viernes, 1 de abril de 2011

TIEMPO

Aunque el tema de la crisis da mucho juego y esta semana ha venido especialmente movidita al respecto (Zapatero se las entiende con Botín y Rajoy se pone celoso, Portugal no se entiende con Bruselas, Mas organiza una mesa -que no cama- redonda en la que todos se entienden con todos menos con los socialistas catalanes -ahora disfrazados, ja,ja, de auditores rigurosos-,...), no caeré en la tentación de ceder a mis pasiones desbordadas de seguir dando leña y hacerme pesado, y descansaremos de todo esto por unos días.

Hoy he comido con Pili y Mari en el club de tenis. Como hoy es jueves y esto es Barcelona, por aquí se estila comer paella (antiguamente, ya sabéis, las "minyones" plegaban los jueves y le dejaban el sofrito hecho a la señora, que sólo tenía que echar el arroz en la paella y comer). En la mesa -redonda- de al lado un grupo de seniors -como se dice ahora- celebran una animada comida repleta de bromas y brindis. "Todos estos hace tiempo que se jubilaron ya", me dice Mari. Acuerdo con su observación. Efectivamente, les delata, mucho más que el aspecto, pues todos visten muy juveniles, el desparpajo propio del que se siente estar de vuelta de todo y, lo siento de veras, porque por ahí pasaremos todos, las huellas de la edad en el rostro. Todo eso les importa un pimiento, sonríen y se lo pasan pipa. Son plenamente conscientes de que los veranos que como éste que se acerca no abundarán ya en su futuro, pero se conjuran para pasar intensamente cada uno de ellos como si fuera el último.

Uno de ellos se ríe del asma que padece otro, éste contrataca con las famosas lumbares del primero, las chicas no les van a la zaga y embisten con sus reumas,... Los males les sirven de pretexto para cachondearse del destino. No puedo evitar sentir algo de cariño solidario con ellos, son de los del grupo que entienden perfectamente de qué hilos está tejida esta desnortada vida, se encuentran a gusto todos juntos, se aprecian de veras y le plantan cara al más despiadado de los señores: el tiempo. En el fondo, también saben que no dejan de ser algo privilegiados, sus reumas y demás dolores no son todavía lo sufcientemente agudos como para impedirles acercarse a cualquier mesa y reír a mandíbula batiente, porque ese es el otro de sus triunfos, llegar medianamente enteros y lúcidos a esa avanzada edad.

A veces pienso, cuando me da tiempo, lo relativo que se tornaría todo si usáramos el tamiz de la perspectiva del tiempo para valorar las cosas. Casi nada tiene tanta importancia como para agriarnos el presente de manera radical. Cuántos conflictos de toda especie no remitirían si tuviéramos en cuenta que todos formamos parte de una época irrepetible, de un tiempo único que nos ha tocado vivir. No compartimos pues sólo espacio, sino también destino. En realidad,  nuestro tiempo limitado es lo que verdaderamente nos une a todos y procurar por nuestra parte que el prójimo goce de ese tiempo compartido debería conducirnos como norma de conducta. Conseguirlo debería aliviar en gran parte nuestra eterna sensación de levedad. ¿Estamos de acuerdo?

Dedicado a Mª Luisa Peña García (Besos).

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