martes, 9 de octubre de 2012

¡ Lo que hay que Wert y oir !

En fin, por mucho que uno se lo proponga es difícil abstraerse de la vorágine de acontecimientos que nos inundan a diario. Uno se promete que no hablará nunca de eso o aquello, más que nada por no herir sensibilidades tan diversas como las que todos frecuentamos, porque todos tenemos nuestra particular óptica del mundo que no tiene por qué coincidir con la de aquel que nos tomamos una caña tan amigablemente, y seguramente casi todas con gran parte de razón... Pero no, no puede ser, siempre hay por ahí disponible algún tonto ilustrado que no le cuesta saltar y enarbolar banderas que no son suyas o cuitas que no le tocan. Será por eso, por la cantidad de inoperantes que van proliferando como setas por doquier, por lo que de vez en cuando no me queda más remedio que decir la mía. Y para que nadie diga, quisiera recordar, que en este humilde blog se le ha marcado la nota a todos los partidos sin distinción, cuando particularmente he creído que lo merecían por alguna cuestión en especial. Para eso estamos.

En este caso me he fijado en Wert. Pocas veces, creo que nunca antes, un ministro ha hecho tanto daño, en tan poco tiempo, a sus administrados dependientes de su Ministerio. De sopetón, sin avisos previos, ha dejado como un solar la política de apoyos y subvenciones a las entidades culturales de casi todo el estado, menos a las cuatro privilegiadas, que viniendo de donde viene y nombrado por quien lo ha sido, a nadie le extraña quienes son esos privilegiados, los de siempre a estas horas... Museos, auditorios, conservatorios, compañías de danza o teatro, no te digo ya el cine, el criadero de diablos propios del partido en el gobierno ... da igual, el que sea, tabla rasa, todos sin un duro. ¡ Qué se habrán creído esa retahíla de cómicos y artistillas...! Parece que en el Ministerio se olvidan de que el plan estratégico de muchas ciudades españolas para el siglo XXI pasa ineludiblemente por convertirse en centros de atención cultural, más que centros de atraccción turística, porque de pretender ser centros políticos o económicos..., de eso nada; el pastel está repartido, bien poco, pero repartido. Olvidan igualmente en ese despistado gabinete el peso específico que la cultura tiene en el PIB, y los miles de familias que dependen de la industria cultural en todo el estado. Olvidan el papel fundamental que muchos artistas -y deportistas- han jugado a la hora de ofrecer una imagen internacional de este estado, activo intangible con un retorno de incalculable valor. Olvidan por último, que la cultura, la educación y el conocimiento son la nueva y definitiva materia prima para el futuro de cualquier nación con un proyecto de crecimiento económico mínimamente realista. Olvidan, olvidan y olvidan... Esto pasa por nombrar a alguien tan poco distinguido y cualificado para una misión de esa naturaleza, alguien de tendencias tan sesgadas que recela de la cultura como este señor, que aunque milite o no, me da igual, no deja de ser la fiel voz de su amo. El problema de fondo, más que la ignorancia, son los prejuicios y resquemores que anidan en el partido en el gobierno, demasiado esclavo de su autoritarismo, de su arrogancia y de sus ancianas políticas de enfrentamiento contra todo bicho viviente que no les quiera bailar el agua. Olvidan que el Estado no está primordialmente para imponer, mandar o reconvenir nada a nadie, está ante todo para servir a sus ciudadanos y empresas que son, con nombres, apellidos y domicilio, los que con sus impuestos mantienen este deslabazado chiringuito. Sáquenlo del fondo del cajón, quítenle el polvo y repasen, por favor, el Libro Blanco de la  Gobernanza en la UE. Democracia, apertura, transparencia, descentralización, proximidad, proporcionalidad, subsidiariedad, coherencia,  repsonsabilidad, participación ciudadana y diàlogo social..., ¿les suena?

La última del Señor Wert, entre otras muchas, a cuál más señalada, es hacer responsable del auge del independentismo, así, sin más, a "las escuelas catalanas" (municipales o no, públicas y privadas, concertadas, directores, profesores, ya sean de Burgos, Girona o Cuenca - igual da, para qué diferenciar-, bedeles, alumnos, padres de alumnos, asociaciones de padres de alumnos, editoriales, autores de manuales,..., y se queda tan ancho, el sujeto). Y de paso, cómo no, tratar de saltarse la constitución (que tanto dicen respetar y defender, y que luego pisotean cada vez que tienen la menor oportunidad de ello) a base de decretazo limpio para recentralizar competencias, en este caso transferidas casi en exclusiva a la autonomía, nada menos, que desde el año 1981. Porque claro, mucha constitución en boca a todas horas, como si fuera un texto sagrado revelado por el mismísimo Mesías (ah, por cierto, me he enterado de que algún incauto con bolígrafo también hace responsable a los catalanes de la muerte del Mesías, qué bueno el bicho, éste va para Ministro, pensé), y luego se olvidan de que son ellos los que llevan años avisando de que quieren cargarse las autonomías, cuando no en propia voz, a través de sus altavoces de prensa y televisión, ahora tan numerosos y fieles, y algunos hasta con cierto ramalazo xenófobo.

 Qué poco pudor, señor ministro, que manera más simple de manipular y falsear la realidad, y que modo más burdo de inocular hostilidad y enfrentamiento. Ese actual auge (porque independentismo ha existido siempre sin inquietar a nadie, al menos en Cataluña) tan denostado por ustedes, sépalo ya de una santa vez (si es que no lo sabe ya, lo cual sería más grave) tiene tanto origen en los independendistas militantes como en ustedes mismos, permanentemente obsesionados por campañas de recoger firmas contra esto y contra aquello, por extender interesadamente falsedades y bobadas como la persecución del castellano (dónde debería estar un servidor ya, si hubiera sido perseguido por hablar y escribir en castellano), y por apoyar cuando no impulsar directamente boicots a productos catalanes. Su anuncio de recentralizar competencias, no es por defender la unidad del estado como a menudo sueltan con petulancia; falso de toda falsedad. La unidad del estado les importa un pimiento en realidad, la quiebra del pacto constitucional por su parte obedece únicamente a esas catetas ganas que siempre les ha caracterizado de acumular poder en muy pocas manos, dineros en pocos bolsillos, y en volver a hacer de este país un lugar de sirvientes y señoritos, plagado de desigualdades sociales y territoriales. Y eso no va a volver, entérese, no va a volver por mucho empeño que le pongan. Oírles decir a ustedes que todos somos iguales y que hay que ser solidarios mueve a la risa llorona; ni nunca hemos sido todos iguales, ni ustedes jamás han sido solidarios con nadie. Inténtelo por una vez, no les sentará tan mal, hagan de políticos y pónganse a hablar, arreglen de una maldita vez el problema de la financiación autonómica (que ya resulta evidente hasta en Finlandia), que para amenazas e insultos cualquiera con bigote y mosquetón sirve, ustedes no hacen ninguna falta. Porque, si es eso lo que ustedes realmente echan de menos, díganlo de una vez, ya que a eso yo no juego, yo me borro aquí y ahora.




miércoles, 5 de septiembre de 2012

YO CONFIESO: MAS SOMBRAS...

