viernes, 30 de diciembre de 2011

PESOS Y CONTRAPESOS

              Maravilla el observar cómo la inmensidad del cosmos se explica en clave de frágiles equilibrios, a base de fuerzas silenciosas que tiran de los cuerpos y los mantienen atados a sus órbitas por los siglos de los siglos. Aún más admira cómo todo ello, y en síntesis milagrosa, es explicable a base de unas pocas ecuaciones, una mínimas proporciones númericas que en su misteriosa humildad se bastan a sí mismas para dar sólida aclaración a tanto infinito por descubrir. Aún así, esas reglas cósmicas y universales, inmutables, no escapan a súbitos cambios o accidentes inesperados. Un asteroide que impacta sobre un planteta, la explosión de una nube cósmica, una supernova, un viento solar, la irrupción de un agujero negro que enguye una galaxia, son contigencias que hacen tambalear hasta destruir la uniformidad de la regla universal de equilibrio y movimiento. 
               Hace mucho tiempo ya que logré comprender que, como en la inmensidad del espacio, nuestra leve vida se halla tejida de sutiles equilibrios, a cuyas frágiles tensiones nos vemos sometidos de forma constante. Balances y contrabalances que, desprovistos de control por nuestra parte, son muchas veces removidos por extrañas reglas y otras circunstancias que se nos escapan y nos sumen en estados de inquietud y estrés. Unas veces son gente tóxica que se nos entromete en nuestro camino con sus reproches, exigencias y mal carácter, otras amistades frustradas, o pasiones y amores esquivos, otras el mal fario, o simplemente el destino que implacable nos castiga con reveses de espanto. Si lo piensas bien, nos pasamos la vida buscando lograr reconstruir adecuadamente esos equilibrios externos que nos proporcionarán la ansiada paz interna. Y en esas estamos y en esas seguiremos estando mientras transitemos por aquí.

             Haciendo honor al nombre de este blog he de confesar que este 2011 no ha sido ni mucho menos el mejor año en lo personal. Es más, cuento los minutos para verlo salir por donde ha venido. He visto marchar, lleno de impotencia, a seres queridos y amigos que ya no volverán, lo que durante no poco tiempo me ha sumido en cierto estado de despite y nostalgia del que voy saliendo airoso como buenamente puedo. No cabe venirse abajo; fiel a mi eterno credo en favor optimismo, estoy persuadido de que el día siguiente siempre será mejor que el anterior: lo que luego suceda, desde luego, es otra cosa. 

          Te propongo un sencillo ejercicio: visualicemos un año 2012 casi perfecto, a ser posible en todos los terrenos, a ver luego qué tal nos va. Nada se pierde afrontando las cosas ni que sea con una sonrisa fingida. Vamos a ver si haciendo trampas al solitario y metiendo peso en el platillo, logramos que la cruz de la balanza se incline a nuestro favor. Yo creo que sí. Querido amigo, te deseo de corazón un feliz 2012. Hasta pronto.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

PRESUNTO INOCENTE

      Ayer por la mañana concecté la radio en el coche -RAC1-, de camino al trabajo, y escuché a un tertuliano, doctorado en Harvard -poca broma-, afirmar lo siguiente: "la presunción de inocencia en España es poco más que un chiste". Palabras quizá algo gruesas, no digo que no, pero con las que estoy bastante de acuerdo, tengo que admitir. La presunción de inocencia (artículo 24 CE) es seguramente el derecho más invocado en los tribunales de este país, sobre todo penales, y objeto, sin duda, del mayor repertorio de jurisprudencia que se conozca, por encima de cualquier otro derecho. A estas alturas cualquiera puede recordar que dicho principio establece que todo ciudadano es inocente mientras que, a través de un proceso penal arbitrado con las debidas garantías, no se demuestre otra cosa. Solo y nada más que después de un juicio justo se le declarara culpable -o no- y en ese caso se le aplicará una sanción o una pena. Se trata pues de un derecho fundamental, igualmente incurso en la nómina de los principales derechos humanos (artículo 11 Declaración Universal de los Derechos Humanos).

        Pero es cierto que cada vez más a menudo dicho principio es absolutamente mancillado cuando a través de las notas de prensa o de cualquier otro medio de comunicación, se relata determinada situación judicial de una persona, de forma negativa y tendenciosa, y como modo de excusa más absolutoria para el narrador que para el afectado, se coloca el consabido"presuntamente". En este país, qué triste, sigue sonando con más fuerza el viejo adagio del "cuando el río suena..." que la mismísima y consggrada constitucionalmente presunción de inocencia. Son los prejuicios y los juicios paralelos, más ominosos y duros para el afectado, que incluso el propio proceso penal.

        Lo diré sin ambages ni paños calientes. Sencillamente, y dejando de lado el fondo de la cuestión -si toca, en su momento hablaré de ello-,  no me ha gustado en absoluto cómo la Casa Real se ha desquitado del ciudadano Iñaki Urdangarín -por mucho que ya sepa del asunto-, desterrándole de su entorno, no ya como medida precautoria, sino con la indisimulada acusación de "no mostrar una conducta ejemplar". Me parece una actitud completamente reprobable, primero, anticiparse al juicio penal (debemos recordar que al dìa de hoy, el Sr. Urdangarín todavía no ha sido ni tan siquiera imputado por ninguna conducta delictiva) con una acusación tan grave para la honorabilidad de una persona, y en segundo lugar, es igualmente censurable ese durísimo "escarnio público" al que se le somete, redoblando de forma inmisericorde una conducta que todavía está por descibirse. Si la Corona desea seguir ostentando la más alta magistratura del Estado por mucho tiempo, considero respetuosamente y con modestia que debería mostrarse todavía más escrupolosa con los derechos fundamentales de los ciudadanos. A lo mejor, quién sabe, debería pensar menos en sí misma y un poco más en aquello que representa.