi eterno credo en favor optimismo, estoy persuadido de que el día siguiente siempre será mejor que el anterior: lo que luego suceda, desde luego, es otra cosa. 

          Te propongo un sencillo ejercicio: visualicemos un año 2012 casi perfecto, a ser posible en todos los terrenos, a ver luego qué tal nos va. Nada se pierde afrontando las cosas ni que sea con una sonrisa fingida. Vamos a ver si haciendo trampas al solitario y metiendo peso en el platillo, logramos que la cruz de la balanza se incline a nuestro favor. Yo creo que sí. Querido amigo, te deseo de corazón un feliz 2012. Hasta pronto.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

PRESUNTO INOCENTE

      Ayer por la mañana concecté la radio en el coche -RAC1-, de camino al trabajo, y escuché a un tertuliano, doctorado en Harvard -poca broma-, afirmar lo siguiente: "la presunción de inocencia en España es poco más que un chiste". Palabras quizá algo gruesas, no digo que no, pero con las que estoy bastante de acuerdo, tengo que admitir. La presunción de inocencia (artículo 24 CE) es seguramente el derecho más invocado en los tribunales de este país, sobre todo penales, y objeto, sin duda, del mayor repertorio de jurisprudencia que se conozca, por encima de cualquier otro derecho. A estas alturas cualquiera puede recordar que dicho principio establece que todo ciudadano es inocente mientras que, a través de un proceso penal arbitrado con las debidas garantías, no se demuestre otra cosa. Solo y nada más que después de un juicio justo se le declarara culpable -o no- y en ese caso se le aplicará una sanción o una pena. Se trata pues de un derecho fundamental, igualmente incurso en la nómina de los principales derechos humanos (artículo 11 Declaración Universal de los Derechos Humanos).

        Pero es cierto que cada vez más a menudo dicho principio es absolutamente mancillado cuando a través de las notas de prensa o de cualquier otro medio de comunicación, se relata determinada situación judicial de una persona, de forma negativa y tendenciosa, y como modo de excusa más absolutoria para el narrador que para el afectado, se coloca el consabido"presuntamente". En este país, qué triste, sigue sonando con más fuerza el viejo adagio del "cuando el río suena..." que la mismísima y consggrada constitucionalmente presunción de inocencia. Son los prejuicios y los juicios paralelos, más ominosos y duros para el afectado, que incluso el propio proceso penal.

        Lo diré sin ambages ni paños calientes. Sencillamente, y dejando de lado el fondo de la cuestión -si toca, en su momento hablaré de ello-,  no me ha gustado en absoluto cómo la Casa Real se ha desquitado del ciudadano Iñaki Urdangarín -por mucho que ya sepa del asunto-, desterrándole de su entorno, no ya como medida precautoria, sino con la indisimulada acusación de "no mostrar una conducta ejemplar". Me parece una actitud completamente reprobable, primero, anticiparse al juicio penal (debemos recordar que al dìa de hoy, el Sr. Urdangarín todavía no ha sido ni tan siquiera imputado por ninguna conducta delictiva) con una acusación tan grave para la honorabilidad de una persona, y en segundo lugar, es igualmente censurable ese durísimo "escarnio público" al que se le somete, redoblando de forma inmisericorde una conducta que todavía está por descibirse. Si la Corona desea seguir ostentando la más alta magistratura del Estado por mucho tiempo, considero respetuosamente y con modestia que debería mostrarse todavía más escrupolosa con los derechos fundamentales de los ciudadanos. A lo mejor, quién sabe, debería pensar menos en sí misma y un poco más en aquello que representa.


martes, 29 de noviembre de 2011

DOS "DINKS"*

*Double Income No Kids

             Hace años decidieron mudarse a un lugar del extrarradio donde poder ver cómo las estaciones pasan.  Se trata de un piso amplio, con grandes ventanales que miran a una arboleda de chopos que tapan una leve riera. Sus vidas son harto cómodas, el trabajo les sobra, preparación profesional también. El tesón y la falta de responsabilidades ajenas les permite y les empuja a hacer prolongadas jornadas laborales hasta bien entrado el anochecer. No se esperan, el primero que llega cena cualquier cosa y enciende la tele. Todo en ese hogar es calma y equilibrio, si acaso una pizca de frío y demasiado orden. Porcelana de  Sevres  y de Stardfoshire. Whisky de malta. Llega ella, por fin. Mientras él sigue mirando la tele, ella se coloca un pijama de CK, de esta misma temporada, por supuesto. Cruzan apenas dos conversaciones detrás de su yogur de avena. El cansancio les hunde en un profundo sueño que colman sobre una almohada repleta de plumas de ganso.

           Su situación les permite dos grandes viajes al año, y una escapada de finde semana largo cada trimestre. Los otros tampoco los invierten mal: restaurantes con estrellas, veladas de ópera,... Las fotos de su salón son la envidia de los pocos amigos que por allí paran: esquiando en Aspen, siguiendo una carrera de trineos en Alaska, remando por un afluente del río Negro, una sesión de buceo en la Gran Barrera de Coral,... Ellos son felices, o así lo suponen, disponen de una vida ordenada.

            Las estaciones pasan y no quedan más peldaños que subir en lo profesional. La edad les cierra mayores oportunidades y otros más jóvenes que, con una misma vida ordenada, empujan desde abajo, a no  mucho tiempo pasar se plantarán en su despacho con una caja de cartón y sus enseres, invitándoles a salir por la puerta porque el de arriba así lo ha ordenado. O acaso sea la administración de la central la que, sin levantar el teléfono,  decida recortar el cuadro de mandos intermedios y deje sin final feliz y menos sentido una brillante trayectoria profesional. "Con las empresas no existen matrimonios de por vida", les dirá un resabiado abogado del centro.

              Mucho antes de todo eso, un fin de semana, acercándose la Navidad, paran por un centro comercial. Han abierto una tienda nueva de una cadena de prestigio, buscan un reloj suizo que a él le apetece lucir en la  cena de empresa y que sólo allí pueden vender. En una tienda de juguetes que están prestos a atravesar, una cola de padres sufridos se aprestan para conseguir los juguetes deseados. La multitud se cruza en su camino y profiere un comentario soez, a modo de desprecio intolerante, no entiende a qué tanto barullo para cuatro trastos que muy poco pueden durar, malditos mocosos. Da unos pasos y repara que ella no le sigue. Ella se ha quedado parada, mirando  muy atenta la cola de los juguetes. Transcurren ocho, quizá diez segundos, él la llama y por fin se gira. No está seguro, pero desde su posición él hubiera jurado ver una cara compungida. Qué va, sólo era un espejismo, se convence. Sigamos, cariño. Al entrar en la joyería de prestigio, él no se dará cuenta, y ella tampoco se lo dirá, pero la mujer de brillante trayectoria se girará por última vez para contemplar la bendita cola de los juguetes. No lo puede evitar, su cara le devuelve el gesto compungido.



viernes, 18 de noviembre de 2011

¡BUNGA, BUNGA!

No, seguro que lo sabéis. No se trata del sonido gutural emitido por un "pigmeo/ bosquimano" perdido entre los remotos y tupidos meandros del río Zambeze cuando el hambre azota inmisericorde su estómago vacío, ni de las palabras mágicas que invoca el chamán de los guerreros zulúes para atraer al Dios de las lluvias, ni del pavoroso grito de guerra que los bravos jugadores de rugby maoríes profieren para intimidar a sus adversarios poco antes de comenzar un encuentro de la máxima. Qué va, nada de eso. En efecto, es sólo el término lírico que usa "Il Cavaliere", Silvio B., para referirse a su afición preferida (y la de muchos más, para qué engañarnos) ni que sea en una rueda de prensa, junto a cualquier primer ministro, jeque o clérigo de alto nivel, qué mas da, y ante ochocientas cámaras que con sus respectivos mircros le grabaran. Como suele decirse, y afortunado él, le da lo mismo ocho que ochenta.

Pero todas las fiestas se acaban, todas sin excepción. Y aunque la suya podría batir cualquier record de resistencia, su fin venía marcado desde un inicio. Con la dimisión  del potentado de Mediaset se acaba -por el momento- una extravagante forma de hacer política basada en la huida hacia delante, la acomodación de los procesos legislativos a las necesidades personales y empresariales, y el desprecio absoluto del "príncipe" por las instituciones del estado. Y lo llamativo del asunto es que no se va porque ningún juez haya podido ni tan siquiera resquebrajar su bien cimentado muro de decretos "ad-hoc" que le protegían ante cualquier contigencia judicial, si no como bien ya se ha dejado claro en todas partes, porque desde fuera, y al margen de procesos representativos, su perfil dejaba de ser el idóneo ante los nuevos y complicados retos de la economía italiana. Y es que esta crisis, absolutamente sistémica, se lleva y se llevará por delante a todos  aquellos gobiernos, sean del color que sean, que se vean incapaces o rehúyan afrontar sus debilidades estructurales.

