jueves, 7 de julio de 2011

NO SE ATREVERAN

Me perdonaréis si en este rincón hablo a menudo de mí. Normalmente, habréis comprobado ya, se trata tan sólo de un punto de partida con el que dirigirme a otra reflexión, algo así como un paso intermedio para luego seguir mirando hacia fuera más que hacia dentro, no vaya a ser que en ese caos informe del ego me encuentre algo que no me guste. Lo digo porque no sé si será deformación profesional,  o acaso mejor un rasgo  propio de mi carácter, incluso puede que uno sea consecuencia del otro, pero el caso es que cuando me enfrento a un dilema de cualquier especie, de todas las teorías posibles escojo siempre en primer lugar la hipótesis más sencilla. Es decir, prefiero primero contrastar si un hecho es debido a sus causas probables más inmediatas y lógicas, que no acudir a a las más improbables y llamativas. No, en absoluto, no creáis ni mucho menos que es lo habitual. Las teorías conspirativas sobre cualquier hecho histórico son las más afortunadas entre la masa y muchas veces las culpables directas de que los verdaderos y directos agentes causantes pasen desapercibidos durante mucho tiempo. Si no, mirad el asalto y captura de Bin Laden: cuando todos le creían atrincherado a dos o tres mil metros de alturas en las agrestes sierras de Afganistán, pertrechado de fusil de asalto y granadas de mano cual revolucionario romántico perdido en el tiempo, resulta luego que se hallaba vegetando con su familia en una villa solariega, a la vista de todos, en una ciudad de Pakistán repleta de militares. Pues claro que sí, tenía una edad, una familia de la que ocuparse y no iba a ser él en persona quien se inmolara en nombre del que todo lo creó.

En estos días vengo escuchando un ruido de fondo que apunta a la posibilidad de que el asunto de Wikileaks no acabe siendo una excusa convenientemente construida por la CIA para que, conjuntamente con otros gobiernos interesados -poner aquí los que ya sabemos todos-, se vayan poniendo límites importantes al uso de internet. Por mi parte no voy a asegurar, ni puedo, que esto sea así, pero lo que sí me cuadra es que haya gobernantes de muchos países que sientan la irrefrenable tentación de ponerle puertas al campo. Y lo cierto es que cuando me pongo a pensarlo, me surgen interrogantes: ¿cómo puede ser que un soldado raso, con escasa formación  intelectual, tenga acceso a tanta información clasificada y haya sido capaz de expandirla sin que ningún filtro de seguridad haya funcionado? ¿por qué más del noventa por ciento de esa información confidencial no son más que chismorreos diplomáticos que no conducen a nada realmente interesante o grave?  -en realidad, la faena diplomática tiene mucho de cotilleo y chismorreo- ¿cómo es que Julian Assange, si tanto daño ha hecho al gobierno americano, sigue vivito y coleando? ¿cómo es que...? En fin, son muchas las preguntas que deben contestarse para dotar de un poco de lógica a este asunto, porque coherencia interna, tal y como se ha explicado hasta ahora, no tiene ninguna. En este sentido, cada vez cobra más verosimilitud la tesis de los que sostienen que todo ha sido un ardid con el que poder justificar la limitación del acceso universal a internet.

Internet es un todo un cosmos todavía por descubrir en la mayor parte de sus infinitos rincones. Constantemente vertemos grandes cantidades de información de toda especie - y de esto  sí  que estoy seguro- que luego se clasifica, disecciona  y se analiza con métodos robóticos en su mayor parte. La mayoría de nosotros, felizmente ingenuos, participamos de este maravilloso avance porque incrementa notablemente nuestra cuota de libertad individual hasta límites que no hubiéramos imaginado hace tan sólo unos pocos años. En internet se montan campañas electorales, campañas publicitarias de nivel planetario, planes de revolución y más variables de otros movimientos sociales de difícil control para el poder establecido. Internet es una red de libertad de dimensión global. Pero eso no quiere decir que nuestra libertad digital no pueda ser vigilada. Hoy por hoy todavía se hace muy difícil un control individualizado habida cuenta la masificación exponencial  que vive la red. Pero ahí está la batalla precisamente,  tratar de poner los filtros necesarios, con excusas o no, para que nuestra libertad sea cada vez más controlada. Estaremos atentos a lo que el futuro nos depara. 

No se atreverán, pero si se atrevieran, deberán pensar que la resistencia que se encontrarán será enorme. La gente del mundo, quedó demostrado,  prefiere vivir una libertad con riesgos que no una paz controlada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario