jueves, 26 de mayo de 2011

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Hace un par de días Isabel me pidió por correo que este próximo sábado pronunciara unas palabras en el acto protocolario de inauguración de la edición de este año de "L'Artista al carrer" -artista en la calle-, que tendrá lugar a las 12 horas frente al Museo de Arte Contemporáneo de Cerdanyola. Se trata de una jornada en que artistas plásticos venidos desde muchos lugares de Catalunya sacan a la calle sus obras  que elaboran alrededor de un tema en común. Alrededor de la jornada se han celebrado conferencias y debates previos. Este año el tema central de reflexión será "crisis y creación". Le dije que sí encantado, pero luego cuando lo pensé más detenidamente ya no me hizo tanta gracia. Estaremos de acuerdo en que pocos temas tan densos y opinables como para verter una breve reflexión de apenas tres o cuatro minutos. Este mismo blog ha destinado, desgraciadamente, muchas lineas a la crisis. Pero si bien se mira, no deja de ser lógico que se sea un asunto que nos ocupe tanto espacio de pensamiento, tratándose de que algo que, lejos de ser un tema lejano, etéreo, es un asunto que nos angustia muy concretamente, a diario y tan cerca nuestro.

Crisis es, sobre todo y en su primer significado, cambio. Y el cambio trae por definición variabilidad, inestabilidad, confusión, desconocimiento. La falta de referentes sólidos con los que  encarar el futuro inquietan al individuo, máxime si además sus mínimos vitales no vienen asegurados. El desasosiego es un estado que se extiende con rapidez hasta poder llegar afectar a todo el conjunto de un sistema social sin necesidad de que pase mucho tiempo para ello. Y si algo nos han traído estos principios de siglo han sido cambios profundos y además en todos los órdenes. 

Filosóficamente el hombre -occidental- hace tiempo que se desamarcó de la idea de Dios, o por lo menos de su representación terrenal, no acepta ministros delegados y menos aún pautas de conducta que se relacionan con el poder terrenal más que con el mensaje divino. Las explicaciones que las religiones ofrecían al sentido de la vida y con ellas un mapa de comportamiento eficaz, de cara a la tranquilidad del individuo y a la paz social, quedan obsoletos y la mayoría decide apostar por la única verdad tangible a nuestros sentidos: disfrutar de la vida de la forma más intensa  y rápida que a uno le sea posible. Consecuentemente, los valores tradicionales se debilitan de raíz: todo es efímero, superficial, un punto frívolo y desde luego nada sólido. Conservamos y recuperamos antiguas amistades porque las nuevas ya no nos duran, las relaciones de pareja pasan igualmente a ser perecederas por definición, y los modelos de familia se alteran y se adaptan al las necesidades emocionales personales y no familiares: es el triunfo del "yo absoluto". Y el yo absoluto es algo /alguien que no se permite compromiso con nada ni con nadie, mucho menos con ideas políticas o con una cosmovisión solidaria de la sociedad civil. No se lleva ser consecuente ni leal. La vida acelerada de los individuos en las grandes ciudades, el diseño deshumanizado de nuestras urbes, repletas de estímulos y faltas de tiempo para la conversación y el intercambio, coadyuvan al aislamiento social del ser humano. 

La revolución tecnológica empuja en la misma dirección. Es cierto que es posible hacer amistades a diez mil kilómetros, enamorarte a diferentes latitudes, pero esos casos son los menos y lo que normalmente sucede es que el tiempo que pasas ante el ordenador o el videojuego lo desperdicies para jugar con un amigo o cortejar con tu pareja. Los procesos de robotización y la revolución ofimática, tan útiles como herramientas de trabajo también han suprimido puestos de trabajo y han supuesto brechas digitales que han derivado en formas de desigualdad social, en algunos países todavía difíciles de superar. El cambio de paradigma de las relaciones sociales e individuales que supone Internet en todas las direcciones y terrenos están todavía por determinar, pero queda claro que la red de redes ha adquirido un protagonismo superlativo a la hora de agitar ideas, movimientos y convulsiones sociales de muy diverso origen y grado.

