viernes, 22 de julio de 2011

CERRADO POR VACACIONES

            Al fin llegó el momento. Ha sido, como todos, un curso largo e intenso. A decir verdad, quizá hallamos llegado a estas fechas algo más agotados que de costumbre. El aluvión de malas noticias por doquier, negocios cerrados, avisos de regulación, subidas de precios, recortes y más recortes y la tensión que genera tanta y tan extendida incertidumbre provoca incrementada una sensación de mayor ansiedad. Pero todo pasa, y esta  extensa y negra nube también pasará. Estoy convencido, no me cabe la menor duda.

            Me voy de vacaciones, cierro esta paradita hasta septiembre. Agradezco sinceramente a todos a aquellos que hayáis transitado por estas líneas vuestra generosa atención y me retiro dejando algunos buenos deseos para el curso que viene. Total, soñar es gratis. Primero, salud y trabajo para todos. Segundo, difícil lo veo, políticos más responsables que dejen de mirar el cuero de su asiento, gestionen nuestros recursos con prudencia y por fin logren pensar en el bienestar colectivo. Pido también sabiduría a los votantes que después del verano serán convocados a las urnas en elecciones generales, que sabemos que está ahora duro encontrar una opción política que no sea radical, ni demagógica, ni seguidista con los poderosos, ni libre de corrupción, ni opaca u oportunista. Espero que, entretanto, este verano no hayan muchos incendios. 



            Me gustaría para el curso que viene una sociedad más tolerante con los distintos de cualquier categoría, raza, sexo, orientación sexual, partido político, lengua materna, matrícula de coche, equipo de fútbol, religión, colegio, comunidad autónoma, grupo musical, bar, barrio o escalera, una sociedad que asumiera su hermosa diversidad y que de ésta supiera extraer lo mejor y más florido. Una sociedad que fuera igualmente más cívica,  no tan competitiva, que pensara más en niños y mayores, que en el metro dejara salir antes de entrar, que no infectara todas las calles con chicles, papeles u orín de perro, que las bicis no atacaran a los peatones, ni los coches a las bicis y a los transeúntes. Me gustaría, no es tan difícil, que se respetara más el mobiliario urbano, que se proyectaran más zonas verdes, que se protegieran más a ríos y playas. Espero una sociedad que algún día proteja más el sentido del humor y los humoristas, el arte y la cultura, una sociedad que promueva el contacto,  la sonrisa, el diálogo, una sociedad espiritual y sexualmente saludable. Bueno, ya sé que para el próximo curso es todo junto una quimera, demasiada faena tal vez, pero creo que alguna cosita podríamos ir avanzando ya. Tú eliges.

          Nos vemos en septiembre. Besos.

jueves, 14 de julio de 2011

MEDIOS DE (des)INFORMACION

El asunto de News of the World -escuchas teléfonicas ilegales a víctimas de atentados, entre otras lindezas-  lleva camino de tomar dimensiones planetarias, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta que su magnate aspiraba, si no lo había conseguido ya, colocar su negocio como la referencia mundial en el mercado de la información. El Parlamento británico "parece" haber reaccionado a tiempo para frenar una escalada de suciedad informativa jamás vista con anterioridad, vetando la compra de un canal televisivo que acabaría de darle el liderazgo en las Islas al conspicuo R. Murdoch. Y digo sólo "parece", porque da la sensación de que la reacción de la clase política inglesa ha sido inmediata, y esto no es del todo cierto. El muchacho, a través de sus acólitos, llevaba actuando con impunidad desde hace años, y según parece, hasta hace tan sólo una semana no pocos políticos suspiraban por hacerse un sitio preferencial en la mesa de sus invitados. Aporrear sin miramientos a determinados personajes públicos a través de titulares malsonantes, destapar escándalos sexuales de dudoso interés general, con datos ciertos o no, se había convertido en moneda corriente en la prensa anglosajona, y especialmente en la británica en las últimas décadas.

El tratamiento de la información, lo sabemos todos, es todo un caballo de batalla en esta era del conocimiento. Manipular datos sin pudor alguno, obtener información a través de medios poco éticos, tergivesar noticias tendenciosamente para favorecer determinados intereses políticos o económicos son prácticas reprobables que se han convertido ya en un triste hábito, incluso en nuestro país. Como siempre, hagamos las salvedades y excepciones que sean precisas, pero estoy convencido de que cualquier lector de a pie, medio informado, es capaz de señalar sin dificultad aquellos diarios de prensa y aquellos canales de radio y televisión que por lo que más sobresalen es por ofrecer información poco veraz y tendenciosa. Lo peor de esta epidemia informativa es que se ha terminando extendiendo con rapidez e infectando a grandes sectores de la población, que no tienen reparos en creer a pies juntillas la información de determinado medio, por inverosímil que se presente. Es más, en el colmo del paroxismo, sin el menor asomo de contrición o espíritu crítico,  la legión de seguidores rechazarán con vehemencia a todo aquel que se atreva a descreer de esa información. Se trata, por eso, de una información con marchamo ideológico, por lo que no da oportunidad de quedarte con una parte de esos datos, o  te lo comes todo, o eres sospechoso de pertenecer al bando contrario y fichado para los restos. Se trata, más que de recibir información, de comulgar con todo un acto de fe.

