jueves, 30 de junio de 2011

ELOGIO DE LA TONTUNA

 El comienzo de la época estival se va pareciendo cada vez más a las navidades. Me refiero a que, de repente, llega el mes de junio y sin darte cuenta te vas colocando en actos y cenas de los colectivos a los que perteneces que muy sanamente quieren despedir el curso al llegar el verano. Bueno, socializar nunca es malo, aunque a veces resulte un poco agotador. Somos animales sociales, decía el viejo Aristoteles, y nuestra individualidad carecería de mucho sentido si no pudiera contrastarse con la de aquellos que nos rodean. Si a eso le añadimos a que nuestro prodigioso clima invita - yo diría empuja, más bien- a disfrutar de la compañía en el exterior a poco que asoma el solsticio de verano, cualquier excusa es perfecta para apuntarnos a un buen "sarao".

En fin, el caso es que hace aproximadamente un mes asistí a una cena de aniversario de mi buen amigo Juan, al que conozco desde que tengo uso de razón y aprecio proporcionalmente al número de años que venimos juntándonos para "hacer daño". Y aunque desde luego ni él ni los organizadores del evento son responsables de nada, porque nada realmente grave pasó, sí que es una anécdota curiosa que me vale muy bien para ilustrar lo que quiero deciros. Cumplía cuarenta, y una amiga suya -que no común- le organizó una cena en un restaurante de moda. El sitio al llegar te sorprende un tanto -no mucho, porque el que más y que menos ya ha vivido extravagancias de toda clase-, puesto que en la dirección indicada te encuentras una tintontería y no un restaurante, con sus lavadoras, secadoras, percheros de ropa bien dipuestos y demás uteinsilios para esa noble y nunca bien ponderada labor. La dependienta te saluda y tú le contestas con una contraseña: "vengo a buscar las camisas de Casilda". Ahí ya cierta incomodidad me recorre todo el largo del espinazo, me siento como un vulgar Mortadelo y Filemón entrando en la sede central de la TIA. Entretanto, a mi lado Mari Carmen lucha por no partirse en dos trozos de risa allí mismo, viendo mi  proverbial cara de circunstancias. A continuación, la dependienta de la tintorería, muy profesional, me recita una segunda clave: "1,2,3,4", mientras me señala un pequeño panel de mandos detrás de una cortina. "Sólo falta ahora que se me olvide la clave", me digo a la vez que pienso en la pinta que tendré de Anacleto, agente secreto. Una puerta automática se abre, y a continuación entras en una segunda estancia, amplia, alta, bien decorada, que en este caso, al fin sí, se trata del restaurante. 


En pocas palabras, la cena se trata de un rosario de pequeños platos, o mejor dicho, de pequeñas copas, que te introducen en sabores extremos, en lo que quiere ser una emulación dificultosa de lo que últimamente se ha dado tanto en llamar "cocina de autor".  Se buscan, dicen, sensaciones o experiencias tanto como alimentación... Cuando me plantan delante la copita del "zumo de esencia de rabo de toro", ya me hago a la idea de que un poco de hambre esta noche sí vamos a pasar, y trato de sonreir, con la misma flema británica del mudano agente James Bond, a la mona cocinera asiática que luego me sirve la "crema de coliflor y nosequé" . Uno se considera, disculparéis mi inmodestia, un tipo abierto y más bien proclive a bien recibir la modernidad en todas sus formas y colores, pero en ese instante me empecé a acordar de Santi Santamaría cuando denunciaba a las claras la pléyade de impostores que se estaban colando en el mundo de la restauración con este  singular y extravagante guión. El comensal de mi lado izquierdo, Jose -sin acento-, un tipo muy trabajador con miles de horas de andamios a sus espaldas, comienza a mosquearse cuando va por la cuarta copita y no ve venir nada consistente y sólido. "El entrecot de Girona, amigo, no creo que lo veas esta noche",  le voy preparando. Me da la razón muy a su pesar y una cara de frustración definitiva le embarga cuando ve aparecer el plazo fuerte  de la velada, consistente en un pequeño cazo con una cucharada y media de arroz. Con el estómago triste y contrito,  al fin termino pasando del postre y sonrío nervioso cuando se acerca el cocinero, con visibles ganas de marcharse del local -¿a cenar?, me pregunto-, y nos pregunta cómo ha ido todo. En fin, eso sí, lo verdaderamente consistente de aquella noche fue la cuenta, que igualmente no envidiaba a la del mejor espía.

