jueves, 14 de julio de 2011

MEDIOS DE (des)INFORMACION

El asunto de News of the World -escuchas teléfonicas ilegales a víctimas de atentados, entre otras lindezas-  lleva camino de tomar dimensiones planetarias, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que su magnate aspiraba, si no lo había conseguido ya, colocar su negocio como la referencia mundial en el mercado de la información. El Parlamento británico "parece" haber reaccionado a tiempo para frenar una escalada de suciedad informativa jamás vista con anterioridad, vetando la compra de un canal televisivo que acabaría de darle el liderazgo en las Islas al conspicuo R. Murdoch. Y digo sólo "parece", porque da la sensación de que la reacción de la clase política inglesa ha sido inmediata, y esto no es del todo cierto. El muchacho, a través de sus acólitos, llevaba actuando con impunidad desde hace años, y según parece, hasta hace tan sólo una semana no pocos políticos suspiraban por hacerse un sitio preferencial en la mesa de sus invitados. Aporrear sin miramientos a determinados personajes públicos a través de titulares malsonantes, destapar escándalos sexuales de dudoso interés general, con datos ciertos o no, se había convertido en moneda corriente en la prensa anglosajona, y especialmente en la británica en las últimas décadas.

El tratamiento de la información, lo sabemos todos, es todo un caballo de batalla en esta era del conocimiento. Manipular datos sin pudor alguno, obtener información a través de medios poco éticos, tergivesar noticias tendenciosamente para favorecer determinados intereses políticos o económicos son prácticas reprobables que se han convertido ya en un triste hábito, incluso en nuestro país. Como siempre, hagamos las salvedades y excepciones que sean precisas, pero estoy convencido de que cualquier lector de a pie, medio informado, es capaz de señalar sin dificultad aquellos diarios de prensa y aquellos canales de radio y televisión que por lo que más sobresalen es por ofrecer información poco veraz y tendenciosa. Lo peor de esta epidemia informativa es que se ha terminando extendiendo con rapidez e infectando a grandes sectores de la población, que no tienen reparos en creer a pies juntillas la información de determinado medio, por inverosímil que se presente. Es más, en el colmo del paroxismo, sin el menor asomo de contrición o espíritu crítico,  la legión de seguidores rechazarán con vehemencia a todo aquel que se atreva a descreer de esa información. Se trata, por eso, de una información con marchamo ideológico, por lo que no da oportunidad de quedarte con una parte de esos datos, o  te lo comes todo, o eres sospechoso de pertenecer al bando contrario y fichado para los restos. Se trata, más que de recibir información, de comulgar con todo un acto de fe.

La otra gran variante de la información mediática manipulada, tan preocupante como las demás, consiste en aquella que es artificiosamente exagerada para dar la impresión de que nos hallamos ante un cataclismo inabarcable que acabará con la especie humana, de tal manera que el resto de noticias, por principales que sean, carecen de la menor importancia. Una nevada algo copiosa a principios de enero, un termómetro que se atreve a rebasar los treinta en pleno julio, una borrasca en el mar Cantábrico son hechos presentados como pruebas  inequívocas de la llegada del juicio final. Las declaraciones de una limpiadora con los pechos operados y los labios rebosantes sobre el menú de su hija, un torero que cambia de novia morena a novia más morena, un  marido gay despechado con las infidelidades de su pareja, un penalti fallado a mitad de liga son temas de sesudas mesas de debate que dan ganas de vomitar, pero que ocupan horas y horas de televisión y desvían con eficacia nuestro foco de atención sobre los asuntos que nos interesan realmente.


Me diréis que de vez en cuando no va nada mal un poco de frivolidad. Que no se puede ser trascedente  y comprometido las veinticinco horas del día, y que ya basta con los veinte minutos del telenoticias para  pensar en todo eso. Y yo os digo que es verdad..., pero aún mejor, probad de pasar una semana sin periódicos ni televisión y veréis como mejora vuestra salud y como disminuye la ansiedad. Por cierto, ¿qué hay del pollo de Andreíta?

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