Se ha de ser justito de entendederas, tener mala baba o ser un irredento resentido para no alcanzar a comprender que semejante infinitesimal cantidad de clembuterol en sangre (0,0000000000050 gramos= 50 picogramos) no da ni para estimular el músculo del párpado, y menos aún para recorrer una carrera ciclista de veite etapas y más de dos mil kilómetros, varias cumbres alpinas incluidas. Eso será otra cosa, no sé cual, pero no es doparse. ¿A qué se debe, pues, la formidable reacción en masa de la prensa francesa y demás medios de comunicación, lanzándose en tromba, no ya a acusar a Contador de drogarse directamente, si no por extensión pazguata de doparse a todo el deporte español? Me considero suficientemente preparado para buscar otros términos qué puedan definir semajante conducta, pero esta vez me inclino por ser más bien directo: purita envidia..., y una pizquita de xenofobia. No, no exagero. Los constantes y ya tradicionales pitidos del público de la central de Roland Garros hacia Nadal y los súbitos y ruidosos romances que experimenta ese público con cualquier rival al que se enfrente el tenista mallorquín, aunque sea de Singapur y no sepa coger una raqueta, que más dará, ni son flor de un día ni una abrupta casualidad. Se trata de una tendencia que se viene gestando ya desde los tiempos de los Sánchez Vicario, Sergi Casal y Sergi Bruguera a los que la prensa deportiva francesa, junto al resto de tenistas españoles que acudían al torneo, tildaban sin cortarse un pelo, como "ratas de tierra". Así son de delicados y sutiles los medios franceses, que no dudan a la hora de sustituir una autocrítica por el mal papel de los suyos por un insulto generalizado hacia sus rivales. Hace ya unos meses el FC Barcelona ganó en los Tribunales parisinos una demanda civil por haber sido objeto de esa misma difamación por un rotativo parisino, periódico que fue condenado a pagar una ridícula multa comparada con el daño a la imagen que se le propina a la institución perjudicada. Digamos, de paso, que esa difamante práctica también ha hecho fortuna en algún medio español, la COPE que, citando a fuentes de la casa blanca acusó hace unos meses de lo mismo a los futbolistas catalanes. En ese caso, no obstante, cómo no, la cosa quedó ahí y no salió nigún federativo a pedir explicaciones. Pero esa es otra historia.
La tendencia sólida de los medios franceses acabó detonando en noviembre del año pasado cuando, el iluminado y simpático Yannick Noha, ex-tenista (más famoso en el circuito por sus chistes y los shows que montaba que por los torneos que ganaba) acusó en las páginas de Le Monde a los deportistas españoles de ganar trofeos gracias a sus "pociones mágicas". Incauto él, obligó al ministro de deportes galo a solicitar disculpas por esas "graves e irresponsables acusaciones". Pero el mal buscado, que era presionar sobre el veredicto en busca de una condena y vertir porquería sobre el ciclista de Pinto en fechas próximas al fallo del Tribunal del Deporte, estaba ya hecho. Le salió gratis al simpático saltarín.
El año 1998 explotó el positivo de dopaje de Richard Virenque, ciclista francés y protagonista principal del escándalo "operación Festina", que a la postre fue inhabilitado por dos años. A nadie en su sano juicio se le ocurrió por entonces acusar, por extensión geográfica, a Zinedine Zidane de doparse, de que sus fintas y sus pases se debieran a ninguna "poción mágica". Jeanni Longo ha sido relacionada ya en dos ocasiones con el mismo tema, con una detención policial de su marido incluida (y no dudéis de que esos medios se tragarán cualquier excusa que ofrezca el infeliz por trapichear con EPO) sin que nadie se le ocurra dudar de Abidal o Benzema por una cosa que les queda tan lejos. Por supuesto, no tendría ningún sentido. Envidia, falta de talento y de trofeos, incontenida frustración por las glorias de los demás, empujan a la prensa francesa a disparar indiscriminadamente y a no hacer autocrítica por su larga travesía en el desierto. Lo siento por ellos, amigos, como diría un castizo, ajo y agua.
No hay comentarios:
Publicar un comentario