Ya sucede que mucha gente, so pretexto de pasar como gurús de la modernidad se traga cada castaña  que no veas tú de película, obra de teatro, exposición, o danza que le echen con tal de no ser confundidos con la vulgar mediocridad del resto de los mortales. Son además, individu@s muy poco tolerantes con los gustos  de aquellos cuyos cánones estéticos resultan algo más convencionales o simplemente sencillos, y se atreven incluso a mirarlos por encima del hombro cuando se manifiestan en esa dirección. Son los snobs de toda la vida y están presentes históricamente en todas las épocas y los hallaréis en cualquier colectivo. No acaban de darse cuenta de que por mucha modernidad que apunten, en el arte, como en la vida, la verdad acaba emergiendo tarde o temprano y tan cateto resulta el gusto desmesurado por el  añorado botijo de linda lagarterana omo la querencia desproporcionada  por el chorizo con sabor a  rancio metálico. Lo que es arte no puede convertirse en un circo -como bien dijo Vargas Llosa no hace mucho-, ni se puede sostener un pensamiento único en materia de estética y expresión. No sirve de gran cosa la modernidad si ésta no se entiende como el resultado lógico de un proceso histórico previo en que son necesarios e igualmente válidos todos  y cada uno de sus pasos precedentes. De hecho, nuestra modernidad de hoy, no dejará de ser el "vulgar" pasado del mañana, y cuántas veces no se habrá arrepentido más de uno por marcarse moderneces extremas en un momento dado, para ver su imagen risible tan sólo unos años después en una foto hurtada  a su ayer oculto e inconfesable.  Desde luego que no,  tampoco son considerables los que abusan de los atajos apelando constatemente a la modernidad vacía de todo contenido.

Lo siento, amigos, me tengo por muy moderno pero no creo que Napoleón, el caballo pintor, sea ningún artista consagrado. Siempre hay un listo para atrapar a modernos incautos.  Ellos sí que me parecen modernos de narices, los que se atreven a pagar entre 3.000 y 15.000 dólares por cada obra del genio equino. Apañados vamos...

jueves, 16 de junio de 2011

CANICULA

Apenas una semana más y los colegios cerrarán sus puertas hasta septiembre. Otro curso acaba. Muchos chavales dejarán la mochila en el perchero, eso sí, cerca el cuaderno de deberes, y correrán a disfrutar del verano en campamentos, piscinas y playas. Con su maravilloso horizonte vital, sin duda recorriendo los mejores años de su vida,  chicos y peques descansarán de sus obligaciones y se dedicarán a cultivar amistades, juegos y familia. Gracias al cielo, el ajetreo del invierno finaliza, y eso se se notará en el tráfico, la ciudad resoplará de agotamiento y se aletargará por unos meses; se notará en la tranquilidad de las tardes que se alargan, en el menudeo incesante de las terrazas de los bares, en las mañanas que llenarán las playas y piscinas, los parques rebosarán de adolescentes al atardecer, bicis y motos tomarán el asfalto,... Nosotros mismos y sin apenas quererlo nos rendiremos a la relajación y al deleite de la brisa: nuestra mirada se cubrirá de shorts, minifaldas y piratas que dejarán nuestras piernas libres de apreturas; sandalias y chanclas liberarán nuestros pies doloridos y nos hallaremos en mejor disposición de sonreir y relacionarnos.  Sí, amigos, al fin camisetas, blusas y polos alviarán nuestro sopor, todo parece difuminarse, reblandecerse, como flotando. Es hora de descansar.