Vamos de crítica "literaria", ¿Por qué no?
Entre siesta y siesta en la cubierta de un barco, debajo la de la sombra de un abedul, quizás sentado/a junto a la orilla de un lago mientras los críos hacen rebotar piedras sobre la orilla, o puede que en tanto esperas un autobús que te acerque hacia ese lugar perdido en la montaña, da lo mismo el sitio, en cualquiera de esos lugares que sólo se transita en verano buscando oxígeno y olvido, hemos podido observar como alguien muy cerca, si no nosotros mismos -es también mi caso, en efecto-, leía con atención indisimulada esa novela "de la que todos hablan".
He de admitir que a día de hoy no me he acabado el primer volumen de la trilogía, puede que me falten unas cincuenta páginas, lo suficiente como para darme cuenta de que va ser difícil de que vaya a completar las tres entregas. Cada vez valoro más mi tiempo y la compañía de la que quiero rodearme.
En términos generales diré que no me ha gustado excesivamente. Y no lo haré acudiendo a sesudas y esnobistas razones de estilo literario, como algunos facilones oportunistas he visto acometer durante el verano, críticos que por lo general ni eran eruditos ni literatos. No se trata de una novela que pretenda precisamente pasar a la historia por su preciosismo narrativo, o por sorprender con inesperados giros en la trama, quien esperara buscar en un best-seller veraniego un candidato a Premio Nóbel es que lee muy poco, o es que va muy despistado. En pocas ocasiones un éxito planetario, buscado tan a propósito, puede colmar gustos exquisitos.
Se trata de una historia sencilla, un cuento de Cenicienta algo subidito de tono, un argumento y unos personajes - facilones y algo irrreales, por lo idealizados, sobre todo el del príncipe archimillonario de veintitantos años- que se puedan adaptar a casi cualquier potencial lector que no sea muy exigente ni con su libro ni con su propio tiempo. Así es, una novela entretenida, para pasar el rato, nada más... Bueno, nada más, no, no exactamente.
El "avance" de este libro es el tratamiento sexual de la historia de amor, a veces parece que pensada para adictas al género romántico que deseen subir un nivel en su exploración amoroso-carnal. De hecho, el sexo en el libro es todo un personaje, el eje central de la trama y la que galvaniza el movimiento de sus personajes. Que esta novela, sabiendo todo el mundo que no ganará ningún premio literario, acapare tanto interés y éxito,  nos habla a mi juicio de tres cosas, principalmente: las poquitas ganas que tenemos de historias  enrevesadas, el tirón que sigue teniendo una historia de amor, aún siendo malos tiempos para la lírica, y la reiterada prueba de que la revolución sexual que comenzó en los setenta aún sigue, afortunadamente, completando pasos firmes. A nadie he visto que le importara mucho que los demás vieran lo que uno leía (como rezaba una crónica en un diario catalán que aseguraba el repentino éxito del e-book a la afición a este tipo de novelas). Yo me sigo quedando con "Historia de "O"", o "Retorno a Roissy". Como éstas hay muchas otras, casi todas anónimas. Volveremos algún día sobre esto. Feliz vuelta al "colegio".

"Cincuenta sombras de Grey". E.L. James. Random House-Mondadori.

lunes, 9 de julio de 2012

AS TIME GOES BY...

A menudo nos quejamos de que el tiempo vuela, miramos hacia atrás sin remedio y pensamos reductivamente que nuestra vida se limita a una acumulación desordenada de recuerdos, datos y nombres. De algunos de esos recuerdos no estamos si quiera seguros de que efectivamente hayan sucedido tal y como los retenemos. Mantenemos la imagen, pero sus perfiles se difuminan hasta casi desaparecer entre la nebulosa de nuestro diario; más que recuerdos, en realidad son sueños. Y nos lamentamos, nos encontramos con una viej@ amig@ y al cabo de una amena conversación se nos escapa, con toda seguridad, el socorrido"me parece que fue ayer". Y es cierto, ese lamento no deja de ser sincero, nos vemos absolutamente impotentes para retener con sus detalles, sobre todo, los mejores momentos vividos, un pasado compartido que por bueno se torna melancólico.

Pero qué le vamos a hacer, luego no lo remediamos, o no somos capaces de remediarlo. Apuramos la copa, nos despedimos, y el amig@ se  adentra en la noche hasta más vernos de nuevo. Al día siguiente, después de una amena y pausada charla, todo vuelve al ritmo de siempre, nuestro pulso se vuelve a acelerar, tomamos el ritmo agobiante de nuestra infinita vida profesional -ya no tan infinita, desgraciadamente- y vuelven a pasar los días y las horas sin que nos detengamos un instante a saborear los momentos que recorremos. Somos así, así de autómatas y de miedosos y, que nadie se me ofenda, así de ingenuos. Presionados por los falsos parámetros de una sociedad esclerótica y atormentada, esa misma celeridad vital la traspasmos a nuestros hijos, a los que con la mejor de las intenciones, no me cabe ninguna duda, les atiborramos de actividades extraescolares, de objetivos a medio y largo plazo y les inoculamos el veneno de la competitividad, el rigor y la importancia de la fachada, de la imagen, de las notas, del qué dirán y de otras peores monsergas, que bien pensado, son muy poco educativas. Pocos son los atrevidos que enseñan a sus hijos a ser felices. Quizá quienes no lo hacen, es probable, ignoran el cómo.

A todo eso que, sin anunciarse, llega otra vez el verano. Me parece una buena oportunidad para ensayar nuevos métodos y nuevas formas con nosotros mismos -es sólo una humilde propuesta, vale, un brindis al sol, si así lo prefieres-. Me refiero, a tratar de que el tiempo se detenga en las pequeñas cosas, que abandonemos el móvil y el reloj lo máximo posible. No, no me refiero volver al estado del "buen salvaje" que propugnaba Rosseau, pero si que hago votos porque desde los cambios indviduales vayamos modelando nuevas maneras de enfocar nuestro tiempo y el de los que nos rodean.  De moldearlo y deternelo un poco a nuestro gusto, de hacer que las cosas no pasen tan rápido, de que no nos abrumen las prisas y las angustias, y sobre todo, de que no atosiguemos al personal. En suma, de que el tiempo fluya como debe, de forma natural y sin atropellos. 