"Faltan liderazgos", le oí decir de soslayo a Montilla en una entrevista para TV3. Tiene guasa que él lo diga ,  por mucha razón que le asista. La democaracia se debilita. En política sólo opciones conservadoras siguen creyendo en la utilidad del voto como medio de conservación de poder y mantenimiento del "statu quo", mientras que las opciones progresistas, fieles a su sempiterno espíritu crítico, recelan de ese poder democrático y, dececpcionadas, se descreen de la política. La izquierda está condenada al eterno debate entre realismo y posibilismo político. Es cierto que faltan líderes y no es extraño el recelo hacia la clase política, acosada por la corrupción y la falta de eficacia ante los nuevos retos. Los líderes se fabrican y maduran entre las élites partidistas sin haber sido refrendadas por sus bases, con poca formación externa a los partidos y pasan a ser poco aceptados por el pueblo que les votan. Son líderes débiles, sin autoridad, faltos de fundamentos ideológicos firmes y entregados a las grandes corporaciones y los mercados financieros.

En efecto, como Obama sentenció ayer ante el Parlamento británico, estamos ante un nuevo orden internacional. Una vez eliminado Bin Laden , cerrada una "década sangrienta", se da por finiquitado  el liderazgo único de Estados Unidos  -militar y económico-, seguido por occidente. El nuevo orden político mundial viene marcado por el poderío económico al que se apuntan potencias emergentes: China, Brasil e India. Los costes laborales bajos marcan la competitividad de las economías nacionales, los países europeos occidentales se ven divididos y limitados, la imposibilidad de competir constriñe su capacidad de adaptación. Las grandes empresas se deslocalizan. Los mercados financieros, libres de regulación, atacan las economías débiles, cada vez más endeudadas y sometidas a recortes salvajes. Y nadie da la cara. El horizonte sigue anunciando cambios sobre los que no disponemos de ningún control, el ser humano seguirá viviendo inquietamente.

¿Cómo refleja el arte este contexto tan cambiante? Venid y verlo este próximo sábado. Pasaréis un buen rato, os lo garantizo.

jueves, 19 de mayo de 2011

YA ERA HORA.

Esta semana millones de españoles están convocados a las urnas. Elecciones municipales. Se espera un fuerte castigo a la clase política a través de la abstención. Se espera también que gane la derecha con un margen holgado en casi todos los municipios y comunidades autónomas. Hasta ahí, el guión parecía claro. Pero lo que se asemejaba a un plebiscito más o menos previsto en todos sus perfiles, poco más que un tú a tú entre los dos grandes partidos de costumbre, algo así como un adusto debate entristecido a base de argumentos manidos, promesas falsas y descalificaciones, se está enrareciendo por momentos porque colectivos de jóvenes inconformistas deciden acampar a modo de protesta en los centros de las grandes ciudades.

El movimiento ha cogido con el paso cambiado a la mayoría. Tanto decirnos que esta sociedad carecía de toda capacidad de reacción ante la oleada de malas noticias, recortes, desempleo que soportaba, que cuando un puñado de gente joven se decide a protestar, ponemos cara de póquer e incluso, algunos, en el colmo del cinismo, se apremian a descalificar y vulgarizar la inciativa. Que nadie se espante, todavía no se trata de una revolución, más bien de un simpático revolcón un tanto desorganizado, protagonizado por gente sana y comprometida. Pero que nadie se llame a engaño. Un simple resfriado mal curado, se puede complicar hasta lo dramático. Hasta ahora se trata no más que de un aviso, de un síntoma  evidente que la sociedad cada vez soporta menos que las consecuencias de la crisis las paguen siempre los mismos.

Algunos piden que el mensaje de los que protestan se articule en demandas claras, se vehicule con unos líderes visibles y que especifiquen el contenido de sus protestas. Y yo me pregunto, ¿para qué? Señores que mandan, está desde hace tiempo todo dicho y bien claro, y ustedes siguen sin poner coto a los lobos de la especulación y el fraude financiero que iniciaron esta crisis, siguen sin atacar los males reales de nuestra economía. La sensación de que sigue habiendo santuarios por doquier para que los especuladores sigan enriqueciéndose sin hacerse responsables de nada genera una sensación de frustración que cada vez se soporta menos. La verdad es que aparte de perfilar recortes brutales que recaen sobre bienes y servicios dirigidos a los más desfavorecidos -un segmento de población cada vez más amplio-, no se articulan medidas que se dirijan  a crear riqueza y estabilidad. A lo más que llegan, después de tijeretazos aquí y allá, es a avisar con más subida de impuestos  y a atemorizar con el incremento en el precio de los suministros.