Y debemos hacerlo sin demora, ha sido un año duro y no sabemos seguro lo que nos espera por delante. Es necesario que de alguna forma podamos ser capaces de abstraernos de preocupaciones y de relativizar obligaciones y responsabilidades en la medida de lo posible. Requerimos estar finos y de nuevo a punto en septiembre, ya que bien sabemos que la vida y el entorno se ocuparán seguro de ponerlo difícil a la mínima que nos despistemos. Dice al respecto una parte de la sociología moderna que vivimos en la "sociedad del riesgo", se trata de una visión realista, acaso algo pesimista, de la sociedad que nos ha tocado vivir, una sociedad caracterizada por el debilitamiento de las instituciones tradicionales en todos los órdenes -político, económico, social,...-, la precarización de las condiciones de vida del individuo, la maximización del dinero como fuente de todo poder, la desinformación de la población y el pensamiento único,  la pérdida de niveles educativos,... En definitiva, un paradigma que en efecto nos evoca en gran parte la nueva y dura época que nos ha tocado atravesar. Los chavales que ahora vacacionan alegremente, no saben exactamente hasta qué punto deberán prepararse para superar retos profesionales y personales con garantías de éxito, y ni siquiera en el nivel más alto de formación el triunfo estará asegurado. Otro día me atreveré a hablar de todo ello, pero ante la masiva oferta de personal titulado, serán los caracteres adjetivos al individuo los que le definirán como persona completa y, por tanto, como profesional más cualificado y capaz de adaptarse a entornos cambiantes por definición y multiculturales de por sí.  La inteligencia emocional será sin duda su herramienta más potente de trabajo. Saber reconocer adecuadamente el entorno y relacionarse óptimamente con aquellos que le rodean se erigirá la primera olbigación del individuo, tras su capacidad de trabajo. De momento, que disfruten y descansen, que no dejen de estudiar cuando les toque,  pero que descansen también. Saber disfrutar de los buenos momentos nos prepara adecuadamente para soportar los duros.

Yo no sé mucho de nada en realidad, pero ante avalancha incontenible de dificultades que nos opone la vida moderna, yo os recuerdo una receta tradicional y muy eficaz para este verano. Nuestra latitud es especialmente generosa en parajes gentiles. No hace falta desplazarse cientos de kilómetros si es que no tienes oportunidad de ello, ya que nuestra prodigiosa península dispone de rincones idílicos en los que disfrutar del entorno, seguro que muy cerca de donde estés, a menos de una jornada de viaje. Siendo así, escoge un buen rincón de playa o montaña, uno en el que puedas acariciar la hierba con las manos, o dejar que la arena se te escape entre los dedos, un río, un trocito de mar. Si no puedes todos los días, escápate cuando puedas ni que sea un par de horas. Regálate esos placeres sencillos que no tenemos tiempo de cultivar durante el año, dejar la mirada perdida sobre el horizonte sin pensamientos que te empujen, perder el tiempo en cosas agradables y anodinas, contemplar el deambular de la gente sin preocupaciones, buscar esa persona con la que te encanta charlar de todo y de nada, jugar al parchís con tus hijos, llamar por teléfono a ese amigo que recuerdas en vez de mirar su foto de perfil, tampoco leas en exceso y deja ya de pensar lo que pasará con los "mercados", quizá disfrutando más el momento nos pueda ir mejor en el futuro.

Entretanto, yo seguiré por aquí de vez en cuando, a lo mío. Pasadlo bien.

jueves, 9 de junio de 2011

LA CEGUERA IMPENITENTE

Cuando hace algún tiempo decidí invertir un rato de vez en cuando para expresar aquí todo aquello que me viniera en gana, una de las cosas que me propuse, os lo prometo que así fue, era hablar de política lo menos posible. Primero, porque se trata de algo que ya ocupa demasiado espacio en cualquier tipo de medio informativo y su importancia real me parece sobrevalorada. Segundo, porque se trata de una materia sensible, toda vez que sé positivamente que cuando aireas tus opiniones en ese terreno, por muy melifluas e ingenuas que sean, siempre acabarán molestando a alguien. Se lleva mal en este país la opinión discordante, seguramente producto de tratarse todavía de una democracia joven y no muy ejercitada, y a menudo determinada gente se siente amenazada, o incluso herida en lo personal, cuando se emiten juicios generales sobre temas de lo más prosaico y lejanos. Latinos, que dirían por ahí afuera. Pero, por otro lado, pienso otras veces, ya va bien que se provoque una pizca de discusión de vez en cuando aunque mi imagen se resienta. Total, como a muchos de mi condición, sin pretender ser descarado o arrogante, lo cierto es cada  vez me importa menos lo que piensen de mí. La última razón, es que porque de lo que realmente me apetece hablar, y no sé si será porque ya veo el otoño de mi vida aproximarse en lontananza, es del ser humano, de la vida precisamente. Pero qué le vamos hacer, amiguetes, si la actualidad se empeña en fastidiarme mis ratos de modesta  trascedencia. Tendremos que dejarlo de nuevo para otra ocasión.

