jueves, 9 de junio de 2011

LA CEGUERA IMPENITENTE

Cuando hace algún tiempo decidí invertir un rato de vez en cuando para expresar aquí todo aquello que me viniera en gana, una de las cosas que me propuse, os lo prometo que así fue, era hablar de política lo menos posible. Primero, porque se trata de algo que ya ocupa demasiado espacio en cualquier tipo de medio informativo y su importancia real me parece sobrevalorada. Segundo, porque se trata de una materia sensible, toda vez que sé positivamente que cuando aireas tus opiniones en ese terreno, por muy melifluas e ingenuas que sean, siempre acabarán molestando a alguien. Se lleva mal en este país la opinión discordante, seguramente producto de tratarse todavía de una democracia joven y no muy ejercitada, y a menudo determinada gente se siente amenazada, o incluso herida en lo personal, cuando se emiten juicios generales sobre temas de lo más prosaico y lejanos. Latinos, que dirían por ahí afuera. Pero, por otro lado, pienso otras veces, ya va bien que se provoque una pizca de discusión de vez en cuando aunque mi imagen se resienta. Total, como a muchos de mi condición, sin pretender ser descarado o arrogante, lo cierto es cada  vez me importa menos lo que piensen de mí. La última razón, es que porque de lo que realmente me apetece hablar, y no sé si será porque ya veo el otoño de mi vida aproximarse en lontananza, es del ser humano, de la vida precisamente. Pero qué le vamos hacer, amiguetes, si la actualidad se empeña en fastidiarme mis ratos de modesta  trascedencia. Tendremos que dejarlo de nuevo para otra ocasión.

El caso es que uno de estos días el Parlamento catalán aprobará la "Ley Omnibus", y ya sólo el nombre da miedo, parece que habla de un decreto ominoso sancionado por un oscuro dictador de una galaxia muy lejana. Pero que no cunda el pánico, el viejo Luke Skywalker no necesitará rescatar a ninguna linda princesa. En realidad se trata de una ley, en principio, que por la vía de urgencia acordará una enorme batería de medidas dirigidas a  reactivar la economía en ese territorio. La intención será buena, no digo que no, pero cuando buceas en ese "totum revolutum" de preceptos inconexos, de dudosa técnica legislativa que nada favorece el debate parlamentario, caes en la cuenta de que alguna que otra barrabasada se ha colado. Sobre todo en el terreno del medio ambiente. Y no tengo carnet, desde luego, pero tranquilamente me  pueden  apuntar entre los ecologistas convencidos -ya verás como alguno me llamará hippy, y lo cierto es que me hubiera gustado serlo pero, me faltó valor-.

Entre otras cosas, esta ley aprobará que de nuevo las motos de trial y otro de vehículos campen a sus anchas por todo tipo de caminos forestales, incluso en parajes protegidos, para fastidio y amenaza de la flora y fauna, y descalabro de todo tipo de excursionistas y amantes de la naturaleza. Ya no bastaba que coches y motos fuéramos invadiendo pueblos y ciudades, ahora también hemos de arrasar el monte y no dejar piedra sobre piedra. Había que reactivar el sector de la moto de montaña, dicen. Pues que se dediquen a fabricar otra cosa les digo yo. Otro de los apartados del articulado levantará la consideración de especies protegidas a los fringílidos -jilgueros, verderones , entre otras especies- revocando así la prohibición de cazar y atrapar esas aves a través de cualquier método, por cruel que sea. 

Veamos, pues, ya me diréis quién entiende que hace unos meses nada más se prohibiera en ese Parlamento las corridas de toros por su extrema crueldad con el animal, y ahora, sin embargo,  desde ese mismo foro se permita cazar y torturar jilgueros libremente y se dé licencia para arrasar el monte con todoterrenos y motos. En qué quedamos, ¿estamos o no estamos por proteger nuestro ecosistema y su biodiversidad? Cómo funciona exactamente ahora la protección de la naturaleza, ¿tiene más derechos el toro de lidia que un jilguero? ¿Acaso el jilguero sufre menos? Lo cierto es que no hacemos mucho caso de este tipo de sustos, cada vez nos sorprende menos oir de casos como que los pesqueros, por falta de pesca en los mares europeos, se dedicarán a recoger plástico del mar. Encoge el corazón darse cuenta como algunos cretinos se toman todo esto a cachondeo, cómo todavía no le queda claro a mucha gente que el destino del ser humano está infectiblemente unido al de su ecosistema, que dañar a la naturaleza sólo significa oscurecer el futuro, que ni siquiera desde un punto de vista económico resulta rentable un territorio desforestado y deshabitado de fauna, que nuestros bosques, los que quedan, los tenemos de prestado y es deber inalienable transmitirlos en las mejores condiciones a las generaciones venideras. Nuestros hijos tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutar de ese bosque que está a punto de desaparecer.



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