lunes, 24 de octubre de 2011

Y LLEGÓ LA PAZ...

Un joven veinteañero de complexión más bien delgada y cara de niño conduce un Opel Corsa blanco por la Avenida Meridiana de Barcelona, una lejana tarde del 87. Pasa por la entrada de esa larga travesía sobre las tres de la tarde en medio de un tráfico denso. Se dirige a un examen en la facultad de derecho. No las tiene todas consigo. Ha trabajado duro el último par de meses, el esfuerzo ha sido intenso pero la materia es de un  tal voluminoso que sigue asustando, aún hoy, más de dos décadas después. Es viernes tarde, mucho tráfico se cruza en sentido contrario para salir de fin de semana de la ciudad, y él no puede evitar un acceso de  envidia viendo los coches huir nerviosos desde el centro, buscando el descanso lejos del ruido. No obstante,  piensa, no está todo perdido. Mañana cumplirá veintidós y respirará por una noche - de fiesta- de tanta tensión. Para evitar que le atosiguen los nervios en exceso, en tanto empieza a encarar el vehículo hacia  la Diagonal, piensa en el montón de cosas y de gente con la que podrá celebrarlo durante la larga noche del sábado 20 de junio.

Al salir de casa el Corsa blanco pasa por delante del establecimiento de A.C.U., un honesto comerciante de mediana edad en un barrio de las afueras de Barcelona, que esa tarde ha decidido abrir  su negocio un poco antes de lo habitual. Normalmente su esposa le acompaña en las tareas de la tienda, pero esa tarde, ahora no recuerdo por qué, ella decide ir con sus dos niñas a comprar a unos grandes almacenes, Hipercor. Pero  ese viernes no será un día cualquiera. Mientras las ve salir de la tienda A.C. no sabe que la desgracia se ha instalado en su vida para los restos, no sabe que cuando las ve irse juntas, será la última vez que las contemple con vida. Sobre las 16 horas y diez minutos, 30 kilos de amonal, 100 litros de gasolina y una cantidad indeterminada de pegamento adhesivo y escamas de jabón hasta un total de 200 kilos, estallaron al accionarse el temporizador que iba adosado a los explosivos, ocultos en el maletero de un Ford Sierra. La deflagración fue brutal, agujereó tres plantas del edificio comercial desde el parking, y entre la explosión y el fuego se llevaron la vida de 21 personas e hirieron de grave consideración a otras 45.

Huelga decir que para A.C.U. su vida dejó de ser vida y pasó a ser un infinito tormento de dolor. Ya jamás se recuperó. Años después, mientras A.C. intentaba a duras penas rehacer su pobre existencia, el joven del Corsa blanco, ya con su título bajo el brazo, trabó con él una buena amistad y una fecunda relación comercial. Tras años de lucha  en los tribunales, ya depuradas responsabilidades directas y subsidiarias por el atentado, A.C.U. no pudo más y se largó. Se fue sin dejar señas, y lo hizo para consumir lo que resta de vida cerca de cualquier playa, seguramente en algún bello rincón en el que poder mirar con calma el amanecer, mientras su caña de pescar reposa erguida sobre un mar sereno. Con la mirada perdida en el horizonte, ya no se pregunta nada, simplemente espera.


Los que mataban dicen que lo dejan definitivamente, que dejan de matar. Y yo celebro de veras el retorno de la paz, la razón y la concordia, cómo no. Pero no puedo quitarme de la cabeza esa pregunta que, mirándome a los ojos, me formuló A.C. en una lejana sobremesa con los ojos llorosos y los puños cerrados: "y toda esta mierda, ¿para qué?".

 Un humilde y sentido recuerdo para todas las víctimas de la violencia.

martes, 18 de octubre de 2011

GAIA


La hipótesis de "Gaia"  (J. Lovelock, 1969) establece un modelo cientiífico sobre la biosfera por el que todo aquello que sugiere vida sobre la capa de la Tierra actúa como un conjunto coordinado, de forma autónoma, capaz de autorregularse para que las condiciones adecuadas para la vida se sigan dando sin interrupción. En otras palabras, nuestro planeta azul dispondría de un sistema propio para facilitar las condiciones óptimas con las que la vida se perpetúe  Sería algo así como afirmar que la Tierra se conduce como un ser vivo que, reconociendo sus necesidades, actúa de la manera más conveniente para solventarlas por sí misma. Sobre esa bella hipótesis se podría seguir profundizando que, como un ser vivo, la biosfera puede padecer disfunciones y dolencias a causa de agentes externos que la agreden de forma sistemática, y enseguida  pensaríamos todos en la acción del hombre por la sobreexplotación de los recursos  naturales y la contaminación de los mismos.

Yo iría incluso un poco más allá, y me acordaría del subsuelo terrestre en permanente cambio, por prolongado y lento que se nos manifieste a lo largo del tiempo. Seguro que geólogos y geofísicos me darán la razón. Entonces, ya no sólo sería la capa de la biosfera, si no la Tierra entera como un  planeta que respira y padece, cuyo cambio constante en su seno obedece a la lógica de un ser vivo realmente complejo.  En este contexto de reflexión estaríamos ante un momento para felicitarnos, porque durante estos últimos días - lo que es apenas una mota de polvo en el incesante viento de los milenios-, la madre Tierra crea sobre el mar una porción de superficie que algún día albergará vida terrestre allí donde no la había. Y pensemos, que el nacimiento de una nueva isla, no es algo a lo que un breve ser humano pueda decir que esté acostumbrado.