El caso es que uno de estos días el Parlamento catalán aprobará la "Ley Omnibus", y ya sólo el nombre da miedo, parece que habla de un decreto ominoso sancionado por un oscuro dictador de una galaxia muy lejana. Pero que no cunda el pánico, el viejo Luke Skywalker no necesitará rescatar a ninguna linda princesa. En realidad se trata de una ley, en principio, que por la vía de urgencia acordará una enorme batería de medidas dirigidas a  reactivar la economía en ese territorio. La intención será buena, no digo que no, pero cuando buceas en ese "totum revolutum" de preceptos inconexos, de dudosa técnica legislativa que nada favorece el debate parlamentario, caes en la cuenta de que alguna que otra barrabasada se ha colado. Sobre todo en el terreno del medio ambiente. Y no tengo carnet, desde luego, pero tranquilamente me  pueden  apuntar entre los ecologistas convencidos -ya verás como alguno me llamará hippy, y lo cierto es que me hubiera gustado serlo pero, me faltó valor-.

Entre otras cosas, esta ley aprobará que de nuevo las motos de trial y otro de vehículos campen a sus anchas por todo tipo de caminos forestales, incluso en parajes protegidos, para fastidio y amenaza de la flora y fauna, y descalabro de todo tipo de excursionistas y amantes de la naturaleza. Ya no bastaba que coches y motos fuéramos invadiendo pueblos y ciudades, ahora también hemos de arrasar el monte y no dejar piedra sobre piedra. Había que reactivar el sector de la moto de montaña, dicen. Pues que se dediquen a fabricar otra cosa les digo yo. Otro de los apartados del articulado levantará la consideración de especies protegidas a los fringílidos -jilgueros, verderones , entre otras especies- revocando así la prohibición de cazar y atrapar esas aves a través de cualquier método, por cruel que sea. 

Veamos, pues, ya me diréis quién entiende que hace unos meses nada más se prohibiera en ese Parlamento las corridas de toros por su extrema crueldad con el animal, y ahora, sin embargo,  desde ese mismo foro se permita cazar y torturar jilgueros libremente y se dé licencia para arrasar el monte con todoterrenos y motos. En qué quedamos, ¿estamos o no estamos por proteger nuestro ecosistema y su biodiversidad? Cómo funciona exactamente ahora la protección de la naturaleza, ¿tiene más derechos el toro de lidia que un jilguero? ¿Acaso el jilguero sufre menos? Lo cierto es que no hacemos mucho caso de este tipo de sustos, cada vez nos sorprende menos oir de casos como que los pesqueros, por falta de pesca en los mares europeos, se dedicarán a recoger plástico del mar. Encoge el corazón darse cuenta como algunos cretinos se toman todo esto a cachondeo, cómo todavía no le queda claro a mucha gente que el destino del ser humano está infectiblemente unido al de su ecosistema, que dañar a la naturaleza sólo significa oscurecer el futuro, que ni siquiera desde un punto de vista económico resulta rentable un territorio desforestado y deshabitado de fauna, que nuestros bosques, los que quedan, los tenemos de prestado y es deber inalienable transmitirlos en las mejores condiciones a las generaciones venideras. Nuestros hijos tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutar de ese bosque que está a punto de desaparecer.



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jueves, 2 de junio de 2011

REVOLUCION

¡Jo, amiguetes! Las semanas van que vuelan...

Este lunes por la mañana me permití por un rato hacer novillos para ir a visitar a Elisa, que se encontraba algo pocha en el hospital. No más contemplar toda la extensión de sus ojos claros, enseguida me dí cuenta que ya remontaba el ánimo y la salud. Un alivio. Elisa Arimany es para mí uno de esos genios que la vida nos coloca delante, en casos muy contados, para que la pongamos en valor,  y para que te enriquezcas con cada una de sus frases y sus gestos. Como escultora de dilatada trayectoria, con obra a ambos lados del Atlántico, se trata de un alma sensible capaz de forjar y modelar obras descomunales que presiden parques y jardines en lugares como Nueva York, Filadelfia,... La claridad de sus aristas, la potencia y originalidad  de los materiales utilizados, la bella sencillez de sus propuestas hacen de su obra todo un referente en la escultura contemporánea. Para Elisa el arte, como la vida, suele decir ella, es poco más que una suave línea recta.

Su convalecencia no detiene su hiperactividad, su mente nació para crear y crear sin descanso. En su habitación del hospital se van acumulando sigilosamente las revistas de arte, libretas de anotaciones, folios garabateados de frescas poesías mañaneras. "No, déjame que yo te las lea", me dice cuando le alcanzo unas páginas. Elisa ya se encuentra mejor.