Feliz verano, nos vemos en septiembre.

miércoles, 13 de junio de 2012

BAJO LA ALFOMBRA


Tranquilos debemos estar todos. El impúdico pasteleo de Bankia, cerrado en falso por líderes y lideresas de medio pelo, con mucha chulería, eso sí, pero poca testa y menos habilidad gestora, un contubernio tan vidrioso como el de las explicaciones de Dívar sobre sus devaneos marbellíes, no quedarán ahí. Más tarde o más temprano se sabrá todo, y más tarde o más temprano se sabrá si todos esos palurdillos que aspiran a poderosos son verdaderamente tan patriotas como pavonean o si su patria real, como yo pienso y suele ser habitual, es la del bolsillo secreto y la mentira encubierta. Lo que a los españoles les suceda, lo que a España le suceda, que nadie se engañe, a los líderes y lideresas les trae al pairo absolutamente, lo que verdaderamente les importa es permanecer y disfrutar del poder, vivir bien y cobrar un poco más, que con seis mil euros netos apenas les da para llegar a fin de mes. O eso dicen. Lo malo es que entre ese quítate tú que me pongo yo, los implicados y sus protectores tratarán de que pasen diez años por lo menos, evitarán abrir un juicio en el que apenas se admitirá un escrito a trámite, y todo quedará en un molesto auto judicial que inadmitirá la causa por prescripción de los hechos. 

Qué mal. Es uno de los graves problemas que aquejan a la "piel de toro" desde siempre. Los desastres se tapan si vienen del poder y sus aledaños, se dejan de investigar, porque la verdad les molesta y les perjudica ¿A qué viene todo esto después del tiempo que ha pasado?, suelen decir. Da igual que sean agujeros de miles de millones sin justificar, de fulaneos continuados, de comisiones ilegales, de masacres bajo las cunetas, lo mismo da. La justicia ciega -desaparecida como valor absoluto hace lustros, y lo dice uno que la miraba de frente a diario- está quedando para los pobres y desheredados, para los que no merecen rescates porque no son un riesgo sistémico, ni son aforados, ni cobrarán indemnizaciones millonarias, ni les bastará con un simple "perdón, no sucederá más". A ellos -que podría ser un nosotros-, que cada vez son más, pues esta crisis pretende acabar con toda la anchura de la clase media y profundizar en las desigualdades sociales de antaño, sí les cae la justicia con toda su rabia y su poder, sí que sufren jueces arbitrarios, inspectores de hacienda implacables, expropiaciones abusivas, multas, sanciones, deshaucios y todo tipo de atropellos que, revestidos de legalidad relativa, sólo pretenden prolongar el patrimonio del poder, y la indemnidad de las élites centrales.

Para acabar con cualquier crisis, máxime si es tan profunda y transversal como la que atravesamos, es absolutamente imprescindible que primero se recupere la confianza en las instituciones democráticas, ahora perdida sin remedio, y que se les retorne su antiguo brillo; y eso sólo pasa por una operación de limpieza exigente y rigurosa sobre todos aquellos temas sucios, sean del color que sea y afecten a la clase o corporación que sea, sin que quede sombra de duda, hasta el final. No puede quedar polvo bajo la alfombra, jamás.

viernes, 11 de mayo de 2012

LA CULPA FUE DEL CHÁ-CHÁ-CHÁ...

Eva sale del Hospital cabreada como una mona enjaulada. Por tercera vez le recortan el sueldo, y estando divorciada y con dos niñas, cada vez tiene más dificultades para llegar a fin de mes. Al llegar a casa saluda a Jordi en la portería, sale meditabundo, con sensación de humillación en el paladar; ni siquiera le han entregado en mano la carta de despido, le ha llegado por correo electrónico una vez ha llegado de la oficina a casa. Es viernes y el lunes ya no ha de ir a trabajar. Y todo después de veinte años de ejercer como ingeniero técnico sin mirar las horas que pasaba fuera de casa. No cuenta con muchas opciones sobre el horizonte. Al llegar al bar de la esquina pide una caña, es mediodía, y observa como en la terraza charlan unos chavales. Son universitarios. Luís le dice a sus amigos que tiene algo crudo seguir con sus estudios. Entre que le quitan la beca y suben la matrícula una barbaridad, no sabe si reunirá dinero suficiente para continuar derecho. Peor está Andrés, según él interpela. Tiene una hermana casada con dos criaturas. El juzgado les da un mes para salir de casa por no pagar la hipoteca, y a lo más seguro que deberá volver con su marido y las niñas a vivir a casa de sus padres. Pasarán a residir ocho personas en una casa de setenta metros y en la que entran sólo dos exiguos sueldos entre cuatro adultos.

Andrés se levanta, se despide y se marcha en busca de su novia. Todavía cerca del bar, pasa de costado por una frutería. Luisa está pagando tres manzanas. Se trata de una señora pensionista, con apenas cuatrocientos euros mensuales, que no entiende como todavía deberá pagar unos euros más por unas medicinas de las que no puede sustraerse. No hay mucho presupuesto para sanidad, escucha en la radio, o algo así. A Luisa le atiende Trini, que desde año y medio espera una pensión que le prometieron para cuidar a una hermana impedida por autismo y que requiere atención casi completa. Paga una barbaridad para que la cuiden mientras está trabajando en la frutería. Removiendo algunos plátanos, un poco más allá, se halla Javier. De salida del laboratorio le han dicho que en unos meses se acaba el programa de investigación por falta de recursos. Estaba en un programa de estudios científicos sobre el cáncer, parece ser. Tampoco hay presupuesto público para continuar con la investigación. 