El " bueno" de Silvio era aceptado por los italianos de a pie porque ofrecía un apreciable perfil de "self-made man", de empresario existoso que si cogía el timón de la nave no parecía que fuera a llenarse los bolsillos del tesoro que había en las bodegas, porque de hecho, sus bolsillos ya venían repletos de doblones de oro. Era un tipo que podía imprimir pragmatismo a una desvencijada y lenta administración que no resolvía casi ningún tipo de problema social. La inquietante esclerosis de los partidos a su alrededor y la falta de propuestas creíbles, así como una sociedad  debilitada por su  eterna lucha contra el crimen organizado, le acabaron de allanar el camino en su ascenso. Sus fiestas memorables, la envidia de cualquier César ..., sus líos matrimoniales..., sus comentarios machistas..., sus salidas de tono a micro abierto..., sus trucos sucios para esquivar el juzgado..., todo se le perdonaba con la esperanza de que la nave transalpina nuevamente retomara velocidad de crucero y por fin un rumbo fijo. Pero ni así, el tipo divertido -que poca gracia hacía fuera de sus fronteras- se enmarañó en sus propias vísceras, en sus pecados inconfesables y, para su desgracia, sus balances no fueron mejores. Pero yo me pregunto, tras la salida del excéntrico y caprichoso gobernante y  con la entrada de un tipo gris nombrado a dedo desde fuera, ¿gana o no, la democracia italiana?

Por nuestra parte, por la cuenta que nos trae, espero que el domingo ganemos todos. O quizá eso sea mucho esperar...

lunes, 7 de noviembre de 2011

LOS DIAMANTES SON PARA SIEMPRE

Durante los largos días en que el premier griego se echó al monte con un amago de referéndum, en tanto que el tándem Merkozy rugía por su  desagradecida indisciplina, y en EUA arreciaban las protestas, se cumplía una glamourosa efemérides que no podía dejar de rememorar. Y aún a riesgo de pasar por un simple frívolo (que también a veces) en estos tiempos de cólera, me acordaré de los cincuenta años que hace diez días cumplió "Desayuno con diamantes"(Blake Edwards, 1961), y de esas cinco décadas que han pasado ya desde que el límpido y anguloso rostro de la Hepburn emergió victorioso sobre los templos dorados de Hollywood.

Y eso es mucho decir, porque en aquel entonces las colinas de Los Angeles estaban bien pobladas de diosas de belleza rotunda, arquetipos de mujer eternos de los que nadie osaba pensar que pudieran ser destronadas, y menos por una escuálida fémina con aspecto de felino dócil  y frágiles maneras. Excepto acaso Grace Kelly, que entonces ya  disfrutaba del sueño de toda niña, por supuesto, ser princesa de un pequeño reino de hadas, las Ava Gardner, Kim Novak (que se ofreció para protagonizar ese papel), Sophia Loren (que le arrebató el Oscar de aquel año) y Marilyn Monroe (que estuvo a punto de quedarse con el papel de Holy, por deseo de Truman Capote), la irrupción de Audrey a  través de ese papel mágico supuso una elección arriesgada por parte del director, pero a la postre victoriosa e histórica.

Con ella , con Holy y con Audrey, se acabó la dictadura de la mujer del rompe y rasga,  de la loba capitolina, y la tendencia se volcó en un nuevo tipo de chica que, marcando tendencias para siempre, quería ser bella por sí misma y no para gustar al macho-man. Tenía sus propios gustos, era rebelde sin estridencias, cercana pero lejana, coqueta, autónoma, moderna, hedonista y liberada (no tanto como en la novela de T. Capote, en donde Holy era abiertamente bisexual). Holy supo ostentar, por fin, el cetro de su propio universo.

Los vestidos ajustados dieron paso al mundo del oropel que la alta costura traía de la mano del inmortal Givenchy. Entrábamos en el mundo del lujo y de las marcas, en la necesidad de distinguirse por el brillo de lo exclusivo (que luego no lo es tanto), en la era del consumo placentero. Sin embargo, Holy tampoco dejó pasar la oportunidad de mostrarse magnífica en la sencillez, en sus modelos rectos y leves de estar por casa, de colores básicos, casi siempre  en tonos pastel, matices difusos mirando de no tapar la frescura de su sonrisa.

Y no me las daré ahora de ser el primer admirador de Audrey ni mucho menos. Es más, personalmente quizá me inclinaría más por la diosa Ava G., por su belleza dramática, por su mirada de pantera, pero no puedo dejar de admitir que el icono de Holy, aparte de un mito del cine significó también toda una revolución cultural.

lunes, 24 de octubre de 2011

Y LLEGÓ LA PAZ...

Un joven veinteañero de complexión más bien delgada y cara de niño conduce un Opel Corsa blanco por la Avenida Meridiana de Barcelona, una lejana tarde del 87. Pasa por la entrada de esa larga travesía sobre las tres de la tarde en medio de un tráfico denso. Se dirige a un examen en la facultad de derecho. No las tiene todas consigo. Ha trabajado duro el último par de meses, el esfuerzo ha sido intenso pero la materia es de un  tal voluminoso que sigue asustando, aún hoy, más de dos décadas después. Es viernes tarde, mucho tráfico se cruza en sentido contrario para salir de fin de semana de la ciudad, y él no puede evitar un acceso de  envidia viendo los coches huir nerviosos desde el centro, buscando el descanso lejos del ruido. No obstante,  piensa, no está todo perdido. Mañana cumplirá veintidós y respirará por una noche - de fiesta- de tanta tensión. Para evitar que le atosiguen los nervios en exceso, en tanto empieza a encarar el vehículo hacia  la Diagonal, piensa en el montón de cosas y de gente con la que podrá celebrarlo durante la larga noche del sábado 20 de junio.

Al salir de casa el Corsa blanco pasa por delante del establecimiento de A.C.U., un honesto comerciante de mediana edad en un barrio de las afueras de Barcelona, que esa tarde ha decidido abrir  su negocio un poco antes de lo habitual. Normalmente su esposa le acompaña en las tareas de la tienda, pero esa tarde, ahora no recuerdo por qué, ella decide ir con sus dos niñas a comprar a unos grandes almacenes, Hipercor. Pero  ese viernes no será un día cualquiera. Mientras las ve salir de la tienda A.C. no sabe que la desgracia se ha instalado en su vida para los restos, no sabe que cuando las ve irse juntas, será la última vez que las contemple con vida. Sobre las 16 horas y diez minutos, 30 kilos de amonal, 100 litros de gasolina y una cantidad indeterminada de pegamento adhesivo y escamas de jabón hasta un total de 200 kilos, estallaron al accionarse el temporizador que iba adosado a los explosivos, ocultos en el maletero de un Ford Sierra. La deflagración fue brutal, agujereó tres plantas del edificio comercial desde el parking, y entre la explosión y el fuego se llevaron la vida de 21 personas e hirieron de grave consideración a otras 45.

Huelga decir que para A.C.U. su vida dejó de ser vida y pasó a ser un infinito tormento de dolor. Ya jamás se recuperó. Años después, mientras A.C. intentaba a duras penas rehacer su pobre existencia, el joven del Corsa blanco, ya con su título bajo el brazo, trabó con él una buena amistad y una fecunda relación comercial. Tras años de lucha  en los tribunales, ya depuradas responsabilidades directas y subsidiarias por el atentado, A.C.U. no pudo más y se largó. Se fue sin dejar señas, y lo hizo para consumir lo que resta de vida cerca de cualquier playa, seguramente en algún bello rincón en el que poder mirar con calma el amanecer, mientras su caña de pescar reposa erguida sobre un mar sereno. Con la mirada perdida en el horizonte, ya no se pregunta nada, simplemente espera.


Los que mataban dicen que lo dejan definitivamente, que dejan de matar. Y yo celebro de veras el retorno de la paz, la razón y la concordia, cómo no. Pero no puedo quitarme de la cabeza esa pregunta que, mirándome a los ojos, me formuló A.C. en una lejana sobremesa con los ojos llorosos y los puños cerrados: "y toda esta mierda, ¿para qué?".

