lunes, 23 de abril de 2012

LA VIDA Y TUS PLANES

Yo, más que de los Beatles, en realidad soy de Lennon. Así es, por todos esos motivos que ya conocéis y por otros muchos más, que tampoco son estrictamente musicales. Una de sus innumerables y geniales salidas fue sentenciar que "la vida es aquello que te pasa mientras andas haciendo planes". Qué gran verdad. Esta mañana, viernes, sin ir más lejos, se me presentaba una jornada que no me apetecía mucho afrontar. Aparte de los problemas agudos que me esperan cotidianamente sobre la mesa, y que uno va arreglando como buenamente puede, tenía que visitar al dentista y trasladarme a la Feria de Barcelona. El dentista me tenía que recolocar un tapón de metal sobre una rosca, que en su día alojará un implante molar (que quede entre nosotros, pero mi sonrisa comienza a perder cierta naturalidad). No me da tiempo, lo dejo para el lunes, lo cual pagaré caro. En la feria, que me pilla en la otra punta de la ciudad, debía de recoger el dorsal de la carrera del domingo, la de los bomberos (reto: acabarla a secas).

En el coche hacia la feria, a la que me dirijo con fastidio, me acompaña la radio con una tertulia. Empiezan a aburrirme. Siguen hablando del gran perdón y parece haber un gran consenso: el rey está perdonado. Pelillos a la mar. No seré yo quien vaya a echarle cuentas al rey, si bien me pregunto si el difunto paquidermo le habrá perdonado ya por haberle exterminado de su paraíso en el Delta del Okavango, donde cuentan que los atardeceres son de un rojo interminable. Como ecologista dominguero en excedencia, yo le recomendaría a Su Alteza no volver por allí en mucho tiempo. Dicen que los elefantes tienen mucha memoria (sic. memoria de elefante), por lo que le estarán esperando con los colmillos abiertos. Llego a la Feria, recojo el dorsal y con éste, mira por dónde, me dan acceso al Salón Internacional de Turismo de Catalunya -cosas del marketing moderno-. No puedo evitarlo y allí mismo me concedo un rato para recorrerlo. Qué fuerte, encuentro amigos a manta. ¡Vicente! ¡Mi primer y único jefe los años que trabajé de guía! Le veo en forma. Charlamos un rato de los viejos tiempos y me invita a que siga recorriendo la feria, "seguro que te encuentras con viejos amigos", me dice. Es cierto, lo de ver viejos amigos siempre tiene algo de cálido, pero luego es inevitable que te remueva la memoria durante algunos días. Me encuentro con Jordi B. unos stands más allá. Otro gran abrazo. Repasamos los últimos acontecimientos que nos ocurren, caemos en la cuenta de que sin querer los sucesos se nos agolpan ya como para afrontar toda una biografía. También compartimos muchos recuerdos de chavales. Hasta pronto, viejo amigo, sigue en esa buena forma. Algunas caras más, más abrazos y cómo te va. No está mal, después de todo, el viernes ha salido estupendo.

Es ya domingo por la mañana, y unos cuantos amigos y Mari C. nos vamos a correr. El circuito por el centro de Barcelona es sencillamente impresionante. No cambia la cosa, cuando llevo unos cuantos kilómetros me da por pensar qué diantres pinto yo pasándolo mal entre esta marea humana vestida de morado. Hay mucho público, nos animan a rabiar y se agradece. Los turistas, como siempre despitados, alucinan con el inesperado espectáculo. No llevo mal ritmo de carrera, pero me falta algo de entrenamiento. Como siempre, pienso entonces, acabaremos y gracias. Sin embargo, cuando llegas la meta todo se pasa, respiras a fondo y ya piensas en la carrera siguiente. Aún y con todo, coincidencias, la carrera que me preocupa hoy no es la que corro yo, es una que se celebra en Sant Cugat un par de horas más tarde. Será la  primera vez que mi hija compite a algo un poco serio, para ella muy serio, un cross infantil entre varios colegios. Esta ilusionada, pero nerviosa. Se acerca a la línea de salida, se coloca con precisión, mira al juez de forma penetrante, concentrada, dispuesta a darlo todo. De repente la veo muy mayor, algo me cruje por dentro. Súbitamente se escucha el disparo de salida, y las niñas salen corriendo a través de la montaña. Al cabo de poco tiempo, aparecen de nuevo entre los árboles y se acaba la carrera. Ha ido todo bien, no se ha hecho daño y está contenta de cómo lo ha hecho.

