
Me preguntan de vez en cuando si va a durar mucho más esta inacabable crisis. No tengo una bola de cristal, les contesto, pero saldremos de ella con toda seguridad y puede que antes de lo que nos parece ahora (el suelo más barato en Europa, los salarios más bajos, buenas infraestructuras y mejor clima y localización geográfica, a poco que nos estabilicemos políticamente...). Qué va a pasar con nuestros hijos, continúan interrogándose; ni idea, les respondo, pero yo en su lugar no abandonaría una clase de inglés por nada del mundo. De hecho, el que pueda deberá estudiar y pensar en inglés por encima de todo, no es ninguna novedad es cierto, pero lo novedoso es que ya lo vemos todos como una obligación inexcusable y eso que todavía no es una lengua oficial aquí -que algún dia lo será, sin duda ninguna-. La última de las consecuencias de esta implacable globalización es que nuestro radio de acción profesional -especialmente el de los jóvenes que suben, me refiero- sobre todo para aquel que tenga elevadas aspiraciones en ese terreno, se dilata y se expande hasta alcanzar nuestros confines. Superadas las barreras lingüísticas, y también las mentales -las que tienen que ver con los lazos familiares y sociales-, los chavales se sentirán casi como en casa en una patria mucho más ancha, pero también, a la vez, valorarán aún más las bondades y tradiciones de su patria chica -"
glocalización"-. A esos estados cegados a la realidad de los nuevos movimientos sociales a nivel global, no les iría mal tenerlos en cuenta e incorporarlos de alguna forma en sus estrategias de gestión y gobierno. Sólo aquellos gobiernos dialogantes, tolerantes con la diversidad y apegados a la transparencia lograran salir adelante ante la nueva sensibilidad que muestran estos nuevos ciudadanos.

Desde el punto de vista personal, desde luego que estos jóvenes ciudadanos del mundo ampliarán su esfera personal de conocimiento y tolerancia, su capacidad de adaptación les hará más fuertes y preparados, dispondrán de una rica mundología y un conocimiento más multidisciplinar. Desde el punto de vista social, su referencia familiar será más difusa y disgregada, la familia amplia casi desparecerá -el concepto de clan- y su indiviudalismo será más acusado y viajero. En nuestro caso, una generación entera repleta de profesionales volcará su rendimiento lejos de aquí - una derrota más de nuestros penosos gobernantes-, y no regresará hasta décadas más tarde para descansar en en su vejez. Por contra de lo que hasta ahora se sostenía, y de hecho estamos ya comprobando con satisfacción a nivel planetario, serán ciudadanos comprometidos, vigilantes y exigentes ante sus gobiernos y estados, cada vez más debilitados desde la forma tradicional de caracterizarlos. Conformarán un mundo más mezclado, más exigente, más preparado...pero, ¿un mundo más feliz?