Así ha sucedido estos días frente a la costa de la isla de El Hierro: las entrañas de la Tierra se han abierto para alumbrar un nuevo y pequeño islote, según han asegurado los científicos del CSIC. Los habitantes de la isla han venido mirando estos días hacia el cercano horizonte un tanto compungidos, esperando que ese parto de magma no terminara en una dolorosa catástrofe. Y de momento, todo parece indicar que, afortunadamente, se trata de un nacimiento sereno. Con sus pequeños problemas, pero tranquilo después de todo. Es verdad que eso no ha evitado ciertos momentos de agobio a la estoica población de la isla afortunada -que sí pueden decir con orgullo estar viviendo sobre la boca de un volcán-, y más concretamente al vecindario de La Restinga. Se han sucedido escenas de trasiego urgente,  pequeños temblores de tierra, con sus simulacros y protocolos de seguridad, pero tras el feliz parto todos van regresando a su casa algo más aliviados y un punto espectantes ante el aspecto que tendrá la nueva criatura. Enhorabuena a la madre Tierra, nuestra casa, la que todo lo creó.

lunes, 10 de octubre de 2011

FREAKS ("frikis")

Hay días que parece que pasan más cosas que otros, no sé por qué, o  quizá me da la sensación a mí. El miércóles pasado, por ejemplo, la Duquesa octogenaria se casó con un señor que no conozco, y acto seguido se marcó un anteproyecto de zapateado que ha sido comentado hasta en los últimos confines de la galaxia. Ese mismo día, Tito Vilanova fue sancionado por un "juez" deportivo por agredir al pobrecito Mou, metiendo su violento ojo en el dedo inocente del entrenador merengue, la quinta esencia de la deportividad y el buen rollito. Mientras, en Nueva York, la lucha de los jóvenes indignados crece por momentos y comienzan a pedir responsabilidades a los tiburones de Wall Street. En España un ministro se querella porque le acusan de haber sucumbido al olor del dinero. Y en efecto, entre tanta mediocridad como nos abruma, tienes razón, se apagó la luz solar de un verdadero astro, Steve Jobs.

Entre la miríada de efectos de la era de la globalización se encuentra, ya lo creo, el hecho de que  los ciudadanos de este bendito planeta podamos compartir mitos y referencias por muy lejanos que se encuentren de nuestro mapa. Al acercarse o desaparecer fronteras geográficas, los ídolos e ideales multiplican sus efectos y su capacidad de convocatoria. Steve Jobs era uno de esos iconos - que aun siendo americano lo sentimos como propio- que nuestra época  ofrecerá orgullosa a los tiempos venideros como un hito casi inalcanzable. Durante estos días se han glosado sus logros de forma profusa -combinar tecnología y estética, socializar los progresos informáticos, predicar la creatividad y  la empatía en la gran empresa...-, por lo que os considero ya a estas alturas bien ilustrados sobre el particular.

Personalmente prefiero detenerme en el perfil de ese joven de los locos y maravillosos setenta que frecuentaba poco las fiestas del campus universitario, que tenía poco tiempo para las chicas y bastante menos para el deporte. Se juntaba con lo más rarito de la clase, "freakes" les llamaban por pasar sus fines de semana en la penumbra de su garaje montando aparatos extraños de dudosa utilidad, en vez dejarse anonadar por  el dulce aroma de la marihuana y el áspero sonido del rock. Eran tan pusilánimes y obsesivos, que hasta a sus profesores lograban aburrír a base de preguntas retorcidas y teorías imposibles, unos infelices que no sabían disfrutar de la vida y que sólo se movían por el amor a cables, enchufes y demás trastos por el estilo. Pero todo eso a ellos les daba igual,  porque tenían una idea, y más que una idea, todo un plan, un señor proyecto que revolucionaría el mundo de las comunicaciones. No más contarlo a un puñado de amigos y familiares provocaron enormes sonrisas de compasión. Pero no se dejaron llevar por el desánimo ni las dificultades.  Prosiguieron con sus noches en vela por ver nacer el proyecto,  en la empresa casi se dejaron su juventud, su esfuerzo hasta el último aliento hasta que cierto día patentaron su idea, consiguieron venderla y su empresa creció más allá de aquel sórdido garaje, logrando por fin crear todo un imperio.


