viernes, 8 de abril de 2011

CAMBIOS

La actualidad sigue y no se detiene, los hechos se agolpan a velocidad vértigo, el tiempo se encabrita amontonando sucesos, todo asemeja un alud incontenible de información que amenaza colapsar nuestra capacidad de discernimiento. Hablo con un amigo que no veía hace veinticinco años, me comunico visualmente con un cliente a mil kilómetros de distancia, en pocas horas soy capaz de plantarme a las orillas del mar de China, y yo no, pero sé de quien ha logrado conocer al amor de su vida a través de un monitor; seguramente, ahora mismo no, pero en un cuarto de hora estaré repasando documentos secretos, ya al alcance de cualquiera, que revelan profunda corrupción en el seno de un gobierno árabe. Cambio, crisis, información.

Ayer lo hablaba en una cena con amigos, de no ser porque se está cobrando muchas víctimas, la que vivimos no deja de ser una época apasionante para un espíritu inquieto. La velocidad de los acontecimientos no nos permite tomar respiro y distancia para analizar de forma conveniente lo que sucede a nuestro alrededor, pero no os quepa la menor duda de que volvemos a estar ante una encrucijada histórica de la que se hablará durante muchas generaciones.

Afortunadamente, la Sociología y la Ciencia Política (y las Relaciones Internacionales), ciencias relativamente nuevas, nos han dado herramientas para mejor comprender los profundos cambios que han acontecido en estas últimas décadas. Se trata de terrenos del conocimiento que son capaces de explicar los orígenes y consecuencias de cada paso en la evolución de nuestra sociedad, casi sin tener que acudir al "báculo" del tiempo.

Me permitiré recomendar con vuestro permiso tres autores de estas disciplinas que seguramente muchos conoceréis y que son fudamentales para mejor afrontar estos análisis:

Daniel Bell, que falleció a principios de este año, ya en los sesenta y setenta dejó páginas tan preclaras como "el Fin de las Ideologías", "el advenimiento de la sociedad posindustrial", o "las contradicciones culturales del capitalismo". El viejo profesor de Harvard fue capaz de atisbar a muchos años vista -enfoques ideológicos aparte- el declive de las ideologías, el debilitamiento de los estados-nación ("el estado se ha hecho demasiado grande para las pequeñas cosas de la vida y demasiado pequeño para las grandes cosas") y el caos del orden mundial ("the Future of World Disorder").

Marcel Merle, autor de la "Sociología de las Relaciones Internacionales", disecciona los actores de la sociedad internacional en la actualidad y trata de explicar las causas que generan sus comportamientos. Según él,  la sociedad internacional se caracteriza por la complejidad y la diversidad (no sólo los estados actúan en ese entorno, también lo hacen ong's, multinacionales, grupos de presión diversos, delincuencia internacional,...), por la heterogeneidad (cultural, sobre todo), la interdependencia , la anarquía -ausencia de autoridad central- y, a su vez, la persecución constante del orden -a través de la ONU-.

Por último, es indispensable la trilogía del que fuera profesor de Berkeley, Manuel Castells -asesor de muchos gobiernos y organismos internacionales- "la Era de la de la Información". Sus libros, además de manuales de estudio, son de una lectura realmente apasionante y, sobre todo, reveladora, de lo que ha supuesto y va a suponer la revolución tecnológica, especialmente internet, en nuestras vidas.

Ahora cerraré mi ordenador, no sin antes compartir esta reflexión semanal con vosotros a través de la red. Mi celular, sentado ya en el coche y sin soltar el volante, me pondrá en contacto con un familiar a una hora en avión. Yo también te quiero. Luego le diré a mi coche que me guíe hasta cierto despacho de economistas en una calle que no me suena de nada. Antes de recoger a mi hija, y sin salir del coche, desde mi móvil pediré la compra semanal que alguien descargará en mi casa esta tarde, confirmando el envío a través de su mini-portátil. Al llegar a casa, me sentaré y contemplaré durante un rato sus caderas danzando, me meteré en el portatil y mi tarjeta, nerviosita, concederá crédito para comprar tres entradas y verla en directo.

Waka, waka!


Que paséis una buena semana. Besos.

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