 Un humilde y sentido recuerdo para todas las víctimas de la violencia.

martes, 18 de octubre de 2011

GAIA


La hipótesis de "Gaia"  (J. Lovelock, 1969) establece un modelo cientiífico sobre la biosfera por el que todo aquello que sugiere vida sobre la capa de la Tierra actúa como un conjunto coordinado, de forma autónoma, capaz de autorregularse para que las condiciones adecuadas para la vida se sigan dando sin interrupción. En otras palabras, nuestro planeta azul dispondría de un sistema propio para facilitar las condiciones óptimas con las que la vida se perpetúe  Sería algo así como afirmar que la Tierra se conduce como un ser vivo que, reconociendo sus necesidades, actúa de la manera más conveniente para solventarlas por sí misma. Sobre esa bella hipótesis se podría seguir profundizando que, como un ser vivo, la biosfera puede padecer disfunciones y dolencias a causa de agentes externos que la agreden de forma sistemática, y enseguida  pensaríamos todos en la acción del hombre por la sobreexplotación de los recursos  naturales y la contaminación de los mismos.

Yo iría incluso un poco más allá, y me acordaría del subsuelo terrestre en permanente cambio, por prolongado y lento que se nos manifieste a lo largo del tiempo. Seguro que geólogos y geofísicos me darán la razón. Entonces, ya no sólo sería la capa de la biosfera, si no la Tierra entera como un  planeta que respira y padece, cuyo cambio constante en su seno obedece a la lógica de un ser vivo realmente complejo.  En este contexto de reflexión estaríamos ante un momento para felicitarnos, porque durante estos últimos días - lo que es apenas una mota de polvo en el incesante viento de los milenios-, la madre Tierra crea sobre el mar una porción de superficie que algún día albergará vida terrestre allí donde no la había. Y pensemos, que el nacimiento de una nueva isla, no es algo a lo que un breve ser humano pueda decir que esté acostumbrado.

Así ha sucedido estos días frente a la costa de la isla de El Hierro: las entrañas de la Tierra se han abierto para alumbrar un nuevo y pequeño islote, según han asegurado los científicos del CSIC. Los habitantes de la isla han venido mirando estos días hacia el cercano horizonte un tanto compungidos, esperando que ese parto de magma no terminara en una dolorosa catástrofe. Y de momento, todo parece indicar que, afortunadamente, se trata de un nacimiento sereno. Con sus pequeños problemas, pero tranquilo después de todo. Es verdad que eso no ha evitado ciertos momentos de agobio a la estoica población de la isla afortunada -que sí pueden decir con orgullo estar viviendo sobre la boca de un volcán-, y más concretamente al vecindario de La Restinga. Se han sucedido escenas de trasiego urgente,  pequeños temblores de tierra, con sus simulacros y protocolos de seguridad, pero tras el feliz parto todos van regresando a su casa algo más aliviados y un punto espectantes ante el aspecto que tendrá la nueva criatura. Enhorabuena a la madre Tierra, nuestra casa, la que todo lo creó.

lunes, 10 de octubre de 2011

FREAKS ("frikis")

Hay días que parece que pasan más cosas que otros, no sé por qué, o  quizá me da la sensación a mí. El miércóles pasado, por ejemplo, la Duquesa octogenaria se casó con un señor que no conozco, y acto seguido se marcó un anteproyecto de zapateado que ha sido comentado hasta en los últimos confines de la galaxia. Ese mismo día, Tito Vilanova fue sancionado por un "juez" deportivo por agredir al pobrecito Mou, metiendo su violento ojo en el dedo inocente del entrenador merengue, la quinta esencia de la deportividad y el buen rollito. Mientras, en Nueva York, la lucha de los jóvenes indignados crece por momentos y comienzan a pedir responsabilidades a los tiburones de Wall Street. En España un ministro se querella porque le acusan de haber sucumbido al olor del dinero. Y en efecto, entre tanta mediocridad como nos abruma, tienes razón, se apagó la luz solar de un verdadero astro, Steve Jobs.

Entre la miríada de efectos de la era de la globalización se encuentra, ya lo creo, el hecho de que  los ciudadanos de este bendito planeta podamos compartir mitos y referencias por muy lejanos que se encuentren de nuestro mapa. Al acercarse o desaparecer fronteras geográficas, los ídolos e ideales multiplican sus efectos y su capacidad de convocatoria. Steve Jobs era uno de esos iconos - que aun siendo americano lo sentimos como propio- que nuestra época  ofrecerá orgullosa a los tiempos venideros como un hito casi inalcanzable. Durante estos días se han glosado sus logros de forma profusa -combinar tecnología y estética, socializar los progresos informáticos, predicar la creatividad y  la empatía en la gran empresa...-, por lo que os considero ya a estas alturas bien ilustrados sobre el particular.

Personalmente prefiero detenerme en el perfil de ese joven de los locos y maravillosos setenta que frecuentaba poco las fiestas del campus universitario, que tenía poco tiempo para las chicas y bastante menos para el deporte. Se juntaba con lo más rarito de la clase, "freakes" les llamaban por pasar sus fines de semana en la penumbra de su garaje montando aparatos extraños de dudosa utilidad, en vez dejarse anonadar por  el dulce aroma de la marihuana y el áspero sonido del rock. Eran tan pusilánimes y obsesivos, que hasta a sus profesores lograban aburrír a base de preguntas retorcidas y teorías imposibles, unos infelices que no sabían disfrutar de la vida y que sólo se movían por el amor a cables, enchufes y demás trastos por el estilo. Pero todo eso a ellos les daba igual,  porque tenían una idea, y más que una idea, todo un plan, un señor proyecto que revolucionaría el mundo de las comunicaciones. No más contarlo a un puñado de amigos y familiares provocaron enormes sonrisas de compasión. Pero no se dejaron llevar por el desánimo ni las dificultades.  Prosiguieron con sus noches en vela por ver nacer el proyecto,  en la empresa casi se dejaron su juventud, su esfuerzo hasta el último aliento hasta que cierto día patentaron su idea, consiguieron venderla y su empresa creció más allá de aquel sórdido garaje, logrando por fin crear todo un imperio.


Decía el filósofo franco-argelino B. Henry-Levy, refiriéndose a su país  -y por aquí se lo he leído también a F.M. Álvaro- que era difícil que sugiera un país próspero cuando más de la mitad de su juventud sólo piensa en acceder a un puesto de funcionario. Sin perjuicio de tan necesaria función -pública-, debe reconocerse que son tipos como Jobs, esforzados, con sentido del riesgo y ambiciosos los que a partir de ideas concretas generan riqueza, trabajo y prestigio para un país. En estos tiempos de oscuridad, en los que tan necesitados estamos de luminarias y emprendedores, que no de trincones ni especuladores, reclamo la figura de tipos como Jobs que son los que siempre estarán dispuestos a tirar del carro.











lunes, 3 de octubre de 2011

TIBURON (remake)

Vaya, vaya. Ahora resulta, mira tú por dónde, que el majete de Alessio Rastani (citado ya en más de 460.000 páginas de itn), el "trader" de la City que hace unos días en una entrevista de la BBC profetizaba la muerte del Euro, la desaparición de nuestros ahorros -del que los tenga, quiero decir- y afirmó sin tapujos desear la mayor de las crisis para enriquecerse en un periquete era un vulgar impostor. Claro. Menos mal. Dormiré más tranquilo, dónde va a parar. Resulta también, según dicen, que no tenía licencia para operar en la plaza londinense. Por supuesto, no diré que no. Pero qué extraño me sigue pareciendo, que a una cadena estatal de la prestigiosa trayectoria de la BBC, le cuele semejante gol por la escuadra un bocazas del tres al cuarto. Maldito espíritu crítico que alguien me inoculó  hace no sé cuántos años ya, que sigo viendo fantasmas en este asunto por todas partes...

Desde luego que si  realmente Rastani alguna vez llegó a disponer de esa licencia de broker, a estas alturas, aparte de propinarle una docena de buenas collejas, ya se la habrán quitado para no retornársela jamás. Pero el verdadero problema  no es que Rastani fuera o no lo que dijo que era,  pobre infeliz, el drama de veras  reside en que en Londres y Nueva York, principalmente, hay decenas y decenas de tipos que piensan como él y anhelan un escenario como el que describió tan crudamente, que sí disponen de esa licencia para operar y lo hacen cada día con la misma voracidad predadora .