Javier lleva un periódico en la otra mano. Allí dice en primera página que Bankia, la entidad que surge de  fusionar Caja Madrid y Bancaja, controlada por el gobierno de Esperanza Aguirre, recibirá entre quince y veinte mil millones de euros que procederán del bolsillo de todos los españoles. Es muy probable que la entidad sea nacionalizada. Javier no es economista, pero eso de que se requiere salvar el banco porque su caída puede afectar al conjunto del sistema financiero le suena a cuento chino. No me extraña, a mí también me sucede. La gente sigue padeciendo recortes brutales y de golpe aparecen quince mil millones que taparán las nefastas consecuencias de los desmanes y proyectos faraónicos de la Señora Aguirre - y del Señor Camps, "te quiero un huevo"-, la misma señora Presidenta que con su arrogancia de costumbre va dando lecciones de gestión y de rigurosidad a todo bicho viviente. Ya, ahora dice que la culpa no es de Rato, ni de ella, ni de los consejeros que ella ha colocado a dedo estos últimos años, la culpa es del Banco de España. Como ya no está Zapatero..., claro. Pues no, amigos, de eso, nada. El riesgo para el sistema financiero y para nuestro sistema político y social en general, no es precisamente la caída de Bankia. El verdadero y más grave de los riesgos sigue residiendo donde tenía por costumbre, en la inmadurez de una buena parte de la clase política, de casi todos los partidos y de su inveterada afición  a echar mano de un dinero que no es suyo con tal de llevar adelante proyectos inútiles, pero que a lo mejor les llevan a los altares de la historia... o eso se creen ellos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

DE LABORES HUMANITARIAS

Será que todos estamos más sensibles ante las bobadas y los derroches, será que este contexto tan desesperanzador nos pone la piel más fina y no toleramos si quiera lo tolerable en otras épocas, pero estamos que no damos para más con la de denuncias que se llevan adelante por cualquier cosa más o menos justificada. Es cierto, cosas y casos que en otras ocasiones nos mueven como mucho a una sonrisa displicente, a una sola mirada de indiferencia, ahora nos hieren hasta en el mismísimo tuétano simplemente por infumables.

Y no es caer en la demagogia por cualquier causa, pero yo también quiero cabrearme un rato y liarla hoy con alguien o con algo. El asunto es que los ratos de espera en el dentista son especialmente tensos, más si entre las salas de atención se escapa un alarido poco contenido de dolor, porque eso te mueve directamente al pánico. Y como lo del smart-phone comienza a ser ya un vicio del que me voy separando sin mucha dificultad, no se me ocurre mejor cosa que ojear las revistas del corazón hasta que me atiendan -entre nosotros, no huyo por vergüenza torera, cómo le explico a mi hija que salgo corriendo de un dentista-. Confieso que cada vez que se me ocurre coger un semanario de estos, más vuelcos me da el estómago. Fulanito, dice él, es un arquitecto de mucho éxito, pero lo que yo veo ahí es que tiene que recurrir a las revistas para mostrar su casa -la verdad, eso sí, pedazo casa-y a la extra-monada de su mujer, cual si fuera un jarrón de Sevres, para darse a conocer ambos fuera de su exclusivo círculo social en una exclusiva urbanización. Luego, haciendo memoria, es cierto, recuerdo haber visto al sujeto de vestimenta algo barroca-que fácil es pasarse de elegancia y aterrizar en lo cursi- en un programa de reportajes facilones, de reporteros facilones, para ratos de no pensar, mostrando esa misma pedazo casa y su estupenda señora esposa -con todos mis respetos, ejem - sin vergüenza ni reparos de ningún tipo. En un momento de ese meditabundo documental, creo recordar, aparece una empleada de hogar, vestida de uniforme y cofia, disponiéndose a colocar una mesa para no sé cuántos invitados. Adivino que entre esos comensales a punto de llegar, habrá alguno-a que lúcidamente, más que sentir envidia, se descuajeringue de todo ese abrumador despliegue de catetez. Todo junto una horterada monumental, en una casa monumental y con una esposa monumental, todo hortera monumental. Allá ellos y allá esos medios.

Pero el estómago me da otro vuelco, si cabe todavía mayor, cuando una páginas más allá comienzo con los famosos que van de desfile humanitario. Qué barbaridad. Yo entiendo que debe haber ONGs que la utilización de la imagen de esta gente célebre les vaya de perlas para ampliar los horizontes de sus objetivos, recabar más apoyos, etc, etc. Pero francamente, la mayor parte de los casos no hacen otra cosa sino que les cojan manía por la imagen que escogen y por el topicazo insano y cutre que va camino de arruinar la labor de tantas organizaciones de voluntariado al utilizar celebridades mal pensadas. La tipa en cuestión luce palmito quirúrgico nada menos que en una aldea recóndita y,  parece ser, muy pobre de Camboya, y posa descaradamente entre niños con aspecto algo famélico y tristón, sin parar de sonreir a la cámara mientras los niños y aldeanos miran al objetivo con cara de circunstancias. Para quedar más "casual", luce unos jeans italianos, seguramente, con blusa de marca francesa, alta costura, probablemente, y en algunas fotos con sombrero de tonos caqui, imagen toda ella como de paseo adinerado de una diosa sesentera que es una, por la gracia de Dios, nada menos que por mitad de la jungla. Qué aventurera soy, queridas amigas. En el colmo del desvarío, en una foto de primerísmo plano, su rostro se junta cariñosamente con el de una niña de unos cuatro o cinco años. Sin miramientos de ninguna clase, la susodicha muestra un rostro más radiante, más blanco y brillante, y con menos arrugas que el de la niña camboyana. Qué poca clase, señora, qué desvergüenza todo junto.

lunes, 23 de abril de 2012

LA VIDA Y TUS PLANES

Yo, más que de los Beatles, en realidad soy de Lennon. Así es, por todos esos motivos que ya conocéis y por otros muchos más, que tampoco son estrictamente musicales. Una de sus innumerables y geniales salidas fue sentenciar que "la vida es aquello que te pasa mientras andas haciendo planes". Qué gran verdad. Esta mañana, viernes, sin ir más lejos, se me presentaba una jornada que no me apetecía mucho afrontar. Aparte de los problemas agudos que me esperan cotidianamente sobre la mesa, y que uno va arreglando como buenamente puede, tenía que visitar al dentista y trasladarme a la Feria de Barcelona. El dentista me tenía que recolocar un tapón de metal sobre una rosca, que en su día alojará un implante molar (que quede entre nosotros, pero mi sonrisa comienza a perder cierta naturalidad). No me da tiempo, lo dejo para el lunes, lo cual pagaré caro. En la feria, que me pilla en la otra punta de la ciudad, debía de recoger el dorsal de la carrera del domingo, la de los bomberos (reto: acabarla a secas).

