viernes, 2 de marzo de 2012

QUE DUROS CONTRASTES!

Cuesta escribir de cualquier otra cosa cuando no paras de observar como un sanguinario y sucio dictador, por muchos trajes finos y corbatas que se ponga, castiga de forma impune a una población civil cuyo único delito  cometido es decir en voz alta que está harta de sus fechorías y que quiere elecciones libres. Así son las cosas, desgraciadamente, no solo en Siria, sino en casi la mitad del mundo, un vasto imperio del mal en el que todavía queda mucho por hacer en el terreno de los derechos humanos y de las libertades cívicas. Y cuesta creer como semejantes sátrapas todavía son apoyados por potencias con un dudoso derecho a veto en el Consejo de Naciones Unidas como Rusia y China. Será que también tienen cosas y casos que ocultar. Lo único que me deja tranquilo es saber qué final les espera a la gran mayoría de esos sujetos: el desprecio de la historia y un término letalmente crudo .

Pero así de complejo y cruel es a veces nuestro mundo, hemos de hacer verdaderos esfuerzos por no tornarnos esquizofrénicos y saber recibir con igual flema, en el lapso de un mismo informativo, las últimas bajas de un bombardeo que los premios cinematográficos que llevan mi nombre, sin mi permiso.Y menos mal que lo logramos, que somos capaces de cambiar el estado de ánimo en cuestión de pocos minutos, porque si no sería realmente difícil convivir con la olla de grillos que nos sirven a diario los medios de comunicación.


Pero la blanca y lánguida pierna que tanto se esforzó por mostrar Angie a cada instante de la gala -tampoco sus piernas son para tanto, la verdad-, la mareante redondez colateral de los senos de Irina Sahyk en la fiesta posterior de Vanity Fair o el susurrante momento que concedió J Lo insinuando lo mejor de su amplio escote no nos deben hacer olvidar el infeliz destino que otros tienen sin saber por qué. No diré que esté en contra del oropel tremendo y del derroche de sueños y sonrisas que cada vez más frecuentan estas fechas, del autobombo sin fin que algunos colectivos se regalan a base de concederse premios y más premios, tantos que parecen que algunos han descubierto la penicilina y salvan al mundo de la desesperación. Al contrario, como a la mayoría del personal, supongo, me gusta igualmente consumir momentos frívolos e inconsecuentes. Pero no sé, acaso fuera más sensible y prudente que en la mayoría de medios no se sirviera, casi sin solución de continuidad, un platito de caviar y un vaso de cicuta. Cuestión de respeto, a lo mejor.

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