jueves, 19 de mayo de 2011

YA ERA HORA.

Esta semana millones de españoles están convocados a las urnas. Elecciones municipales. Se espera un fuerte castigo a la clase política a través de la abstención. Se espera también que gane la derecha con un margen holgado en casi todos los municipios y comunidades autónomas. Hasta ahí, el guión parecía claro. Pero lo que se asemejaba a un plebiscito más o menos previsto en todos sus perfiles, poco más que un tú a tú entre los dos grandes partidos de costumbre, algo así como un adusto debate entristecido a base de argumentos manidos, promesas falsas y descalificaciones, se está enrareciendo por momentos porque colectivos de jóvenes inconformistas deciden acampar a modo de protesta en los centros de las grandes ciudades.

El movimiento ha cogido con el paso cambiado a la mayoría. Tanto decirnos que esta sociedad carecía de toda capacidad de reacción ante la oleada de malas noticias, recortes, desempleo que soportaba, que cuando un puñado de gente joven se decide a protestar, ponemos cara de póquer e incluso, algunos, en el colmo del cinismo, se apremian a descalificar y vulgarizar la inciativa. Que nadie se espante, todavía no se trata de una revolución, más bien de un simpático revolcón un tanto desorganizado, protagonizado por gente sana y comprometida. Pero que nadie se llame a engaño. Un simple resfriado mal curado, se puede complicar hasta lo dramático. Hasta ahora se trata no más que de un aviso, de un síntoma  evidente que la sociedad cada vez soporta menos que las consecuencias de la crisis las paguen siempre los mismos.

Algunos piden que el mensaje de los que protestan se articule en demandas claras, se vehicule con unos líderes visibles y que especifiquen el contenido de sus protestas. Y yo me pregunto, ¿para qué? Señores que mandan, está desde hace tiempo todo dicho y bien claro, y ustedes siguen sin poner coto a los lobos de la especulación y el fraude financiero que iniciaron esta crisis, siguen sin atacar los males reales de nuestra economía. La sensación de que sigue habiendo santuarios por doquier para que los especuladores sigan enriqueciéndose sin hacerse responsables de nada genera una sensación de frustración que cada vez se soporta menos. La verdad es que aparte de perfilar recortes brutales que recaen sobre bienes y servicios dirigidos a los más desfavorecidos -un segmento de población cada vez más amplio-, no se articulan medidas que se dirijan  a crear riqueza y estabilidad. A lo más que llegan, después de tijeretazos aquí y allá, es a avisar con más subida de impuestos  y a atemorizar con el incremento en el precio de los suministros.

Pero se acabó el margen de maniobra. Llegó la hora de la verdad, la continuidad pacífica de nuestro sistema socio-económico requiere con urgencia tomar medidas imaginativas y valerosas. Será necesario no estrujar más el bolsillo de los débiles y estimular el consumo de nuevo, abrir el crédito para pequeñas y medianas empresas -las que verdaderamente crean empleo y riqueza- y no coserlas a tasas e impuestos que desincentivan el surgimiento de la iniciativa privada, el sector público deberá encontrar su dimensión más realista  y estrecharse allá donde resulte una carga superflua para el contribuyente, regular los mercados financieros y acotar la especulación salvaje, liberar verdaderamente aquellos sectores del mercado organizados en cárteles aún renuentes a la libre competencia total -energía, telecomunicaciones,...-, promover con decisión la presencia de nuestras empresas y profesionales en mercados exteriores, favorecer la presencia digna de los jóvenes en el mercado laboral, y sobre todo, fomentar la cultura de la investigación, de la innovación, de la creación de empresas. Señores que mandan, sacúdanse el polvo y metan ya los brazos en harina. La gente no soporta más esa presencia constante y cansina en todos los medios y a todas horas de políticos sin mensaje ni recursos en lo que ya parece una precampaña sin fin.

Doy mi apoyo más firme a la protesta. Ya era hora.


(Dedicado  José L. Olaria y Rafa Ocaña, saludos y un abrazo).








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