Es difícil hoy en día que la información pase desapercibida, y cada vez resulta más difícil manipular la realidad. Desde hace tiempo se sabe ya con datos en la mano que tras la crisis financiera que comenzó en Wall Street, donde los tipos como Rastani son muy valorados, a finales de 2007, se esconde una durísima batalla para liquidar al Euro como moneda de referencia, y de paso, mantener a sus economías en  una situación de debilidad con la que tipos como ese, y a nombre de sus entidades, puedan forrarse principalmente en operaciones a muy corto plazo.

Cuentan determinados analistas políticos,  y yo me inclino a creérlos, que uno de los varios factores reales que provocó el inicio de la II Guerra de Irak  fue que el Sr. Sadam Hussein  comenzó a exigir a sus compradores de petróleo el pago de los barriles en euros y no en dólares, ejemplo lesivo para los intereses anglosajones. En el 2002, Corea del Norte cambió de moneda oficial para sus transacciones internacionales del dólar al euro, y Rusia y China desde entonces, han ido  cambiando al alza gran parte de su reserva de divisas  de dólares a euros. La cosa , pues, no va en broma, porque ahora nuestra moneda conjunta es utilizada a diario por más de 350 millones de personas y otras 200 utilizan sus monedas asociadas. Desde julio del 2002 el euro supera la paridad con el dólar  y desde entonces su solidez -tan entredicho en sus primeros días- no ha palidecido ni por un momento. El número de intercambios comerciales a gran escala en esta divisa no para de incrementarse y el control del dinero en circulación en el mundo ha dejado de ser cosa de uno sólo. El antiguo prestigio del dólar y la libra esterlina, ahora lo tiene el euro,  y eso escuece y mucho. Nacionalismo rampante, especulación carnivora pura y dura, economía ficticia y victoria geoestratégica, objetivos que parecen ser compartidos por el el dúo anglosajón  para seguir permaneciendo en situación de control financiero mundial, que a la postre es control político, hoy día más eficaz y desde luego más inocuo que el militar.


En este orden de cosas tan sonrojante, ver como el otrora admirado Sr. Obama ("Yes, "I" can") regañaba la semana pasada tan arrogantemente a sus "socios" europeos , según él, por ser incapaces de controlar la crisis financiera resulta bochornoso. Entre las muchas decepciones que acumula ya el líder americano en tan corto espacio de mandato está la de su nula capacidad de controlar los mercados financieros, en su incomparecencia a la hora de regular los trapicheos de Wall Street que siguen menudeando tan inpune y negativamente para la economía mundial y su falta de comparecencia y liderazgo en la pacificación de los problemas políticos que rodean a los asuntos económicos. Para el que me diga que si tiene elecciones a la vuelta de la esquina, yo le contesto que eso a mí me da igual. A lo mejor, quién sabe, dando un paso al frente en favor de la estabilidad política y económica se encuentra que gana más votos que escurriendo el bulto  y tirando balones fuera. Qué pena, Obama empezó siendo diferente , "el diferente", y  acaba siendo más de lo mismo...¿Por qué no escucha a los indignados de Brooklyn en vez a los tiburones del Dow Jones? Los jóvenes detenidos son también americanos, comprometidos con su bandera y seguramente ex-votantes de su candidatura, no se olvide de eso señor Obama.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LUGARES COMUNES (I) y DIVORCIO.

Cualquiera de mis distinguidos compañeros  de profesión que acaso tú conozcas  en tu círculo social  lo corroborarán sin peros. No es extraño que cuando te vas de cena con amigos y/o conocidos, alguien se entera de tu trabajo y se acerque a tí con cara reflexiva, ceño fruncido y mirada escrutadora, para preguntarte al segundo siguiente y disparando a quemarropa: ¿cómo podéis defender a una persona sabiendo que es culpable?, y añaden luego para rematar: "¡yo jamás podría!". Con la edad, y respetando siempre el interés que demuestran por tu persona -para bien o para mal-, acabas contestando con un pequeño resoplo que básicamente eso a tí te da igual, que todos tus clientes te dicen que son inocentes, que tú no estabas allí cuando todo pasó y que no estás para juzgar; o  mejor le dices que encarnas la salvaguarda que el sistema  legal coloca como garantía de un proceso justo para todos, y depende del día y de tus hormonas, incluso saltas con un inoportuno y seco "me perdonarás, pero yo no vine aquí para arreglar los problemas de la democracia, soy mucho más modesto que todo eso". Sin embargo, lo normal es que mi respuesta, premeditada ya como la de una operadora automática -una vez pulsas la tecla dos-, sea muy cortés, un punto pedagógica y algo vanidosa, para que nos vamos a engañar, y acabe decantándose por la leve perorrata jurídica que ni  siquiera a tí te apetece escuchar... Gajes del oficio.

Pero existe otra pregunta que esta sí, muy rara vez, me perturba cuando se me formula de higos a peras: ¿cómo has podido casarte y tener hijos viendo la de divorcios que tramitas? Podía acabar ràpidamente con la cuestión respondiendo algo así tan melifluo y sincero como "porque quiero a mi chica". Pero aunque esto sea del todo cierto, eso ya no se lleva, y menos en una sociedad  como ésta, de asfalto, acero y hormigón, por lo que tras balbucear con torpeza unos instantes, tomo aire y suelto mirando a los ojos: "pues porque ni todas las personas somos iguales, ni a todas nos aguarda el mismo destino". Como podréis comprobar sin dificultad  esta respuesta es más eficaz, menos comprometida sentimentalmente, hiere menos -o eso creo yo- y deja en medio un segundo de honda reflexión que enseguida te permite cambiar de tercio y volver a la conversación primera. Los hay que, inasequibles al desaliento, no se dejan sorprender con facilidad y siguen con el tema: ¿Verdad que con la crisis hay menos divorcios? Pues mira, esta cuestión -ya nada personal- me gusta más, así que, sí, aquí sí que me pararé un minuto.

La semana pasada el INE sacó a la luz una de sus más demoledoras encuestas anuales, que por cierto ratificó mi teoría personal al respecto. Yo nunca ví, como se aseguraba comúnmente, que los divorcios disminuyeran  con la crisis, al contrario, personalmente notaba un ligero incremento ("cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana..." El Último de la Fila) que me parecía en total sintonía con los tiempos que vivimos. Más de 110.000 parejas pusieron fin a su relación en nuestro país, un 4% y pico más que el año anterior. Es significativo, aunque ya no sorprenda el dato, que la gran  mayoría de las rupturas se den entre los 40 y los 49 años, y después de unos 15 años de relación. Cada vez parece más claro que la norma, como hasta hace unos años sí era, no es la fidelidad eterna, si no la caducidad a la vista de la quincena. O sea, la monogamia sucesiva. Según leo en el artículo de referencia (ADN, 20/09/2011), la psicóloga de pareja M. Arasanz afirma que "el aburrimiento a todos los niveles -social, sexual,...-, el cambio de expectativas a esas edades y la enorme exigencia sobre las cualidades de la pareja -buen amante, buen sueldo y buen padre o madre-" acaban destruyendo la unidad familiar. La crisis y los problemas en el trabajo acaban haciendo el resto.


En fin, no soy un experto en estos temas más sensibles, y creo haberlo expresado ya en este mismo blog en alguna ocasión, pero creo que los tiempos modernos no invitan precisamente a que cuidemos mucho ningún tipo de relación personal: ni la de pareja -matrimonios o no- ni la de amistad, ni la familiar casi, y no digamos ya la de vecindario. A lo mejor ésta es también una revolución pendiente: la de buscarnos de nuevo y volver a mirarnos todos con franqueza, serenamente, y con sentido del humor. 

¡Y por Dios, que le den ya a la crisis!


Dedicado a mi distinguida "compi" Chelo Sierra. Merci. Besitos.

martes, 20 de septiembre de 2011

YO COTILLEO, TU COTILLEAS...