En el coche hacia la feria, a la que me dirijo con fastidio, me acompaña la radio con una tertulia. Empiezan a aburrirme. Siguen hablando del gran perdón y parece haber un gran consenso: el rey está perdonado. Pelillos a la mar. No seré yo quien vaya a echarle cuentas al rey, si bien me pregunto si el difunto paquidermo le habrá perdonado ya por haberle exterminado de su paraíso en el Delta del Okavango, donde cuentan que los atardeceres son de un rojo interminable. Como ecologista dominguero en excedencia, yo le recomendaría a Su Alteza no volver por allí en mucho tiempo. Dicen que los elefantes tienen mucha memoria (sic. memoria de elefante), por lo que le estarán esperando con los colmillos abiertos. Llego a la Feria, recojo el dorsal y con éste, mira por dónde, me dan acceso al Salón Internacional de Turismo de Catalunya -cosas del marketing moderno-. No puedo evitarlo y allí mismo me concedo un rato para recorrerlo. Qué fuerte, encuentro amigos a manta. ¡Vicente! ¡Mi primer y único jefe los años que trabajé de guía! Le veo en forma. Charlamos un rato de los viejos tiempos y me invita a que siga recorriendo la feria, "seguro que te encuentras con viejos amigos", me dice. Es cierto, lo de ver viejos amigos siempre tiene algo de cálido, pero luego es inevitable que te remueva la memoria durante algunos días. Me encuentro con Jordi B. unos stands más allá. Otro gran abrazo. Repasamos los últimos acontecimientos que nos ocurren, caemos en la cuenta de que sin querer los sucesos se nos agolpan ya como para afrontar toda una biografía. También compartimos muchos recuerdos de chavales. Hasta pronto, viejo amigo, sigue en esa buena forma. Algunas caras más, más abrazos y cómo te va. No está mal, después de todo, el viernes ha salido estupendo.

Es ya domingo por la mañana, y unos cuantos amigos y Mari C. nos vamos a correr. El circuito por el centro de Barcelona es sencillamente impresionante. No cambia la cosa, cuando llevo unos cuantos kilómetros me da por pensar qué diantres pinto yo pasándolo mal entre esta marea humana vestida de morado. Hay mucho público, nos animan a rabiar y se agradece. Los turistas, como siempre despitados, alucinan con el inesperado espectáculo. No llevo mal ritmo de carrera, pero me falta algo de entrenamiento. Como siempre, pienso entonces, acabaremos y gracias. Sin embargo, cuando llegas la meta todo se pasa, respiras a fondo y ya piensas en la carrera siguiente. Aún y con todo, coincidencias, la carrera que me preocupa hoy no es la que corro yo, es una que se celebra en Sant Cugat un par de horas más tarde. Será la  primera vez que mi hija compite a algo un poco serio, para ella muy serio, un cross infantil entre varios colegios. Esta ilusionada, pero nerviosa. Se acerca a la línea de salida, se coloca con precisión, mira al juez de forma penetrante, concentrada, dispuesta a darlo todo. De repente la veo muy mayor, algo me cruje por dentro. Súbitamente se escucha el disparo de salida, y las niñas salen corriendo a través de la montaña. Al cabo de poco tiempo, aparecen de nuevo entre los árboles y se acaba la carrera. Ha ido todo bien, no se ha hecho daño y está contenta de cómo lo ha hecho.

 Hoy es lunes y es Sant Jordi en Barcelona, me toca regalar rosas por doquier, lo cual me encanta. A ella de momento, se la regalo yo.

martes, 3 de abril de 2012

I DO LOVE AMSTERDAM

Moras, arándanos y frambuesas. Las meto en un cuenco y echo un yogur con azúcar. Luego el zumo de naranja, es rojo. Me lo tomo mirando al jardín, urbano, no muy profundo, algo desordenado, pero me resulta un caos lleno de belleza. Arriba un cielo azul nítido, moteado de palomas y patos; creo que oigo campanas de una torre cercana. Vuelvo sobre el desayuno, inmenso sobre una mesa de madera en una cocina hogareña, salpicada de cuadros, flores y plantas. Mario, el dueño del alojamiento, en la tranquila zona de Wetermarkt, se sienta conmigo y me pregunta mientras saboreamos un café. Dice que le gusta mi país, mi ciudad le enamora y que las cosas, no te engañes, por aquí están igual de mal. Cambio de conversación, me fatiga el tema de la crisis a todas horas y en todas partes.

Salgo de la mano con Carmen -¡qué fría!-, vadeamos los canales hasta el mercadillo de los tulipanes. Un timbre nos alerta de una bicicleta. Dos chicas jóvenes, muy rubias y bellas nos miran y sonríen. Los tulipanes no llegarían vivos a España, me dice ella. ¿Y las semillas? Tú no las cuidarás. Un museo. El maestro Rembrandt compró una casa de tres plantas en el barrio viejo de Amsterdam hacia 1683, la gravó con una hipoteca. Allí impartía clases de pintura y grabado, tenía su estudio, vivía con su mujer y como era costumbre entre los pintores de la época, también vendía cuadros, suyos y de otros colegas. Las cosas empezaron a ir mal al cabo de varios años, dejó de tener muchos alumnos, se divorció de su mujer, le abonó una cuantiosa pensión, dejaron de venderse cuadros y el banco se le echó encima y se quedó con la casa. ¿Historia antigua? Pues a mí me suena a moderna. Se subastaron todos los objetos de la vivienda y de aquel registro se pudo reconstruir el hogar del pintor. Murió pobre.

Es domingo, pero muchos comercios abren. Descansan el lunes, libertad de horarios. Raro es el comercio que no se adorna de bellas telas al óleo, modernas o no, abstractas o figurativas, esculturas y pinturas en cada rincón de cada hogar, de cada negocio. La cultura no es una pose, una campaña, o una moda. El arte se vive a todas horas. Menudean estudios de jóvenes pintores por el centro, señal de que el arte no es un oficio de locos, frikis o hippis. Se trata de un oficio respetado y valorado. Ayer noche, comentamos en una terraza a la orilla del canal, la gente se echó a la calle en masa. El anticiclón le regaló a la ciudad una inusitada bonanza que invitaba al callejeo. La edad no es un tabú. Todos se mezclan a la hora de salir y conversar, con canas o no, con arrugas o sin ellas. Los locales se abarrotan, son cafés y bares a pie de calle. La música no tapa en ningún caso la conversación de la gente, les gusta hablar, intercambiar experiencias sin que un pitido prolongado les arruine el oído. La conversación es casi una religión que no se profana. A según qué pasos se advierte olor a marihuana, la hay por todas partes, sin embargo la adicción no es allí un problema, ni tampoco el alcohol.