"Óscar, aquí no sabemos hacer revoluciones", me dice suspirando desencantada. "No sirven de nada las revoluciones que no se hacen desde el interior". Para mí es todavía un poco temprano como para calibrar la medida exacta de sus palabras, pero me las guardo frescas para digerirlas un par de horas después. Ojeo el periódico para descansar de los asuntos, una joven política abandona la lucha antes de comenzar: Carmen Chacón. Dice que da un paso atrás para que su partido pueda dar un paso adelante. Su experiencia me suena haberla vivido ya, se parece un poco a la de Hillary Clinton. Una mujer capaz que se retira a un costado para que pueda pasar un hombre capaz. Es curioso, que se sepa, y no es casual, al máximo nivel ningún hombre capaz se retira de costado para que pueda pasar por delante una mujer capaz.

Los estudios "de género" es una importante rama de las ciencias políticas que se dedica a observar y analizar cuáles son, para entendernos, los índices reales de la presencia femenina en los centros de decisión, en los órganos de poder, sobre todo, políticos y económicos. A partir de ahí, se estudian métodos eficaces de asegurar e incrementar esa presencia, en cuanto que significa un marcador claro del desarrollo humano de una sociedad. Se parte de la premisa que en una sociedad donde verdaderamente existe igualdad de oportunidades en ese terreno es una sociedad avanzada. Y se trata de una sociedad avanzada, en principio, porque es capaz de remover el grave obstáculo que supone para una mujer dedicarse, por ejemplo, a la polítíca: "three job problem", le llaman. Es decir, ser eficaz en su trabajo, en su casa- rol materno-, y en la arena política. A más de uno le costaría creer cuánta gente se dedica a estudiar un aspecto tan concreto e importante, a la vez, de nuestro nivel de civilización.

En algunos de esos estudios, a los cuales en alguna ocasión hice alguna modestísima contribución, se constata que en los entornos sociopolíticos difusos, como los partidos políticos en busca de líder, presididos por la rivalidad enconada de candidatos y sus equipos, unos escenarios que suelen venir faltos de reglas prefijadas, tienden a imponerse los candidatos masculinos y generalmente sin muchas dificultades. Las candidatas se suelen mostrar más incómodas en la lucha frontal, en las contiendas subterráneas y suelen abandonar antes la contienda. Sin embargo, como candidatas suelen ser mucho más eficaces en entornos en los que vienen fijadas una reglas claras, objetivas y precisadas de antemano, en las que la pelea del "cuerpo a cuerpo" no cobra ningún interés.  Algo así como unas oposiciones.

Esto viene a cuento porque, dejando de lado la interpretación legítima y subjetiva que cada uno pueda hacer de los intereses de ese partido, para quienes creyeron alguna vez en la bondad y la necesidad de las "primarias socialistas" la noticia de la retirada de Chacón ha resultado un varapalo severo. Para quienes creían que una mujer podría tener más comprensión  y posibilidades -para ser jefa de gobierno- en un partido que apostaba presupuestariamente -con profusión de publicidad al respecto- por un "ministerio de la igualdad" el hecho ha sido una triste noticia. A la hora de la verdad, ni igualdad ni leches, al final ha resultado todo un vulgar "quítate tú que me pongo yo", o como dicen en la otra orilla,  y me cuesta reconocerlo, un "dedazo".  Es decir, más de lo mismo. Es más, el candidato resultante de las componendas de una élite instalada en la partitocracia, ni siquiera se ha dignado a mancharse con una mínima justificación que motivara su ascenso. Mal asunto, allá ellos.

Pero no perdamos la esperanza. La mujer ha iniciado desde hace tiempo una revolución silenciosa sin pancartas ni banderas, sin deberle nada a nadie -que son las eficaces y verdaderas-, su presencia se multiplica ostensiblemente en terrenos que por sus características le resultan más favorables: justicia, sanidad, educación, administración pública, interior - incluso-,... Desde esos lugares va cimentando posiciones de poder que le posibilitarán en estadios venideros a trasladar consideraciones a entornos más hostiles como la empresa privada o la política. Tienen la ventaja de saber escuchar más -vienen haciéndolo toda la historia-, de ser más asertivas y menos agresivas, son más conscientes del factor humano de las decisiones  y yo diría que hasta de la necesidad de un entorno sostenible. Ya sé que se podrán poner muchos ejemplos de lo contrario, de mujeres que, haciendo de hombres, resultan polític@s hostiles, pero va siendo hora que más mujeres se vayan ocupando de lo nuestro. O sea, que menos ministerios y más igualdad. Estamos marginando nada menos que a  la mitad del conocimiento humano, y eso es un lujo que no podemos permitirnos.