Una persona por la que siento gran estima, y cuya identidad no desvelaré por ser alguien muy celoso de su privacidad, me dijo hace unos días que lo de las redes sociales es todo un gran "cotilleo". Es cierto, contesté, pero se trata de un cotilleo que tú permites cuando muestras tus asuntos y pensamientos en el foro. Y es que, para qué negarlo, todos bien sabemos que lo de comunicar por la red, incluso la posibilidad de que alguien te siga tras la pantalla dispone de una dosis de morbo de la que poca gente quiere, ni siquiera puede, abstraerse. Eso de que nuestra pantalla se convierta en un cómodo y luminoso balcón por el que mirar la vida ajena y exhibir la nuestra ha supuesto un enorme atractivo para que las tecnologías de la comunicación acaben arrasando con nuestro convencional estilo de de vida. Saber de los demás y que ellos sepan de tí,  en efecto, se trata de que nuestros gadgets de comunicación velen porque nosotros no estemos fuera de este mundo. Es como si de repente, por causa de un inopinado seísmo generacional, todos tuviéramos la imperiosa necesidad de hallarnos conectados y de que a ser posible, nuestras imágenes nos prolonguen en el tiempo. Es ya tal nuestra exigencia de pegar nuestra vida al disco duro o al chip del teléfono, que ya apenas existen secretos que allí no guardemos... Así es, al igual que otras tantas surgieron por mor de la diosa Venus Informática, se cuentan por millares las parejas que se deshicieron por depositar su intimidad tras una pantalla...Y luego pasa lo que pasa. Si no, que se lo digan a Christopher Lee, congresista republicano por NYC, que dimitió no hace mucho de su escaño tras aparecer sus fotos con el torso desnudo, buscando pareja según parece, por internet.

No, hoy no podía evitar meter la cuchara en la noticia más seguida en la red los últimos días -la semana pasada ya- y el cotilleo por antonomasia más sabroso que ha dado el mundo de las telecomunicaciones en mucho tiempo, además con imágenes incluidas. El caso es que, sabréis ya, la inefable Scarlett Johansson  -señorita que jamás tendré el infortunio, y digo bien, de conocer personalmente- ha sido pirateada en su móvil por astutos y desaprensivos "hackers" que han captado sus imágenes de diosa despistada, desnuda en su propio hogar. Scarlett se gusta, cómo no, a sus veintiseis. Se mira y se gusta mucho, se mira a través del espejo de arriba abajo y acaso contemple, trate de inmortalizar ese cuerpo que algún día dejará de despedir brillos nacarados. Sonríe mientras se hace las fotos, y mira a la cámara segura de que el objetivo la idolatra y, quién sabe, serán imágenes que seguramente compartirá con alguien que sólo la conozca por su nombre de pila, Scarlett. Así lo delata su mirada. 

Scarlett -desde su bautizo estaba escrito que se dedicaría al cine- no reaccionó mal, admitió su autoría de las fotos sin dejarse llevar por la indignación. Quizá fuera un descuido cuyo resultado luego le ha apetecido aceptar, o puede que lo de la desnudez le traiga al pairo, como debiera ocurrir siempre. Yo confieso que he tenido la tentación de reproducir esas fotos en este blog, hubieran quedado divinas, como ella, pero al final lo he rehusado por llegar a la triste conclusión que no estaban tomadas para ser vistas por un servidor, así que mejor cuelgo una de pose que seguro que esta sí la aprobaría. En cualquier caso, ojo al dato, queda claro que ya no queda espacio personal cibernético que no pueda ser violado. ¿Y eso realmente importa?, me pregunto yo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

PERFECTOS O NO

Mucho antes de que George fuera perdonado de desaparecer a cambio de cuatro pastillas de café -quién se lo hubiera dicho a Moisés hace unos tres mil quinientos años, ni siquiera ya Dios es lo que era-, mucho antes de que a su paso dejara embobadas y desoladas a millones de féminas, hubo otro galán que durante más de cuatro décadas hizo carne el mito del príncipe azul, dejó una imborrable estela de elegancia y agudeza y dignificó el Olimpo de Hollywood como pocos actores lo hicieron jamás.  Era el bueno y controvertido Archibald Alexander Leach, más conocido como Cary Grant, cuya biografía firmada por Marc Eliot recomiendo vivamente como demostración de que muchas vidas reales fueron más atrevidas e intensas que todas las novelas que nadie imaginarse pueda.

A través de Eliot pude documentarme definitivamente sobre mi actor de cabecera, recorrer  junto a Cary los años dorados de la Meca del cine, y reconocer en él a una personalidad convulsa, una inseguridad permanente que no casaba en absoluto con el personaje sólido, sereno y bello de Roger Thornhill, que ni siquiera descomponía su proverbial flema cuando era secuestrado en el hall del hotel Plaza de Nueva York, al ser confundido con el agente doble George Kaplan. La vida del ejecutivo R. Thornhill -"Con la muerte en los talones" (North by Northwest), Hitchcock, 1959- no deja de superar riesgos de toda clase durante toda la trama sin que él pierda una ápice de galanura y sentido del humor. Confieso que en el 2008, estando en Nueva York unos días de descanso -si es que esto es posible en Manhattan- me alojé en el Helmsley Park Lane, que mira al Central Park y a pocos pasos de la Quinta Avenida y el Hotel Plaza. Es evidente, me faltó tiempo para acercarme al Plaza, y me dio un vuelco el corazón al comprobar que estaba cerrado por reformas. Aún así me las entendí con el portero para que me dejara adentrarme unos pasos en el vestíbulo y recorrer los mismos que dio el viejo Cary cinco décadas atrás.

Admito que siempre me han atraído enormemente aquellas personas y personajes que supieron vivir su vida apartados de los convecionalismos, y que supieron reconocer todo lo mágico que guarda nuestro tiempo de vida. Cary desde luego supo vivir de una forma intensa cada minuto de su vida, pero todavía más que eso, me atrajo su desasosiego vital y su lucha eterna por tratar de estar a la altura del egregio personaje que creó, quizá y en mi opinión el mejor actor de todos los tiempos. Me conmovió de veras saber que sus lecturas preferidas fueran todos libros de autoayuda, ya muy de moda en América de los cuarenta. Por mi parte siempre he desconfiado de ese tipo de libros, sobre todo por la vaguedad académica y biográfica de sus mayores representantes. Pero las cosas están así. No hace mucho  me llegó a sorprender en una entrevista de contraportada en un diario, un señor que se decía experto en "coaching", autor de un tratado de saber vivir de forma equilibrada y reconocer luego tan campante que se había casado cinco veces nada menos.

Pero es evidente que ese tipo de lecturas cumplen una función, sirven y mucho a personalidades en crisis o simplemente a personas que necesitan explicaciones más allá de respuestas generales y no creen necesario sacar a pasear su ego distraído ante un señor desconocido que se titula psicólogo, y muchas veces , es cierto, incluso se trata de obras correctas por muy oportunistas que sean muchos de sus autores. La confusión es casi un estado natural del ser humano y a veces no va mal una guía que nos indique un rumbo determinado. A fin de cuentas, todo acaba en una mera cuestión de fe, y saber que a la postre toda respuesta y solución parte siempre de uno mismo. Cary, por su lado, era así de confuso; llegó a decir en una ocasión algo a así como que  ya no sabía si era Archibald  Leach o Cary Grant , y que por eso ya dudaba de los dos. No estoy seguro de que se fuera de este mundo sabiendo ésto, pero lo cierto es que a mi juicio Archibald superaba  en casi todo a Cary, precisamente por éso,  porque era un ser confuso e imperfecto. Me hubiera gustado decírselo en persona.

Mi recuerdo cariñoso a la gente de Nueva York.

viernes, 22 de julio de 2011

CERRADO POR VACACIONES

            Al fin llegó el momento. Ha sido, como todos, un curso largo e intenso. A decir verdad, quizá hallamos llegado a estas fechas algo más agotados que de costumbre. El aluvión de malas noticias por doquier, negocios cerrados, avisos de regulación, subidas de precios, recortes y más recortes y la tensión que genera tanta y tan extendida incertidumbre provoca incrementada una sensación de mayor ansiedad. Pero todo pasa, y esta  extensa y negra nube también pasará. Estoy convencido, no me cabe la menor duda.

            Me voy de vacaciones, cierro esta paradita hasta septiembre. Agradezco sinceramente a todos a aquellos que hayáis transitado por estas líneas vuestra generosa atención y me retiro dejando algunos buenos deseos para el curso que viene. Total, soñar es gratis. Primero, salud y trabajo para todos. Segundo, difícil lo veo, políticos más responsables que dejen de mirar el cuero de su asiento, gestionen nuestros recursos con prudencia y por fin logren pensar en el bienestar colectivo. Pido también sabiduría a los votantes que después del verano serán convocados a las urnas en elecciones generales, que sabemos que está ahora duro encontrar una opción política que no sea radical, ni demagógica, ni seguidista con los poderosos, ni libre de corrupción, ni opaca u oportunista. Espero que, entretanto, este verano no hayan muchos incendios. 