Seguimos andando. Es verdad, Carmen tiene razón. No usan cortinas y no parecen preocupados porque se vea el interior de las casas. Libros y libros, cuadros y más cuadros. Se acerca el mediodía. Una pareja de avanzada mediana edad se besa sin contemplaciones sobre un puente elevado. Es un beso distendido, prolongado, sin menudencias. Un barco pasa bajo el puente y tampoco se le oye. I do love Amsterdam.

viernes, 16 de marzo de 2012

CON LAS ATADURAS JUSTAS

             Ha pasado demasiado tiempo. Como siempre. Creo que casi he olvidado sus rasgos extremadamente rugosos y cobrizos, pero no su mirada. Una mirada oscura y brillante a la vez, algo enrojecida, serena, sabia. Mientras le hablaba al viejo hindú, en un atiborrado comercio de Varanasi, primero me miraba con curiosidad, luego con algo de incredulidad, más tarde con compasión, hasta que frunció el ceño como concluyendo que yo le parecía un tipo extraño, igual de extraño que todos los de mi clase, y acaso todos los de mi mundo; por fortuna, lejano y extraño mundo, debió pensar.

              Frente a un té le relataba nuestra forma de vida. Estudiábamos de jóvenes, y más tarde trabajábamos. Pedíamos dinero al banco para pagar una vivienda, el préstamo lo devolvíamos durante gran parte del resto de nuestra vida, y bastante más de lo que nos dejaron. La mayor parte de nuestra gente, yo le comentaba, tiene que pagar cada mes letras por el coche, por los frigoríficos y los aparatos, por el teléfono,la luz,... hasta por juguetes de los niños... Es una lucha constante para salir adelante, día a día, año tras año. No entendía nada aquel hombre, mi viejo amigo hindú. Tanto esfuerzo durante tanto tiempo, ellos, que procuran planear como mucho lo que harán dentro de media hora... Tampoco entendía porque acumulábamos cosas, compramos ropa cada dos por tres, por qué nos pasamos la vida de aqui para allá... De vez en cuando miraba a su amigo, tan cobrizo y sonriente como él, en plena sintonía con sus pensamientos y en general en plena comunión con el pausado ritmo y la adormilante atmósfera vital de aquella latitud. Los amigos intercambiaban un momento de silencio, parecían decirse ¡qué sonados andan por occidente! Lo dejé estar, mientras más hablaba en mi atropellada verborrea yo mismo me iba convenciendo lo superfluas que resultan la mayor parte de cosas que nos rodean por aquí. No hicieron falta más conclusiones en aquella conversación. Vistas las circunstancias, concluí que lo mejor era unirme a su silencio reflexivo. ¿Más té? me acabó diciendo.
           
De aquella antigua correría por la India volví pensando de forma muy diferente, aprendí a relativizarlo todo, a valorar más el aquí y el ahora. Y aunque a menudo olvido todo lo que aquella buena gente me enseñó -difícil es abstrerse del torbellino consumista-, sobre todo esa innata capacidad de ser felices sin necesidad de acumular nada, procuro de vez en cuando volver sobre esos recuerdos. Admito que a medida que pasa el tiempo, menos me cuesta entender esa sencilla y eficaz forma de ver las cosas, más ganas siento de no acumular nada, de soltar la mochila, mirar adelante y caminar con las ataduras justas.


viernes, 2 de marzo de 2012

QUE DUROS CONTRASTES!

Cuesta escribir de cualquier otra cosa cuando no paras de observar como un sanguinario y sucio dictador, por muchos trajes finos y corbatas que se ponga, castiga de forma impune a una población civil cuyo único delito  cometido es decir en voz alta que está harta de sus fechorías y que quiere elecciones libres. Así son las cosas, desgraciadamente, no solo en Siria, sino en casi la mitad del mundo, un vasto imperio del mal en el que todavía queda mucho por hacer en el terreno de los derechos humanos y de las libertades cívicas. Y cuesta creer como semejantes sátrapas todavía son apoyados por potencias con un dudoso derecho a veto en el Consejo de Naciones Unidas como Rusia y China. Será que también tienen cosas y casos que ocultar. Lo único que me deja tranquilo es saber qué final les espera a la gran mayoría de esos sujetos: el desprecio de la historia y un término letalmente crudo .

Pero así de complejo y cruel es a veces nuestro mundo, hemos de hacer verdaderos esfuerzos por no tornarnos esquizofrénicos y saber recibir con igual flema, en el lapso de un mismo informativo, las últimas bajas de un bombardeo que los premios cinematográficos que llevan mi nombre, sin mi permiso.Y menos mal que lo logramos, que somos capaces de cambiar el estado de ánimo en cuestión de pocos minutos, porque si no sería realmente difícil convivir con la olla de grillos que nos sirven a diario los medios de comunicación.


Pero la blanca y lánguida pierna que tanto se esforzó por mostrar Angie a cada instante de la gala -tampoco sus piernas son para tanto, la verdad-, la mareante redondez colateral de los senos de Irina Sahyk en la fiesta posterior de Vanity Fair o el susurrante momento que concedió J Lo insinuando lo mejor de su amplio escote no nos deben hacer olvidar el infeliz destino que otros tienen sin saber por qué. No diré que esté en contra del oropel tremendo y del derroche de sueños y sonrisas que cada vez más frecuentan estas fechas, del autobombo sin fin que algunos colectivos se regalan a base de concederse premios y más premios, tantos que parecen que algunos han descubierto la penicilina y salvan al mundo de la desesperación. Al contrario, como a la mayoría del personal, supongo, me gusta igualmente consumir momentos frívolos e inconsecuentes. Pero no sé, acaso fuera más sensible y prudente que en la mayoría de medios no se sirviera, casi sin solución de continuidad, un platito de caviar y un vaso de cicuta. Cuestión de respeto, a lo mejor.

martes, 14 de febrero de 2012

WE ALL LOVE YOU, WHITNEY.

Cuando alguien reúne más de cuatrocientos premios por una brillante carrera, cuando la naturaleza te ha concedido el raro don de mostrar tu cuerpo y causar una arrolladora admiración, cuando miles y miles de hombres suspiran por una sonrisa tuya, cuando prohombres, presidentes y celebridades de todo el planeta se inclinan a tu paso, rindiendo pleitesía a tu voz, a tu talento, a tu clase, cuando la fortuna te ha sonreído tanto y tanto cariño has recibido, parece imposible que la soledad te embargue hasta la tristeza, la extenuación y la muerte. Pero lo es, desgraciadamente es posible y de qué manera. Cuando ni la maternidad te satisface y ni siquiera la sonrisa de tu hija es capaz de rescatarte de esa inabarcable melancolía, la depresión y el abandono te pueden, te someten y te acaban matando. 