 Hoy es lunes y es Sant Jordi en Barcelona, me toca regalar rosas por doquier, lo cual me encanta. A ella de momento, se la regalo yo.

martes, 3 de abril de 2012

I DO LOVE AMSTERDAM

Moras, arándanos y frambuesas. Las meto en un cuenco y echo un yogur con azúcar. Luego el zumo de naranja, es rojo. Me lo tomo mirando al jardín, urbano, no muy profundo, algo desordenado, pero me resulta un caos lleno de belleza. Arriba un cielo azul nítido, moteado de palomas y patos; creo que oigo campanas de una torre cercana. Vuelvo sobre el desayuno, inmenso sobre una mesa de madera en una cocina hogareña, salpicada de cuadros, flores y plantas. Mario, el dueño del alojamiento, en la tranquila zona de Wetermarkt, se sienta conmigo y me pregunta mientras saboreamos un café. Dice que le gusta mi país, mi ciudad le enamora y que las cosas, no te engañes, por aquí están igual de mal. Cambio de conversación, me fatiga el tema de la crisis a todas horas y en todas partes.

Salgo de la mano con Carmen -¡qué fría!-, vadeamos los canales hasta el mercadillo de los tulipanes. Un timbre nos alerta de una bicicleta. Dos chicas jóvenes, muy rubias y bellas nos miran y sonríen. Los tulipanes no llegarían vivos a España, me dice ella. ¿Y las semillas? Tú no las cuidarás. Un museo. El maestro Rembrandt compró una casa de tres plantas en el barrio viejo de Amsterdam hacia 1683, la gravó con una hipoteca. Allí impartía clases de pintura y grabado, tenía su estudio, vivía con su mujer y como era costumbre entre los pintores de la época, también vendía cuadros, suyos y de otros colegas. Las cosas empezaron a ir mal al cabo de varios años, dejó de tener muchos alumnos, se divorció de su mujer, le abonó una cuantiosa pensión, dejaron de venderse cuadros y el banco se le echó encima y se quedó con la casa. ¿Historia antigua? Pues a mí me suena a moderna. Se subastaron todos los objetos de la vivienda y de aquel registro se pudo reconstruir el hogar del pintor. Murió pobre.

Es domingo, pero muchos comercios abren. Descansan el lunes, libertad de horarios. Raro es el comercio que no se adorna de bellas telas al óleo, modernas o no, abstractas o figurativas, esculturas y pinturas en cada rincón de cada hogar, de cada negocio. La cultura no es una pose, una campaña, o una moda. El arte se vive a todas horas. Menudean estudios de jóvenes pintores por el centro, señal de que el arte no es un oficio de locos, frikis o hippis. Se trata de un oficio respetado y valorado. Ayer noche, comentamos en una terraza a la orilla del canal, la gente se echó a la calle en masa. El anticiclón le regaló a la ciudad una inusitada bonanza que invitaba al callejeo. La edad no es un tabú. Todos se mezclan a la hora de salir y conversar, con canas o no, con arrugas o sin ellas. Los locales se abarrotan, son cafés y bares a pie de calle. La música no tapa en ningún caso la conversación de la gente, les gusta hablar, intercambiar experiencias sin que un pitido prolongado les arruine el oído. La conversación es casi una religión que no se profana. A según qué pasos se advierte olor a marihuana, la hay por todas partes, sin embargo la adicción no es allí un problema, ni tampoco el alcohol.


Seguimos andando. Es verdad, Carmen tiene razón. No usan cortinas y no parecen preocupados porque se vea el interior de las casas. Libros y libros, cuadros y más cuadros. Se acerca el mediodía. Una pareja de avanzada mediana edad se besa sin contemplaciones sobre un puente elevado. Es un beso distendido, prolongado, sin menudencias. Un barco pasa bajo el puente y tampoco se le oye. I do love Amsterdam.