            Me gustaría para el curso que viene una sociedad más tolerante con los distintos de cualquier categoría, raza, sexo, orientación sexual, partido político, lengua materna, matrícula de coche, equipo de fútbol, religión, colegio, comunidad autónoma, grupo musical, bar, barrio o escalera, una sociedad que asumiera su hermosa diversidad y que de ésta supiera extraer lo mejor y más florido. Una sociedad que fuera igualmente más cívica,  no tan competitiva, que pensara más en niños y mayores, que en el metro dejara salir antes de entrar, que no infectara todas las calles con chicles, papeles u orín de perro, que las bicis no atacaran a los peatones, ni los coches a las bicis y a los transeúntes. Me gustaría, no es tan difícil, que se respetara más el mobiliario urbano, que se proyectaran más zonas verdes, que se protegieran más a ríos y playas. Espero una sociedad que algún día proteja más el sentido del humor y los humoristas, el arte y la cultura, una sociedad que promueva el contacto,  la sonrisa, el diálogo, una sociedad espiritual y sexualmente saludable. Bueno, ya sé que para el próximo curso es todo junto una quimera, demasiada faena tal vez, pero creo que alguna cosita podríamos ir avanzando ya. Tú eliges.

          Nos vemos en septiembre. Besos.

jueves, 14 de julio de 2011

MEDIOS DE (des)INFORMACION

El asunto de News of the World -escuchas teléfonicas ilegales a víctimas de atentados, entre otras lindezas-  lleva camino de tomar dimensiones planetarias, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que su magnate aspiraba, si no lo había conseguido ya, colocar su negocio como la referencia mundial en el mercado de la información. El Parlamento británico "parece" haber reaccionado a tiempo para frenar una escalada de suciedad informativa jamás vista con anterioridad, vetando la compra de un canal televisivo que acabaría de darle el liderazgo en las Islas al conspicuo R. Murdoch. Y digo sólo "parece", porque da la sensación de que la reacción de la clase política inglesa ha sido inmediata, y esto no es del todo cierto. El muchacho, a través de sus acólitos, llevaba actuando con impunidad desde hace años, y según parece, hasta hace tan sólo una semana no pocos políticos suspiraban por hacerse un sitio preferencial en la mesa de sus invitados. Aporrear sin miramientos a determinados personajes públicos a través de titulares malsonantes, destapar escándalos sexuales de dudoso interés general, con datos ciertos o no, se había convertido en moneda corriente en la prensa anglosajona, y especialmente en la británica en las últimas décadas.

El tratamiento de la información, lo sabemos todos, es todo un caballo de batalla en esta era del conocimiento. Manipular datos sin pudor alguno, obtener información a través de medios poco éticos, tergivesar noticias tendenciosamente para favorecer determinados intereses políticos o económicos son prácticas reprobables que se han convertido ya en un triste hábito, incluso en nuestro país. Como siempre, hagamos las salvedades y excepciones que sean precisas, pero estoy convencido de que cualquier lector de a pie, medio informado, es capaz de señalar sin dificultad aquellos diarios de prensa y aquellos canales de radio y televisión que por lo que más sobresalen es por ofrecer información poco veraz y tendenciosa. Lo peor de esta epidemia informativa es que se ha terminando extendiendo con rapidez e infectando a grandes sectores de la población, que no tienen reparos en creer a pies juntillas la información de determinado medio, por inverosímil que se presente. Es más, en el colmo del paroxismo, sin el menor asomo de contrición o espíritu crítico,  la legión de seguidores rechazarán con vehemencia a todo aquel que se atreva a descreer de esa información. Se trata, por eso, de una información con marchamo ideológico, por lo que no da oportunidad de quedarte con una parte de esos datos, o  te lo comes todo, o eres sospechoso de pertenecer al bando contrario y fichado para los restos. Se trata, más que de recibir información, de comulgar con todo un acto de fe.

La otra gran variante de la información mediática manipulada, tan preocupante como las demás, consiste en aquella que es artificiosamente exagerada para dar la impresión de que nos hallamos ante un cataclismo inabarcable que acabará con la especie humana, de tal manera que el resto de noticias, por principales que sean, carecen de la menor importancia. Una nevada algo copiosa a principios de enero, un termómetro que se atreve a rebasar los treinta en pleno julio, una borrasca en el mar Cantábrico son hechos presentados como pruebas  inequívocas de la llegada del juicio final. Las declaraciones de una limpiadora con los pechos operados y los labios rebosantes sobre el menú de su hija, un torero que cambia de novia morena a novia más morena, un  marido gay despechado con las infidelidades de su pareja, un penalti fallado a mitad de liga son temas de sesudas mesas de debate que dan ganas de vomitar, pero que ocupan horas y horas de televisión y desvían con eficacia nuestro foco de atención sobre los asuntos que nos interesan realmente.


Me diréis que de vez en cuando no va nada mal un poco de frivolidad. Que no se puede ser trascedente  y comprometido las veinticinco horas del día, y que ya basta con los veinte minutos del telenoticias para  pensar en todo eso. Y yo os digo que es verdad..., pero aún mejor, probad de pasar una semana sin periódicos ni televisión y veréis como mejora vuestra salud y como disminuye la ansiedad. Por cierto, ¿qué hay del pollo de Andreíta?

jueves, 7 de julio de 2011

NO SE ATREVERAN

Me perdonaréis si en este rincón hablo a menudo de mí. Normalmente, habréis comprobado ya, se trata tan sólo de un punto de partida con el que dirigirme a otra reflexión, algo así como un paso intermedio para luego seguir mirando hacia fuera más que hacia dentro, no vaya a ser que en ese caos informe del ego me encuentre algo que no me guste. Lo digo porque no sé si será deformación profesional,  o acaso mejor un rasgo  propio de mi carácter, incluso puede que uno sea consecuencia del otro, pero el caso es que cuando me enfrento a un dilema de cualquier especie, de todas las teorías posibles escojo siempre en primer lugar la hipótesis más sencilla. Es decir, prefiero primero contrastar si un hecho es debido a sus causas probables más inmediatas y lógicas, que no acudir a a las más improbables y llamativas. No, en absoluto, no creáis ni mucho menos que es lo habitual. Las teorías conspirativas sobre cualquier hecho histórico son las más afortunadas entre la masa y muchas veces las culpables directas de que los verdaderos y directos agentes causantes pasen desapercibidos durante mucho tiempo. Si no, mirad el asalto y captura de Bin Laden: cuando todos le creían atrincherado a dos o tres mil metros de alturas en las agrestes sierras de Afganistán, pertrechado de fusil de asalto y granadas de mano cual revolucionario romántico perdido en el tiempo, resulta luego que se hallaba vegetando con su familia en una villa solariega, a la vista de todos, en una ciudad de Pakistán repleta de militares. Pues claro que sí, tenía una edad, una familia de la que ocuparse y no iba a ser él en persona quien se inmolara en nombre del que todo lo creó.

En estos días vengo escuchando un ruido de fondo que apunta a la posibilidad de que el asunto de Wikileaks no acabe siendo una excusa convenientemente construida por la CIA para que, conjuntamente con otros gobiernos interesados -poner aquí los que ya sabemos todos-, se vayan poniendo límites importantes al uso de internet. Por mi parte no voy a asegurar, ni puedo, que esto sea así, pero lo que sí me cuadra es que haya gobernantes de muchos países que sientan la irrefrenable tentación de ponerle puertas al campo. Y lo cierto es que cuando me pongo a pensarlo, me surgen interrogantes: ¿cómo puede ser que un soldado raso, con escasa formación  intelectual, tenga acceso a tanta información clasificada y haya sido capaz de expandirla sin que ningún filtro de seguridad haya funcionado? ¿por qué más del noventa por ciento de esa información confidencial no son más que chismorreos diplomáticos que no conducen a nada realmente interesante o grave?  -en realidad, la faena diplomática tiene mucho de cotilleo y chismorreo- ¿cómo es que Julian Assange, si tanto daño ha hecho al gobierno americano, sigue vivito y coleando? ¿cómo es que...? En fin, son muchas las preguntas que deben contestarse para dotar de un poco de lógica a este asunto, porque coherencia interna, tal y como se ha explicado hasta ahora, no tiene ninguna. En este sentido, cada vez cobra más verosimilitud la tesis de los que sostienen que todo ha sido un ardid con el que poder justificar la limitación del acceso universal a internet.

