Una persona por la que siento gran estima, y cuya identidad no desvelaré por ser alguien muy celoso de su privacidad, me dijo hace unos días que lo de las redes sociales es todo un gran "cotilleo". Es cierto, contesté, pero se trata de un cotilleo que tú permites cuando muestras tus asuntos y pensamientos en el foro. Y es que, para qué negarlo, todos bien sabemos que lo de comunicar por la red, incluso la posibilidad de que alguien te siga tras la pantalla dispone de una dosis de morbo de la que poca gente quiere, ni siquiera puede, abstraerse. Eso de que nuestra pantalla se convierta en un cómodo y luminoso balcón por el que mirar la vida ajena y exhibir la nuestra ha supuesto un enorme atractivo para que las tecnologías de la comunicación acaben arrasando con nuestro convencional estilo de de vida. Saber de los demás y que ellos sepan de tí, en efecto, se trata de que nuestros gadgets de comunicación velen porque nosotros no estemos fuera de este mundo. Es como si de repente, por causa de un inopinado seísmo generacional, todos tuviéramos la imperiosa necesidad de hallarnos conectados y de que a ser posible, nuestras imágenes nos prolonguen en el tiempo. Es ya tal nuestra exigencia de pegar nuestra vida al disco duro o al chip del teléfono, que ya apenas existen secretos que allí no guardemos... Así es, al igual que otras tantas surgieron por mor de la diosa Venus Informática, se cuentan por millares las parejas que se deshicieron por depositar su intimidad tras una pantalla...Y luego pasa lo que pasa. Si no, que se lo digan a Christopher Lee, congresista republicano por NYC, que dimitió no hace mucho de su escaño tras aparecer sus fotos con el torso desnudo, buscando pareja según parece, por internet.No, hoy no podía evitar meter la cuchara en la noticia más seguida en la red los últimos días -la semana pasada ya- y el cotilleo por antonomasia más sabroso que ha dado el mundo de las telecomunicaciones en mucho tiempo, además con imágenes incluidas. El caso es que, sabréis ya, la inefable Scarlett Johansson -señorita que jamás tendré el infortunio, y digo bien, de conocer personalmente- ha sido pirateada en su móvil por astutos y desaprensivos "hackers" que han captado sus imágenes de diosa despistada, desnuda en su propio hogar. Scarlett se gusta, cómo no, a sus veintiseis. Se mira y se gusta mucho, se mira a través del espejo de arriba abajo y acaso contemple, trate de inmortalizar ese cuerpo que algún día dejará de despedir brillos nacarados. Sonríe mientras se hace las fotos, y mira a la cámara segura de que el objetivo la idolatra y, quién sabe, serán imágenes que seguramente compartirá con alguien que sólo la conozca por su nombre de pila, Scarlett. Así lo delata su mirada.
Scarlett -desde su bautizo estaba escrito que se dedicaría al cine- no reaccionó mal, admitió su autoría de las fotos sin dejarse llevar por la indignación. Quizá fuera un descuido cuyo resultado luego le ha apetecido aceptar, o puede que lo de la desnudez le traiga al pairo, como debiera ocurrir siempre. Yo confieso que he tenido la tentación de reproducir esas fotos en este blog, hubieran quedado divinas, como ella, pero al final lo he rehusado por llegar a la triste conclusión que no estaban tomadas para ser vistas por un servidor, así que mejor cuelgo una de pose que seguro que esta sí la aprobaría. En cualquier caso, ojo al dato, queda claro que ya no queda espacio personal cibernético que no pueda ser violado. ¿Y eso realmente importa?, me pregunto yo.
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