Hace un par de días Isabel me pidió por correo que este próximo sábado pronunciara unas palabras en el acto protocolario de inauguración de la edición de este año de "L'Artista al carrer" -artista en la calle-, que tendrá lugar a las 12 horas frente al Museo de Arte Contemporáneo de Cerdanyola. Se trata de una jornada en que artistas plásticos venidos desde muchos lugares de Catalunya sacan a la calle sus obras que elaboran alrededor de un tema en común. Alrededor de la jornada se han celebrado conferencias y debates previos. Este año el tema central de reflexión será "crisis y creación". Le dije que sí encantado, pero luego cuando lo pensé más detenidamente ya no me hizo tanta gracia. Estaremos de acuerdo en que pocos temas tan densos y opinables como para verter una breve reflexión de apenas tres o cuatro minutos. Este mismo blog ha destinado, desgraciadamente, muchas lineas a la crisis. Pero si bien se mira, no deja de ser lógico que se sea un asunto que nos ocupe tanto espacio de pensamiento, tratándose de que algo que, lejos de ser un tema lejano, etéreo, es un asunto que nos angustia muy concretamente, a diario y tan cerca nuestro.
Crisis es, sobre todo y en su primer significado, cambio. Y el cambio trae por definición variabilidad, inestabilidad, confusión, desconocimiento. La falta de referentes sólidos con los que encarar el futuro inquietan al individuo, máxime si además sus mínimos vitales no vienen asegurados. El desasosiego es un estado que se extiende con rapidez hasta poder llegar afectar a todo el conjunto de un sistema social sin necesidad de que pase mucho tiempo para ello. Y si algo nos han traído estos principios de siglo han sido cambios profundos y además en todos los órdenes. Filosóficamente el hombre -occidental- hace tiempo que se desamarcó de la idea de Dios, o por lo menos de su representación terrenal, no acepta ministros delegados y menos aún pautas de conducta que se relacionan con el poder terrenal más que con el mensaje divino. Las explicaciones que las religiones ofrecían al sentido de la vida y con ellas un mapa de comportamiento eficaz, de cara a la tranquilidad del individuo y a la paz social, quedan obsoletos y la mayoría decide apostar por la única verdad tangible a nuestros sentidos: disfrutar de la vida de la forma más intensa y rápida que a uno le sea posible. Consecuentemente, los valores tradicionales se debilitan de raíz: todo es efímero, superficial, un punto frívolo y desde luego nada sólido. Conservamos y recuperamos antiguas amistades porque las nuevas ya no nos duran, las relaciones de pareja pasan igualmente a ser perecederas por definición, y los modelos de familia se alteran y se adaptan al las necesidades emocionales personales y no familiares: es el triunfo del "yo absoluto". Y el yo absoluto es algo /alguien que no se permite compromiso con nada ni con nadie, mucho menos con ideas políticas o con una cosmovisión solidaria de la sociedad civil. No se lleva ser consecuente ni leal. La vida acelerada de los individuos en las grandes ciudades, el diseño deshumanizado de nuestras urbes, repletas de estímulos y faltas de tiempo para la conversación y el intercambio, coadyuvan al aislamiento social del ser humano.
La revolución tecnológica empuja en la misma dirección. Es cierto que es posible hacer amistades a diez mil kilómetros, enamorarte a diferentes latitudes, pero esos casos son los menos y lo que normalmente sucede es que el tiempo que pasas ante el ordenador o el videojuego lo desperdicies para jugar con un amigo o cortejar con tu pareja. Los procesos de robotización y la revolución ofimática, tan útiles como herramientas de trabajo también han suprimido puestos de trabajo y han supuesto brechas digitales que han derivado en formas de desigualdad social, en algunos países todavía difíciles de superar. El cambio de paradigma de las relaciones sociales e individuales que supone Internet en todas las direcciones y terrenos están todavía por determinar, pero queda claro que la red de redes ha adquirido un protagonismo superlativo a la hora de agitar ideas, movimientos y convulsiones sociales de muy diverso origen y grado.
"Faltan liderazgos", le oí decir de soslayo a Montilla en una entrevista para TV3. Tiene guasa que él lo diga , por mucha razón que le asista. La democaracia se debilita. En política sólo opciones conservadoras siguen creyendo en la utilidad del voto como medio de conservación de poder y mantenimiento del "statu quo", mientras que las opciones progresistas, fieles a su sempiterno espíritu crítico, recelan de ese poder democrático y, dececpcionadas, se descreen de la política. La izquierda está condenada al eterno debate entre realismo y posibilismo político. Es cierto que faltan líderes y no es extraño el recelo hacia la clase política, acosada por la corrupción y la falta de eficacia ante los nuevos retos. Los líderes se fabrican y maduran entre las élites partidistas sin haber sido refrendadas por sus bases, con poca formación externa a los partidos y pasan a ser poco aceptados por el pueblo que les votan. Son líderes débiles, sin autoridad, faltos de fundamentos ideológicos firmes y entregados a las grandes corporaciones y los mercados financieros.
En efecto, como Obama sentenció ayer ante el Parlamento británico, estamos ante un nuevo orden internacional. Una vez eliminado Bin Laden , cerrada una "década sangrienta", se da por finiquitado el liderazgo único de Estados Unidos -militar y económico-, seguido por occidente. El nuevo orden político mundial viene marcado por el poderío económico al que se apuntan potencias emergentes: China, Brasil e India. Los costes laborales bajos marcan la competitividad de las economías nacionales, los países europeos occidentales se ven divididos y limitados, la imposibilidad de competir constriñe su capacidad de adaptación. Las grandes empresas se deslocalizan. Los mercados financieros, libres de regulación, atacan las economías débiles, cada vez más endeudadas y sometidas a recortes salvajes. Y nadie da la cara. El horizonte sigue anunciando cambios sobre los que no disponemos de ningún control, el ser humano seguirá viviendo inquietamente.
¿Cómo refleja el arte este contexto tan cambiante? Venid y verlo este próximo sábado. Pasaréis un buen rato, os lo garantizo.
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