Pero se acabó el margen de maniobra. Llegó la hora de la verdad, la continuidad pacífica de nuestro sistema socio-económico requiere con urgencia tomar medidas imaginativas y valerosas. Será necesario no estrujar más el bolsillo de los débiles y estimular el consumo de nuevo, abrir el crédito para pequeñas y medianas empresas -las que verdaderamente crean empleo y riqueza- y no coserlas a tasas e impuestos que desincentivan el surgimiento de la iniciativa privada, el sector público deberá encontrar su dimensión más realista  y estrecharse allá donde resulte una carga superflua para el contribuyente, regular los mercados financieros y acotar la especulación salvaje, liberar verdaderamente aquellos sectores del mercado organizados en cárteles aún renuentes a la libre competencia total -energía, telecomunicaciones,...-, promover con decisión la presencia de nuestras empresas y profesionales en mercados exteriores, favorecer la presencia digna de los jóvenes en el mercado laboral, y sobre todo, fomentar la cultura de la investigación, de la innovación, de la creación de empresas. Señores que mandan, sacúdanse el polvo y metan ya los brazos en harina. La gente no soporta más esa presencia constante y cansina en todos los medios y a todas horas de políticos sin mensaje ni recursos en lo que ya parece una precampaña sin fin.

Doy mi apoyo más firme a la protesta. Ya era hora.


(Dedicado  José L. Olaria y Rafa Ocaña, saludos y un abrazo).








lunes, 16 de mayo de 2011

AMIGOS

Hacía unos meses que no nos veíamos. Gerard es un tipo singular: simpático, no muy profundo, buen conversador. Quedamos a comer en el centro, tenía muchas ganas de verme, me dijo. A tu disposición, ya sabes.
Durante esa primera caña que te sirven para que gastes algo antes de probar bocado,  me contó que echaba de menos una reconstituyente conversación con un buen amigo. De esas que se tienen de forma relajada, sin orden del día, de las que vuelan ràpido de un tema a otro como una brisa caprichosa. Mientras comenzaba a relatarme sus últimos días de trabajo, que transitaron entre tensas discusiones con su equipo sobre qué departamento debía soportar los recortes de personal, no pude evitar observar de reojo las imágenes que llegaban del Cairo en la televisión.

Me alegraba  pensar que amigos que dejé allí hace ya muchos años, eternamente enojados por la falta de libertad en el Nilo, ahora tuvieran su oportunidad de gritar su enfado, de emocionarse con la nueva era que les aguardaba, de vivir ese gozoso vértigo de quienes con sus manos sienten que pueden construir un futuro mejor. Recordaba conversaciones en aquella plaza, en las escalinatas del Museo Egipcio en las que aseguraban ante mis oídos escépticos que algún día acabarían con el dictador. No lo dudaba del todo, sabías de sobras que se trata de un pueblo tolerante entre los más herméticos de su contorno. Pero los recuerdos que llegaban de la revolución jomeinista, me hacían temer sobre la dirección concreta que tomarían de los vientos de cambio. Y es que quien conoce aquellas milenarias tierras sabe también, que una cosa es la tolerancia que guardan para los extranjeros, y otra muy diferente es la que luego imperaba en los hogares. Egipto es tolerante porque en gran medida ha absorbido influencias de sus visitantes, lo que no quiere decir que entre sus gentes no haya alertagado un silencioso ejército de conservadores recalcitrantes.

En el segundo plato Gerard, sin solución de continuidad, comenzaba con sus quejas domésticas. No será para tanto, le contesté. Y me lo argumentó. Yo volvía entretanto a la plaza Tahrir. Y al zoco de Khan el Khalili, donde en unos de sus antiguos comercios de oro lloraban la muerte de un joven manifestante. Muchos como Ahmed morirán en la revueltas. Yo sólo deseo que nadie les olvide, que no olviden la causa de su muerte: murieron luchando por la libertad. Mientras en Libia, en Yemen, en Bahrein jóvenes internautas siguen llamando a la revolución, que su lucha no sea en vano, que no se cambie dictadura por inqusición. Merecen una oportunidad.

Gerard se acaba el cortado. "Tú sí que sabes escuchar", me dice justo antes de girarse hacia su oficina. Me vuelvo, le veo alejarse, "Qué remedio, hermano, tú dirás", me quedo pensando.

Dedicado a Inma Salmons. primeros de marzo de 2011.

sábado, 14 de mayo de 2011

THAT'S LIFE.

