Apenas una semana más y los colegios cerrarán sus puertas hasta septiembre. Otro curso acaba. Muchos chavales dejarán la mochila en el perchero, eso sí, cerca el cuaderno de deberes, y correrán a disfrutar del verano en campamentos, piscinas y playas. Con su maravilloso horizonte vital, sin duda recorriendo los mejores años de su vida, chicos y peques descansarán de sus obligaciones y se dedicarán a cultivar amistades, juegos y familia. Gracias al cielo, el ajetreo del invierno finaliza, y eso se se notará en el tráfico, la ciudad resoplará de agotamiento y se aletargará por unos meses; se notará en la tranquilidad de las tardes que se alargan, en el menudeo incesante de las terrazas de los bares, en las mañanas que llenarán las playas y piscinas, los parques rebosarán de adolescentes al atardecer, bicis y motos tomarán el asfalto,... Nosotros mismos y sin apenas quererlo nos rendiremos a la relajación y al deleite de la brisa: nuestra mirada se cubrirá de shorts, minifaldas y piratas que dejarán nuestras piernas libres de apreturas; sandalias y chanclas liberarán nuestros pies doloridos y nos hallaremos en mejor disposición de sonreir y relacionarnos. Sí, amigos, al fin camisetas, blusas y polos alviarán nuestro sopor, todo parece difuminarse, reblandecerse, como flotando. Es hora de descansar.Y debemos hacerlo sin demora, ha sido un año duro y no sabemos seguro lo que nos espera por delante. Es necesario que de alguna forma podamos ser capaces de abstraernos de preocupaciones y de relativizar obligaciones y responsabilidades en la medida de lo posible. Requerimos estar finos y de nuevo a punto en septiembre, ya que bien sabemos que la vida y el entorno se ocuparán seguro de ponerlo difícil a la mínima que nos despistemos. Dice al respecto una parte de la sociología moderna que vivimos en la "sociedad del riesgo", se trata de una visión realista, acaso algo pesimista, de la sociedad que nos ha tocado vivir, una sociedad caracterizada por el debilitamiento de las instituciones tradicionales en todos los órdenes -político, económico, social,...-, la precarización de las condiciones de vida del individuo, la maximización del dinero como fuente de todo poder, la desinformación de la población y el pensamiento único, la pérdida de niveles educativos,... En definitiva, un paradigma que en efecto nos evoca en gran parte la nueva y dura época que nos ha tocado atravesar. Los chavales que ahora vacacionan alegremente, no saben exactamente hasta qué punto deberán prepararse para superar retos profesionales y personales con garantías de éxito, y ni siquiera en el nivel más alto de formación el triunfo estará asegurado. Otro día me atreveré a hablar de todo ello, pero ante la masiva oferta de personal titulado, serán los caracteres adjetivos al individuo los que le definirán como persona completa y, por tanto, como profesional más cualificado y capaz de adaptarse a entornos cambiantes por definición y multiculturales de por sí. La inteligencia emocional será sin duda su herramienta más potente de trabajo. Saber reconocer adecuadamente el entorno y relacionarse óptimamente con aquellos que le rodean se erigirá la primera olbigación del individuo, tras su capacidad de trabajo. De momento, que disfruten y descansen, que no dejen de estudiar cuando les toque, pero que descansen también. Saber disfrutar de los buenos momentos nos prepara adecuadamente para soportar los duros.
Yo no sé mucho de nada en realidad, pero ante avalancha incontenible de dificultades que nos opone la vida moderna, yo os recuerdo una receta tradicional y muy eficaz para este verano. Nuestra latitud es especialmente generosa en parajes gentiles. No hace falta desplazarse cientos de kilómetros si es que no tienes oportunidad de ello, ya que nuestra prodigiosa península dispone de rincones idílicos en los que disfrutar del entorno, seguro que muy cerca de donde estés, a menos de una jornada de viaje. Siendo así, escoge un buen rincón de playa o montaña, uno en el que puedas acariciar la hierba con las manos, o dejar que la arena se te escape entre los dedos, un río, un trocito de mar. Si no puedes todos los días, escápate cuando puedas ni que sea un par de horas. Regálate esos placeres sencillos que no tenemos tiempo de cultivar durante el año, dejar la mirada perdida sobre el horizonte sin pensamientos que te empujen, perder el tiempo en cosas agradables y anodinas, contemplar el deambular de la gente sin preocupaciones, buscar esa persona con la que te encanta charlar de todo y de nada, jugar al parchís con tus hijos, llamar por teléfono a ese amigo que recuerdas en vez de mirar su foto de perfil, tampoco leas en exceso y deja ya de pensar lo que pasará con los "mercados", quizá disfrutando más el momento nos pueda ir mejor en el futuro.
Entretanto, yo seguiré por aquí de vez en cuando, a lo mío. Pasadlo bien.

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