La otra gran variante de la información mediática manipulada, tan preocupante como las demás, consiste en aquella que es artificiosamente exagerada para dar la impresión de que nos hallamos ante un cataclismo inabarcable que acabará con la especie humana, de tal manera que el resto de noticias, por principales que sean, carecen de la menor importancia. Una nevada algo copiosa a principios de enero, un termómetro que se atreve a rebasar los treinta en pleno julio, una borrasca en el mar Cantábrico son hechos presentados como pruebas  inequívocas de la llegada del juicio final. Las declaraciones de una limpiadora con los pechos operados y los labios rebosantes sobre el menú de su hija, un torero que cambia de novia morena a novia más morena, un  marido gay despechado con las infidelidades de su pareja, un penalti fallado a mitad de liga son temas de sesudas mesas de debate que dan ganas de vomitar, pero que ocupan horas y horas de televisión y desvían con eficacia nuestro foco de atención sobre los asuntos que nos interesan realmente.


Me diréis que de vez en cuando no va nada mal un poco de frivolidad. Que no se puede ser trascedente  y comprometido las veinticinco horas del día, y que ya basta con los veinte minutos del telenoticias para  pensar en todo eso. Y yo os digo que es verdad..., pero aún mejor, probad de pasar una semana sin periódicos ni televisión y veréis como mejora vuestra salud y como disminuye la ansiedad. Por cierto, ¿qué hay del pollo de Andreíta?

jueves, 7 de julio de 2011

NO SE ATREVERAN

Me perdonaréis si en este rincón hablo a menudo de mí. Normalmente, habréis comprobado ya, se trata tan sólo de un punto de partida con el que dirigirme a otra reflexión, algo así como un paso intermedio para luego seguir mirando hacia fuera más que hacia dentro, no vaya a ser que en ese caos informe del ego me encuentre algo que no me guste. Lo digo porque no sé si será deformación profesional,  o acaso mejor un rasgo  propio de mi carácter, incluso puede que uno sea consecuencia del otro, pero el caso es que cuando me enfrento a un dilema de cualquier especie, de todas las teorías posibles escojo siempre en primer lugar la hipótesis más sencilla. Es decir, prefiero primero contrastar si un hecho es debido a sus causas probables más inmediatas y lógicas, que no acudir a a las más improbables y llamativas. No, en absoluto, no creáis ni mucho menos que es lo habitual. Las teorías conspirativas sobre cualquier hecho histórico son las más afortunadas entre la masa y muchas veces las culpables directas de que los verdaderos y directos agentes causantes pasen desapercibidos durante mucho tiempo. Si no, mirad el asalto y captura de Bin Laden: cuando todos le creían atrincherado a dos o tres mil metros de alturas en las agrestes sierras de Afganistán, pertrechado de fusil de asalto y granadas de mano cual revolucionario romántico perdido en el tiempo, resulta luego que se hallaba vegetando con su familia en una villa solariega, a la vista de todos, en una ciudad de Pakistán repleta de militares. Pues claro que sí, tenía una edad, una familia de la que ocuparse y no iba a ser él en persona quien se inmolara en nombre del que todo lo creó.

En estos días vengo escuchando un ruido de fondo que apunta a la posibilidad de que el asunto de Wikileaks no acabe siendo una excusa convenientemente construida por la CIA para que, conjuntamente con otros gobiernos interesados -poner aquí los que ya sabemos todos-, se vayan poniendo límites importantes al uso de internet. Por mi parte no voy a asegurar, ni puedo, que esto sea así, pero lo que sí me cuadra es que haya gobernantes de muchos países que sientan la irrefrenable tentación de ponerle puertas al campo. Y lo cierto es que cuando me pongo a pensarlo, me surgen interrogantes: ¿cómo puede ser que un soldado raso, con escasa formación  intelectual, tenga acceso a tanta información clasificada y haya sido capaz de expandirla sin que ningún filtro de seguridad haya funcionado? ¿por qué más del noventa por ciento de esa información confidencial no son más que chismorreos diplomáticos que no conducen a nada realmente interesante o grave?  -en realidad, la faena diplomática tiene mucho de cotilleo y chismorreo- ¿cómo es que Julian Assange, si tanto daño ha hecho al gobierno americano, sigue vivito y coleando? ¿cómo es que...? En fin, son muchas las preguntas que deben contestarse para dotar de un poco de lógica a este asunto, porque coherencia interna, tal y como se ha explicado hasta ahora, no tiene ninguna. En este sentido, cada vez cobra más verosimilitud la tesis de los que sostienen que todo ha sido un ardid con el que poder justificar la limitación del acceso universal a internet.

Internet es un todo un cosmos todavía por descubrir en la mayor parte de sus infinitos rincones. Constantemente vertemos grandes cantidades de información de toda especie - y de esto  sí  que estoy seguro- que luego se clasifica, disecciona  y se analiza con métodos robóticos en su mayor parte. La mayoría de nosotros, felizmente ingenuos, participamos de este maravilloso avance porque incrementa notablemente nuestra cuota de libertad individual hasta límites que no hubiéramos imaginado hace tan sólo unos pocos años. En internet se montan campañas electorales, campañas publicitarias de nivel planetario, planes de revolución y más variables de otros movimientos sociales de difícil control para el poder establecido. Internet es una red de libertad de dimensión global. Pero eso no quiere decir que nuestra libertad digital no pueda ser vigilada. Hoy por hoy todavía se hace muy difícil un control individualizado habida cuenta la masificación exponencial  que vive la red. Pero ahí está la batalla precisamente,  tratar de poner los filtros necesarios, con excusas o no, para que nuestra libertad sea cada vez más controlada. Estaremos atentos a lo que el futuro nos depara. 

No se atreverán, pero si se atrevieran, deberán pensar que la resistencia que se encontrarán será enorme. La gente del mundo, quedó demostrado,  prefiere vivir una libertad con riesgos que no una paz controlada.