No, desde luego, no parece comprensible que una belleza que hacía palidecer de envidia a muchas modelos de su época, que viéndola cantar, caían en la cuenta de lo poco comparable que resultaba su sola belleza, cuando a la belleza se le reunía un talento demoledor como el que mostraba la diva de Newark, pueda acabar de esta calamitosa forma. Si algún apelativo describía con relativa justicia a Whitney era "deslumbrante", y con todas las mayúsculas. Y debe decirse que ese apelativo resultaba muy caro para una persona que explotó en la rara década de los ochenta, en la que debía convivir con monstruos instalados en su cénit como Jacko, Springsteen, Michael Jordan, Madonna, o Mandela, y un largo etcétera en todos los campos del saber y la cultura, lo cual es mucho decir. Whitney era así, talento y belleza en estado puro, entrega sin aristas, incomparable genio en cada gramo de su cuerpo, en cada prequeña brizna de su voz.

E igualmente cuesta creer que semejante diosa se pirrara por un verdadero mastuerzo que, por contra, reunía todos los defectos que a uno se le puedan ocurrir, aparte de la más completa cobardía . Además de todas las adicciones, el tipo era un vulgar y ruín maltratador, un envidioso machista, una mala persona incapaz de reconocer la inconmesurable dicha que la vida le entregaba sin pedirle nada a cambio. Qué ironías... Desde que lo conoció, vaya día, Whitney, que además de belleza y talento, era hasta ese momento todo cordura, prudencia y buena imagen, cambió y de qué forma. Su corazón palideció, olvidó la alegría de vivir y de disfrutar de su gloria, para abrazar la deseperación, el desprecio de un imbécil y la adicción. Como admirador suyo me refugié en sus discos, en su voz imperecedera, y me resistí a saber de su lento e irrefrenable declive, de su eterna persecución por una felicidad que se le negaba. Yo me quedaré siempre con aquella belleza que tuve el honor de contemplar en su flor y bien de cerca, una lejana noche de verano, en la que su voz, sólo acompañada por un piano, hizo estremecer hasta los mismísimos cimientos de la Monumental en Barcelona. Espero que ahora por fin sí puedas ser feliz. Besos, Whitney.

viernes, 10 de febrero de 2012

CINCUENTA PICOGRAMOS

         Se ha de ser justito de entendederas, tener mala baba o ser un irredento resentido para no alcanzar a comprender que semejante infinitesimal cantidad de clembuterol en sangre (0,0000000000050 gramos= 50 picogramos) no da ni para estimular el músculo del párpado, y menos aún para recorrer una carrera ciclista de veite etapas y más de dos mil kilómetros, varias cumbres alpinas incluidas. Eso será otra cosa, no sé cual, pero no es doparse. ¿A qué se debe, pues, la formidable reacción en masa de la prensa francesa y demás medios de comunicación, lanzándose en tromba, no ya a acusar a Contador de drogarse directamente, si no por extensión pazguata de doparse a todo el deporte español? Me considero suficientemente preparado para buscar otros términos qué puedan definir semajante conducta, pero  esta vez me inclino por ser más bien directo: purita envidia..., y una pizquita de xenofobia.

          No, no exagero. Los constantes y ya tradicionales pitidos del público de la central de Roland Garros hacia Nadal y los súbitos y ruidosos romances que experimenta ese público con cualquier rival al que se enfrente el tenista mallorquín, aunque sea de Singapur y no sepa coger una raqueta, que más dará, ni son flor de un día ni una abrupta casualidad. Se trata de una tendencia que se viene gestando ya desde los tiempos de los Sánchez Vicario, Sergi Casal y Sergi Bruguera a los que la prensa deportiva francesa, junto al resto de tenistas españoles que acudían al torneo, tildaban sin cortarse un pelo, como "ratas de tierra". Así son de delicados y sutiles los medios franceses, que no dudan a la hora de sustituir una autocrítica por el mal papel de los suyos por un insulto generalizado hacia sus rivales. Hace ya unos meses el FC Barcelona ganó en los Tribunales parisinos una demanda civil por haber sido objeto de esa misma difamación por un rotativo parisino, periódico que fue condenado a pagar una ridícula multa comparada con el daño a la imagen que se le propina a la institución perjudicada. Digamos, de paso, que esa difamante práctica también ha hecho fortuna en algún medio español, la COPE que, citando a fuentes de la casa blanca acusó hace unos meses de lo mismo a los futbolistas catalanes. En ese caso, no obstante, cómo no, la cosa quedó ahí y no salió nigún federativo a pedir explicaciones. Pero esa es otra historia.

       La tendencia sólida de los medios franceses acabó detonando en noviembre del año pasado cuando, el iluminado y simpático Yannick Noha, ex-tenista (más famoso en el circuito por sus chistes y los shows que montaba que por los torneos que ganaba) acusó en las páginas de Le Monde a los deportistas españoles de ganar trofeos gracias a sus "pociones mágicas". Incauto él, obligó al ministro de deportes galo a solicitar disculpas por esas "graves e irresponsables acusaciones". Pero el mal buscado, que era presionar sobre el veredicto en busca de una condena y vertir porquería sobre el ciclista de Pinto en fechas próximas al fallo del Tribunal del Deporte, estaba ya hecho. Le salió gratis al simpático saltarín.

         El año 1998 explotó el positivo de dopaje de Richard Virenque, ciclista francés y protagonista principal del escándalo "operación Festina", que a la postre fue inhabilitado por dos años. A nadie en su sano juicio se le ocurrió por entonces acusar, por extensión geográfica, a Zinedine Zidane de doparse, de que sus fintas y sus pases se debieran a ninguna "poción mágica". Jeanni Longo ha sido relacionada ya en dos ocasiones con el mismo tema, con una detención policial de su marido incluida (y no dudéis de que esos medios se tragarán cualquier excusa que ofrezca el infeliz por trapichear con EPO) sin que nadie se le ocurra dudar de Abidal o Benzema por una cosa que les queda tan lejos. Por supuesto, no tendría ningún sentido. Envidia, falta de talento y de trofeos, incontenida frustración por las glorias de los demás, empujan a la prensa francesa a disparar indiscriminadamente y a no hacer autocrítica por su larga travesía en el desierto. Lo siento por ellos, amigos, como diría un castizo, ajo y agua.





viernes, 3 de febrero de 2012

FOREVER YOUNG ?