Internet es un todo un cosmos todavía por descubrir en la mayor parte de sus infinitos rincones. Constantemente vertemos grandes cantidades de información de toda especie - y de esto  sí  que estoy seguro- que luego se clasifica, disecciona  y se analiza con métodos robóticos en su mayor parte. La mayoría de nosotros, felizmente ingenuos, participamos de este maravilloso avance porque incrementa notablemente nuestra cuota de libertad individual hasta límites que no hubiéramos imaginado hace tan sólo unos pocos años. En internet se montan campañas electorales, campañas publicitarias de nivel planetario, planes de revolución y más variables de otros movimientos sociales de difícil control para el poder establecido. Internet es una red de libertad de dimensión global. Pero eso no quiere decir que nuestra libertad digital no pueda ser vigilada. Hoy por hoy todavía se hace muy difícil un control individualizado habida cuenta la masificación exponencial  que vive la red. Pero ahí está la batalla precisamente,  tratar de poner los filtros necesarios, con excusas o no, para que nuestra libertad sea cada vez más controlada. Estaremos atentos a lo que el futuro nos depara. 

No se atreverán, pero si se atrevieran, deberán pensar que la resistencia que se encontrarán será enorme. La gente del mundo, quedó demostrado,  prefiere vivir una libertad con riesgos que no una paz controlada.

jueves, 30 de junio de 2011

ELOGIO DE LA TONTUNA

 El comienzo de la época estival se va pareciendo cada vez más a las navidades. Me refiero a que, de repente, llega el mes de junio y sin darte cuenta te vas colocando en actos y cenas de los colectivos a los que perteneces que muy sanamente quieren despedir el curso al llegar el verano. Bueno, socializar nunca es malo, aunque a veces resulte un poco agotador. Somos animales sociales, decía el viejo Aristoteles, y nuestra individualidad carecería de mucho sentido si no pudiera contrastarse con la de aquellos que nos rodean. Si a eso le añadimos a que nuestro prodigioso clima invita - yo diría empuja, más bien- a disfrutar de la compañía en el exterior a poco que asoma el solsticio de verano, cualquier excusa es perfecta para apuntarnos a un buen "sarao".

En fin, el caso es que hace aproximadamente un mes asistí a una cena de aniversario de mi buen amigo Juan, al que conozco desde que tengo uso de razón y aprecio proporcionalmente al número de años que venimos juntándonos para "hacer daño". Y aunque desde luego ni él ni los organizadores del evento son responsables de nada, porque nada realmente grave pasó, sí que es una anécdota curiosa que me vale muy bien para ilustrar lo que quiero deciros. Cumplía cuarenta, y una amiga suya -que no común- le organizó una cena en un restaurante de moda. El sitio al llegar te sorprende un tanto -no mucho, porque el que más y que menos ya ha vivido extravagancias de toda clase-, puesto que en la dirección indicada te encuentras una tintontería y no un restaurante, con sus lavadoras, secadoras, percheros de ropa bien dipuestos y demás uteinsilios para esa noble y nunca bien ponderada labor. La dependienta te saluda y tú le contestas con una contraseña: "vengo a buscar las camisas de Casilda". Ahí ya cierta incomodidad me recorre todo el largo del espinazo, me siento como un vulgar Mortadelo y Filemón entrando en la sede central de la TIA. Entretanto, a mi lado Mari Carmen lucha por no partirse en dos trozos de risa allí mismo, viendo mi  proverbial cara de circunstancias. A continuación, la dependienta de la tintorería, muy profesional, me recita una segunda clave: "1,2,3,4", mientras me señala un pequeño panel de mandos detrás de una cortina. "Sólo falta ahora que se me olvide la clave", me digo a la vez que pienso en la pinta que tendré de Anacleto, agente secreto. Una puerta automática se abre, y a continuación entras en una segunda estancia, amplia, alta, bien decorada, que en este caso, al fin sí, se trata del restaurante. 


En pocas palabras, la cena se trata de un rosario de pequeños platos, o mejor dicho, de pequeñas copas, que te introducen en sabores extremos, en lo que quiere ser una emulación dificultosa de lo que últimamente se ha dado tanto en llamar "cocina de autor".  Se buscan, dicen, sensaciones o experiencias tanto como alimentación... Cuando me plantan delante la copita del "zumo de esencia de rabo de toro", ya me hago a la idea de que un poco de hambre esta noche sí vamos a pasar, y trato de sonreir, con la misma flema británica del mudano agente James Bond, a la mona cocinera asiática que luego me sirve la "crema de coliflor y nosequé" . Uno se considera, disculparéis mi inmodestia, un tipo abierto y más bien proclive a bien recibir la modernidad en todas sus formas y colores, pero en ese instante me empecé a acordar de Santi Santamaría cuando denunciaba a las claras la pléyade de impostores que se estaban colando en el mundo de la restauración con este  singular y extravagante guión. El comensal de mi lado izquierdo, Jose -sin acento-, un tipo muy trabajador con miles de horas de andamios a sus espaldas, comienza a mosquearse cuando va por la cuarta copita y no ve venir nada consistente y sólido. "El entrecot de Girona, amigo, no creo que lo veas esta noche",  le voy preparando. Me da la razón muy a su pesar y una cara de frustración definitiva le embarga cuando ve aparecer el plazo fuerte  de la velada, consistente en un pequeño cazo con una cucharada y media de arroz. Con el estómago triste y contrito,  al fin termino pasando del postre y sonrío nervioso cuando se acerca el cocinero, con visibles ganas de marcharse del local -¿a cenar?, me pregunto-, y nos pregunta cómo ha ido todo. En fin, eso sí, lo verdaderamente consistente de aquella noche fue la cuenta, que igualmente no envidiaba a la del mejor espía.

Ya sucede que mucha gente, so pretexto de pasar como gurús de la modernidad se traga cada castaña  que no veas tú de película, obra de teatro, exposición, o danza que le echen con tal de no ser confundidos con la vulgar mediocridad del resto de los mortales. Son además, individu@s muy poco tolerantes con los gustos  de aquellos cuyos cánones estéticos resultan algo más convencionales o simplemente sencillos, y se atreven incluso a mirarlos por encima del hombro cuando se manifiestan en esa dirección. Son los snobs de toda la vida y están presentes históricamente en todas las épocas y los hallaréis en cualquier colectivo. No acaban de darse cuenta de que por mucha modernidad que apunten, en el arte, como en la vida, la verdad acaba emergiendo tarde o temprano y tan cateto resulta el gusto desmesurado por el  añorado botijo de linda lagarterana omo la querencia desproporcionada  por el chorizo con sabor a  rancio metálico. Lo que es arte no puede convertirse en un circo -como bien dijo Vargas Llosa no hace mucho-, ni se puede sostener un pensamiento único en materia de estética y expresión. No sirve de gran cosa la modernidad si ésta no se entiende como el resultado lógico de un proceso histórico previo en que son necesarios e igualmente válidos todos  y cada uno de sus pasos precedentes. De hecho, nuestra modernidad de hoy, no dejará de ser el "vulgar" pasado del mañana, y cuántas veces no se habrá arrepentido más de uno por marcarse moderneces extremas en un momento dado, para ver su imagen risible tan sólo unos años después en una foto hurtada  a su ayer oculto e inconfesable.  Desde luego que no,  tampoco son considerables los que abusan de los atajos apelando constatemente a la modernidad vacía de todo contenido.

Lo siento, amigos, me tengo por muy moderno pero no creo que Napoleón, el caballo pintor, sea ningún artista consagrado. Siempre hay un listo para atrapar a modernos incautos.  Ellos sí que me parecen modernos de narices, los que se atreven a pagar entre 3.000 y 15.000 dólares por cada obra del genio equino. Apañados vamos...

jueves, 16 de junio de 2011

CANICULA

Apenas una semana más y los colegios cerrarán sus puertas hasta septiembre. Otro curso acaba. Muchos chavales dejarán la mochila en el perchero, eso sí, cerca el cuaderno de deberes, y correrán a disfrutar del verano en campamentos, piscinas y playas. Con su maravilloso horizonte vital, sin duda recorriendo los mejores años de su vida,  chicos y peques descansarán de sus obligaciones y se dedicarán a cultivar amistades, juegos y familia. Gracias al cielo, el ajetreo del invierno finaliza, y eso se se notará en el tráfico, la ciudad resoplará de agotamiento y se aletargará por unos meses; se notará en la tranquilidad de las tardes que se alargan, en el menudeo incesante de las terrazas de los bares, en las mañanas que llenarán las playas y piscinas, los parques rebosarán de adolescentes al atardecer, bicis y motos tomarán el asfalto,... Nosotros mismos y sin apenas quererlo nos rendiremos a la relajación y al deleite de la brisa: nuestra mirada se cubrirá de shorts, minifaldas y piratas que dejarán nuestras piernas libres de apreturas; sandalias y chanclas liberarán nuestros pies doloridos y nos hallaremos en mejor disposición de sonreir y relacionarnos.  Sí, amigos, al fin camisetas, blusas y polos alviarán nuestro sopor, todo parece difuminarse, reblandecerse, como flotando. Es hora de descansar.