Pongo la radio. Estoy a punto de dejar el ordenador y sus problemas. Por la ventana veo a la gente en el Paseo de Sant Joan dirigiéndose tranquilamente a casa. La tarde invita al paseo. Son las 18.24, y en la F.M. suena "Clara", Joan Baptista Humet. Una melodía romántica, nostálgica, habla de una derrota vital, una pérdida tristemente muy común en los ochenta. Es una voz cálida, me trae recuerdos de los quince o dieciseis años, de alguien con el que me divertía mucho... Ya casi no me acuerdo de aquel entonces. De lo que sí me acuerdo es de que fue una época feliz, intensa, me lo pasé todo lo bien que pude y me dejaron, y de que trabajé mucho también,... o no tanto, segun se mire. "Clara" es una melodía bella pero triste, aún así me parece un buen tema para ilustrar este comentario.

Mayo, tiempo revuelto, es un mes de balances en los deportes. En todas partes y disciplinas van acabando la temporada y unos ríen y otros no. La risa va por barrios. No obstante, el deporte español está de luto, falleció todo un caballero: Seve. De chaval recuerdo, estando de viaje en Inglaterra, el profundo impacto que causaban en la opinión pública británica las victorias del golfista de melena negra y sonrisa arrebatadora. Me sorprendía que un español, que causaba una admiración y seguimiento muy relativos en España, fuera todo un ídolo de masas en Inglaterra. Yo apenas había visto unos golpes suyos en algún resumen de informativos, mientras en las cadenas británicas veía retransmitir sin descanso todos sus recorridos por la hierba, hoyo por hoyo, sin dejarse ni uno. No es que fuera sólo su genio para ese deporte, se trataba de un superdotado, de un iluminado que  inventaba algo nuevo en cada jugada; era también su personalidad abierta, valerosa, amigable, todo un líder. Un hombre sencillo que descalbagó una displina destinada a las élites. Descanse en paz.

Otros ídolos del deporte parecen caer del caballo con estrépito. Gasol lo pasa mal, eliminan a los Lakers de forma contundente de las finales del oeste y curiosamente, se lleva él la mayor parte de los palos. Lejos parecen quedar los días en que el propio Obama hablaba de él como "el mejor hombre alto de la Liga". No hay piedad para los perdedores, sólo la victoria causa idolatría. A su amigo Nadal le ocurre otro tanto, apenas pierde un partido en Madrid y ya se afanan mucho a buscarle retiro. "Perder no es ningún drama", sentencia el mallorquín. "Seguiré siendo igual de feliz siendo el número dos". Qué razón tiene. Aunque él ya tiene experiencia en ese trance amargo. En el 2009, tras perder el liderato mundial por problemas físicos, muchos corrieron ya a anunciar su retirada del cetro mundial. Pero lo logró, se rehizo y volvió a ocupar el número uno. Dispone de todo el crédito para seguir creyendo en él. Gasol tiene un talante parecido, sabe como persona educada en el deporte que de la derrota se aprende más que de las victorias, que madura uno como deportista y como persona, y que cuando la victoria deje de acompañarle deberá estar preparado para asumirla con elegancia y humildad.

Y es que los grandes campeones saben igual ganar que perder, saben rehacerse no ya en la cancha sino en su vida personal, porque entre muchas cosas que enseña la práctica del deporte de competición, no es sólo intentar ganar, sino también rehacerse dignamente de la derrota, asumirla y seguir adelante. En la derrota siempre, y aunque no agrade, subsite un tiempo de reflexión y catarsis, ese reencontrarse que deberá conducirte a competir mejor de nuevo, en la cancha y en la vida. En esta sociedad de lo frívolo, lo efímero, lo superfluo, los ex-campeones gozan de poca leyenda ya. No dejo de pasmarme cuando determinados periodistas -que no son mayoría-, a la hora de juzgar deportistas en estado de forma temporalmente precario, los juzgan con mala baba como "ex-jugador", los liquidan con una crueldad inaudita, y hasta piden su retirada inmediata sin mayor motivo aparente que una mala racha. No saben que fuera del número uno, pueden haber grandes deportistas y desde luego, mejores seres humanos. Son casi siempre, esa clase de analistas -como les gusta llamarse ahora- que en su día ni siquiera hicieron deporte en el patio del colegio,-que tampoco era una obligación- y que luego pontifican sobre cosas que no conocen ni siquiera remotamente.


Son ya las 19 horas casi en el reloj de mi despacho. La locutora repite autor: J.B. Humet. Ahora suena algo más alegre: "Hay que vivir, amigo mio...".

(Mis mejores deseos para la buena gente de Lorca, que pronto recuperen la normalidad)