Como siga así, me puedo encontrar con alguien que me acabe nombrando corresponsal en Roma. Lo cierto es que últimamente escribo bastantes cosas que tienen que ver con Italia, y nada tiene que ver con que estuviera por allí trabajando algún tiempo, a temporadas,  en mis tiempos (más) mozos y sienta una nostalgia impenitente, en absoluto. Supongo que será sólo una casualidad. En fin, el caso es que me han llamado la atención (tanto como a millones de italianos) las palabras del primer ministro Monti, cuando trata de convencer a la gente joven de que se olvide de puestos de trabajos duraderos, "menudo aburrimiento", viene a decir, hay que conformarse con labores más efímeras, contratos a corto plazo que dan a la vida una salsa que los otros no tienen... Si no fuera por su tono vanidoso-académico, por sus repeinadas canas, por su pose intelectualoide-arrogante, por sus trajes demodé, por su torvo aspecto de contable resentido, por su nefasto sentido del humor, creo que casi me hubiera caído bien. Detalles, nos matan los detalles.

Y lo que más revienta, es que a lo mejor hasta da en el clavo: que los chavales de ahora deberán lidiar con un futuro laboral fragmentado, inestable, con la quinta esencia de lo que se dice ahora la "sociedad del riesgo". Menudo panorama. Y quizá ya no sea algo de futuro, sino de presente rabioso. Hace un par de tardes me quedé helado al oir en la SER a un hombre de 37 años, recién cumplidos, trabajador hasta hace escasos días de SPANAIR, asegurar ante el micro que con el colapso de la empresa su carrera profesional en la aviación civil había acabado. Un compañero de poco más de cuarenta, también presente en la entrevista que les hacía G. Nierga, decía también que a su edad, lo del cambio de actividad profesional lo daba más que por hecho. Amigos míos, debo confesar que no entiendo nada, todos los fundamentos del mercado laboral de hace seis o siete años, ya no sirven para nada, cualquiera puede quedar inservible, igual de amortizado que un PC de seis años, poco antes de que entre en la crisis de los cuarenta. Impresionante. No te digo nada si el infortunio te llega con los cincuenta...Desde luego, la Europa política y económica va últimamente muy despistada, eso es una evidencia, pero lo que es la Europa social, desde luego es un auténtico fracaso.

En otro orden de factores, ese joven de tan sólo treinta y pico, de Palma de Mallorca, que deberá cambiar de actividad económica por su "avanzada edad", le echó un par a la hora de analizar la crisis de SPANAIR, asegurando que, en su opinión, el colapso de la compañía aérea tenía su origen, además de una gestión atropellada, en la frontal oposición de IBERIA -que sigue recibiendo ayudas estatales, de esas que pagamos todos, en todo el estado, en forma de infraestructuras- a que le crezcan competidores serios en los vuelos de largo radio. Yo me lo creo, es más, estaba completamente seguro de ello antes de que él dijera nada, y sobre todo desde que hace unos diez días saliera en los medios de comunicación el Presidente de Iberia, hablando muy mal de su competidora, en un tono muy beligerante, cosa que no le honra precisamente, asegurando que le concedía muy poco futuro a SPANAIR. ¿Por qué esa indisimulada beligerancia? ¿De dónde venían las informaciones que barajaba el Presidente de Iberia? Todo se sabrá a su debido tiempo. Y es que en España, este monopolio muy poco encubierto, como otros tantos que todavía quedan redivivos desde el franquismo, luchan porque todavía hayan cosas intocables en este país, tabúes que algún día también caerán por su propio peso, que a nadie le quepa ninguna duda. Les deseo suerte, de todo corazón, a los despedidos de SPANAIR, tengan la edad que tengan.

martes, 17 de enero de 2012

FACTOR HUMANO

Las navidades son ya un recuerdo. Nos hemos zambullido en el doce con la misma cantinela horrísona del año anterior: recortes y paro. Hay caras nuevas, no obstante, como las del flamante nuevo Presidente que ahora pilota esta nave en rumbo desnortado y en medio de aguas turbulentas. Caras nuevas pero expresiones antiguas, porque no sé si será cosa sólo mía, pero tengo la impresión de que al nuevo piloto, al que apenas le ha durado su palabra de no subir los impuestos un par de días si llega,  lleva puesta una cara de espanto que no se la quita ni para dormir. Ignoro lo que, una vez ya gobierna el timón, esté oteando en lontananza... Dicen que no es verdad lo de que todos los políticos son iguales, quizá sea cierto, pero si no son iguales, por lo menos se parecen mucho. O como diría el recientemente fallecido, Manuel Fraga, lo que pasa en realidad es que "unos son más iguales que otros".

Alba me recuerda que hace días que no digo nada por aquí. Le respondo que es que poco me queda que decir ya. No sé que contar que tenga un mínimo de interés. Me resisto a hablar de política, me empieza a aburrir lo del deporte, a casi nada le veo ya el interés. Mari Carmen me recomienda que haga como de costumbre y me deje atrapar por la actualidad, y en eso estaba sin acabar de ver nada sobresaliente..., hasta que por desgracia encalló el super-crucero en costas de la Toscana. Desde el primer momento no salí de mi asombro. Nuestra teconología permite hace tiempo pilotar naves, en el aire o sobre el mar, totalmente a ciegas, dejando el papel de cualquier ser humano en algo de veras inútil. Es más, a poco que se esforzaran, estoy convencido de que en proa podrían instalar aparatos láser para hacer desaparecer cualquier obstáculo que se interpusiera en su derrota. Pero no, somos todavía muy (des)confiados y necesitamos personas capaces de supervisar las máquinas y más tarde, por lo visto, capaces de estropear su inmaculado cometido. 

Hace poco en una tertulia dominical de radio, unos científicos hablaban sobre los vuelos espaciales. Uno de ellos ponía en duda la utilidad de los vuelos tripulados, ¿para qué?, se preguntaba, si las máquinas son capaces de depositar la nave en cualquier lugar de la galaxia con un margen de error cero y con nulo riesgo de seguridad para nadie. Lo único que a la larga cabía esperar del ser humano era un error fatal...Y es que, presunción de inocencia por delante, como siempre, en el caso del crucero italiano, una vez más queda demostrado que la complejidad tecnológica se muestra todavía incapaz de superar la más peligrosa y a la vez excitante de las variables: el factor humano. Pudieron más las ganas de impresionar del capitán -todavía está por ver a quién realmente quería impresionar al frisar de forma temeraria los roquedos del litoral- que el deber de no traicionar al reglamento y desobedecer el dictado del ordenador de a bordo. Podéis apostar toda vuestra fortuna que al cerebro informático del barco jamás se le hubiera pasado por la cabeza acercarse a nigún escollo colocando en peligro a los pasajeros del barco y mucho menos hubiera sentido la necesidad de impresionar a nadie. Es por eso que yo, un admirador más de Isaac Asimov, sostengo que las máquinas, la mayor parte de las veces, se comportan con mayor humanidad que los propios seres humanos.