Y debemos hacerlo sin demora, ha sido un año duro y no sabemos seguro lo que nos espera por delante. Es necesario que de alguna forma podamos ser capaces de abstraernos de preocupaciones y de relativizar obligaciones y responsabilidades en la medida de lo posible. Requerimos estar finos y de nuevo a punto en septiembre, ya que bien sabemos que la vida y el entorno se ocuparán seguro de ponerlo difícil a la mínima que nos despistemos. Dice al respecto una parte de la sociología moderna que vivimos en la "sociedad del riesgo", se trata de una visión realista, acaso algo pesimista, de la sociedad que nos ha tocado vivir, una sociedad caracterizada por el debilitamiento de las instituciones tradicionales en todos los órdenes -político, económico, social,...-, la precarización de las condiciones de vida del individuo, la maximización del dinero como fuente de todo poder, la desinformación de la población y el pensamiento único,  la pérdida de niveles educativos,... En definitiva, un paradigma que en efecto nos evoca en gran parte la nueva y dura época que nos ha tocado atravesar. Los chavales que ahora vacacionan alegremente, no saben exactamente hasta qué punto deberán prepararse para superar retos profesionales y personales con garantías de éxito, y ni siquiera en el nivel más alto de formación el triunfo estará asegurado. Otro día me atreveré a hablar de todo ello, pero ante la masiva oferta de personal titulado, serán los caracteres adjetivos al individuo los que le definirán como persona completa y, por tanto, como profesional más cualificado y capaz de adaptarse a entornos cambiantes por definición y multiculturales de por sí.  La inteligencia emocional será sin duda su herramienta más potente de trabajo. Saber reconocer adecuadamente el entorno y relacionarse óptimamente con aquellos que le rodean se erigirá la primera olbigación del individuo, tras su capacidad de trabajo. De momento, que disfruten y descansen, que no dejen de estudiar cuando les toque,  pero que descansen también. Saber disfrutar de los buenos momentos nos prepara adecuadamente para soportar los duros.

Yo no sé mucho de nada en realidad, pero ante avalancha incontenible de dificultades que nos opone la vida moderna, yo os recuerdo una receta tradicional y muy eficaz para este verano. Nuestra latitud es especialmente generosa en parajes gentiles. No hace falta desplazarse cientos de kilómetros si es que no tienes oportunidad de ello, ya que nuestra prodigiosa península dispone de rincones idílicos en los que disfrutar del entorno, seguro que muy cerca de donde estés, a menos de una jornada de viaje. Siendo así, escoge un buen rincón de playa o montaña, uno en el que puedas acariciar la hierba con las manos, o dejar que la arena se te escape entre los dedos, un río, un trocito de mar. Si no puedes todos los días, escápate cuando puedas ni que sea un par de horas. Regálate esos placeres sencillos que no tenemos tiempo de cultivar durante el año, dejar la mirada perdida sobre el horizonte sin pensamientos que te empujen, perder el tiempo en cosas agradables y anodinas, contemplar el deambular de la gente sin preocupaciones, buscar esa persona con la que te encanta charlar de todo y de nada, jugar al parchís con tus hijos, llamar por teléfono a ese amigo que recuerdas en vez de mirar su foto de perfil, tampoco leas en exceso y deja ya de pensar lo que pasará con los "mercados", quizá disfrutando más el momento nos pueda ir mejor en el futuro.

Entretanto, yo seguiré por aquí de vez en cuando, a lo mío. Pasadlo bien.

jueves, 9 de junio de 2011

LA CEGUERA IMPENITENTE

Cuando hace algún tiempo decidí invertir un rato de vez en cuando para expresar aquí todo aquello que me viniera en gana, una de las cosas que me propuse, os lo prometo que así fue, era hablar de política lo menos posible. Primero, porque se trata de algo que ya ocupa demasiado espacio en cualquier tipo de medio informativo y su importancia real me parece sobrevalorada. Segundo, porque se trata de una materia sensible, toda vez que sé positivamente que cuando aireas tus opiniones en ese terreno, por muy melifluas e ingenuas que sean, siempre acabarán molestando a alguien. Se lleva mal en este país la opinión discordante, seguramente producto de tratarse todavía de una democracia joven y no muy ejercitada, y a menudo determinada gente se siente amenazada, o incluso herida en lo personal, cuando se emiten juicios generales sobre temas de lo más prosaico y lejanos. Latinos, que dirían por ahí afuera. Pero, por otro lado, pienso otras veces, ya va bien que se provoque una pizca de discusión de vez en cuando aunque mi imagen se resienta. Total, como a muchos de mi condición, sin pretender ser descarado o arrogante, lo cierto es cada  vez me importa menos lo que piensen de mí. La última razón, es que porque de lo que realmente me apetece hablar, y no sé si será porque ya veo el otoño de mi vida aproximarse en lontananza, es del ser humano, de la vida precisamente. Pero qué le vamos hacer, amiguetes, si la actualidad se empeña en fastidiarme mis ratos de modesta  trascedencia. Tendremos que dejarlo de nuevo para otra ocasión.

El caso es que uno de estos días el Parlamento catalán aprobará la "Ley Omnibus", y ya sólo el nombre da miedo, parece que habla de un decreto ominoso sancionado por un oscuro dictador de una galaxia muy lejana. Pero que no cunda el pánico, el viejo Luke Skywalker no necesitará rescatar a ninguna linda princesa. En realidad se trata de una ley, en principio, que por la vía de urgencia acordará una enorme batería de medidas dirigidas a  reactivar la economía en ese territorio. La intención será buena, no digo que no, pero cuando buceas en ese "totum revolutum" de preceptos inconexos, de dudosa técnica legislativa que nada favorece el debate parlamentario, caes en la cuenta de que alguna que otra barrabasada se ha colado. Sobre todo en el terreno del medio ambiente. Y no tengo carnet, desde luego, pero tranquilamente me  pueden  apuntar entre los ecologistas convencidos -ya verás como alguno me llamará hippy, y lo cierto es que me hubiera gustado serlo pero, me faltó valor-.

Entre otras cosas, esta ley aprobará que de nuevo las motos de trial y otro de vehículos campen a sus anchas por todo tipo de caminos forestales, incluso en parajes protegidos, para fastidio y amenaza de la flora y fauna, y descalabro de todo tipo de excursionistas y amantes de la naturaleza. Ya no bastaba que coches y motos fuéramos invadiendo pueblos y ciudades, ahora también hemos de arrasar el monte y no dejar piedra sobre piedra. Había que reactivar el sector de la moto de montaña, dicen. Pues que se dediquen a fabricar otra cosa les digo yo. Otro de los apartados del articulado levantará la consideración de especies protegidas a los fringílidos -jilgueros, verderones , entre otras especies- revocando así la prohibición de cazar y atrapar esas aves a través de cualquier método, por cruel que sea. 

Veamos, pues, ya me diréis quién entiende que hace unos meses nada más se prohibiera en ese Parlamento las corridas de toros por su extrema crueldad con el animal, y ahora, sin embargo,  desde ese mismo foro se permita cazar y torturar jilgueros libremente y se dé licencia para arrasar el monte con todoterrenos y motos. En qué quedamos, ¿estamos o no estamos por proteger nuestro ecosistema y su biodiversidad? Cómo funciona exactamente ahora la protección de la naturaleza, ¿tiene más derechos el toro de lidia que un jilguero? ¿Acaso el jilguero sufre menos? Lo cierto es que no hacemos mucho caso de este tipo de sustos, cada vez nos sorprende menos oir de casos como que los pesqueros, por falta de pesca en los mares europeos, se dedicarán a recoger plástico del mar. Encoge el corazón darse cuenta como algunos cretinos se toman todo esto a cachondeo, cómo todavía no le queda claro a mucha gente que el destino del ser humano está infectiblemente unido al de su ecosistema, que dañar a la naturaleza sólo significa oscurecer el futuro, que ni siquiera desde un punto de vista económico resulta rentable un territorio desforestado y deshabitado de fauna, que nuestros bosques, los que quedan, los tenemos de prestado y es deber inalienable transmitirlos en las mejores condiciones a las generaciones venideras. Nuestros hijos tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutar de ese bosque que está a punto de desaparecer.



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