Decía el filósofo franco-argelino B. Henry-Levy, refiriéndose a su país  -y por aquí se lo he leído también a F.M. Álvaro- que era difícil que sugiera un país próspero cuando más de la mitad de su juventud sólo piensa en acceder a un puesto de funcionario. Sin perjuicio de tan necesaria función -pública-, debe reconocerse que son tipos como Jobs, esforzados, con sentido del riesgo y ambiciosos los que a partir de ideas concretas generan riqueza, trabajo y prestigio para un país. En estos tiempos de oscuridad, en los que tan necesitados estamos de luminarias y emprendedores, que no de trincones ni especuladores, reclamo la figura de tipos como Jobs que son los que siempre estarán dispuestos a tirar del carro.











lunes, 3 de octubre de 2011

TIBURON (remake)

Vaya, vaya. Ahora resulta, mira tú por dónde, que el majete de Alessio Rastani (citado ya en más de 460.000 páginas de itn), el "trader" de la City que hace unos días en una entrevista de la BBC profetizaba la muerte del Euro, la desaparición de nuestros ahorros -del que los tenga, quiero decir- y afirmó sin tapujos desear la mayor de las crisis para enriquecerse en un periquete era un vulgar impostor. Claro. Menos mal. Dormiré más tranquilo, dónde va a parar. Resulta también, según dicen, que no tenía licencia para operar en la plaza londinense. Por supuesto, no diré que no. Pero qué extraño me sigue pareciendo, que a una cadena estatal de la prestigiosa trayectoria de la BBC, le cuele semejante gol por la escuadra un bocazas del tres al cuarto. Maldito espíritu crítico que alguien me inoculó  hace no sé cuántos años ya, que sigo viendo fantasmas en este asunto por todas partes...

Desde luego que si  realmente Rastani alguna vez llegó a disponer de esa licencia de broker, a estas alturas, aparte de propinarle una docena de buenas collejas, ya se la habrán quitado para no retornársela jamás. Pero el verdadero problema  no es que Rastani fuera o no lo que dijo que era,  pobre infeliz, el drama de veras  reside en que en Londres y Nueva York, principalmente, hay decenas y decenas de tipos que piensan como él y anhelan un escenario como el que describió tan crudamente, que sí disponen de esa licencia para operar y lo hacen cada día con la misma voracidad predadora .

Es difícil hoy en día que la información pase desapercibida, y cada vez resulta más difícil manipular la realidad. Desde hace tiempo se sabe ya con datos en la mano que tras la crisis financiera que comenzó en Wall Street, donde los tipos como Rastani son muy valorados, a finales de 2007, se esconde una durísima batalla para liquidar al Euro como moneda de referencia, y de paso, mantener a sus economías en  una situación de debilidad con la que tipos como ese, y a nombre de sus entidades, puedan forrarse principalmente en operaciones a muy corto plazo.

Cuentan determinados analistas políticos,  y yo me inclino a creérlos, que uno de los varios factores reales que provocó el inicio de la II Guerra de Irak  fue que el Sr. Sadam Hussein  comenzó a exigir a sus compradores de petróleo el pago de los barriles en euros y no en dólares, ejemplo lesivo para los intereses anglosajones. En el 2002, Corea del Norte cambió de moneda oficial para sus transacciones internacionales del dólar al euro, y Rusia y China desde entonces, han ido  cambiando al alza gran parte de su reserva de divisas  de dólares a euros. La cosa , pues, no va en broma, porque ahora nuestra moneda conjunta es utilizada a diario por más de 350 millones de personas y otras 200 utilizan sus monedas asociadas. Desde julio del 2002 el euro supera la paridad con el dólar  y desde entonces su solidez -tan entredicho en sus primeros días- no ha palidecido ni por un momento. El número de intercambios comerciales a gran escala en esta divisa no para de incrementarse y el control del dinero en circulación en el mundo ha dejado de ser cosa de uno sólo. El antiguo prestigio del dólar y la libra esterlina, ahora lo tiene el euro,  y eso escuece y mucho. Nacionalismo rampante, especulación carnivora pura y dura, economía ficticia y victoria geoestratégica, objetivos que parecen ser compartidos por el el dúo anglosajón  para seguir permaneciendo en situación de control financiero mundial, que a la postre es control político, hoy día más eficaz y desde luego más inocuo que el militar.


En este orden de cosas tan sonrojante, ver como el otrora admirado Sr. Obama ("Yes, "I" can") regañaba la semana pasada tan arrogantemente a sus "socios" europeos , según él, por ser incapaces de controlar la crisis financiera resulta bochornoso. Entre las muchas decepciones que acumula ya el líder americano en tan corto espacio de mandato está la de su nula capacidad de controlar los mercados financieros, en su incomparecencia a la hora de regular los trapicheos de Wall Street que siguen menudeando tan inpune y negativamente para la economía mundial y su falta de comparecencia y liderazgo en la pacificación de los problemas políticos que rodean a los asuntos económicos. Para el que me diga que si tiene elecciones a la vuelta de la esquina, yo le contesto que eso a mí me da igual. A lo mejor, quién sabe, dando un paso al frente en favor de la estabilidad política y económica se encuentra que gana más votos que escurriendo el bulto  y tirando balones fuera. Qué pena, Obama empezó siendo diferente , "el diferente", y  acaba siendo más de lo mismo...¿Por qué no escucha a los indignados de Brooklyn en vez a los tiburones del Dow Jones? Los jóvenes detenidos son también americanos, comprometidos con su bandera y seguramente ex-votantes de su candidatura, no se olvide de eso señor Obama.